La posibilidad la sugieren los editoriales de El Espectador, El Nuevo Siglo y El Tiempo, que tampoco descartan que el Eln arrecie sus ataques contra la población civil y la fuerza pública en retaliación por la baja de ‘Uriel’, el domingo pasado, en Nóvita (Chocó), en una operación de las Fuerzas Militares.

“Se trata de un triunfo contra uno de los principales obstáculos para un eventual proceso de paz con esa guerrilla”, considera El Espectador, y se pregunta si con la muerte del comandante del Eln en el Chocó se abre, de nuevo, la opción de romper el estancamiento de las conversaciones entre esa organización armada y el Gobierno.

Para este medio, si bien ‘Uriel’ no hacía parte de la jerarquía más alta del Eln, “sí se había posicionado a sí mismo, gracias a su manejo de redes sociales y de medios de comunicación, como una de las cabezas visibles de la guerrilla”, y seguía “en la terca defensa del secuestro y en la confrontación directa con el Estado”. Ese protagonismo, según expertos citados por el diario, “era uno de los obstáculos para avanzar en los diálogos con el Gobierno”.

Precisamente, “la relevancia y la visibilidad que había adquirido ‘Uriel’ en su rol de opaco líder de opinión le dan valor a la acción militar que terminó en su muerte”, sostiene El Tiempo, que reseña también la “oposición abierta” de este guerrillero “tanto a los diálogos de paz con el Gobierno como a iniciativas de la sociedad civil para que merme el azote del conflicto sobre los civiles”.

El Eln ha perdido, pues, a una importante figura, violenta y mediática, y el Gobierno ha logrado propinarle un golpe a esta guerrilla”, destaca este periódico. “Ante un hecho así no queda sino hacer votos para que en lugar de una baja más, estemos ante el detonante de un cambio de actitud en los integrantes del Comando Central. Un giro esperado por el país que conduzca a gestos de paz que faciliten un retorno a la mesa de diálogo”.

El Nuevo Siglo avanza en una comparación con lo que pasó con las Farc, pues recuerda que “uno de los aspectos fundamentales en el intenso y largo combate” a esa guerrilla “fue, sin duda, que tanto en los gobiernos de Uribe como de Santos se le asestaron a esa facción criminal sucesivos golpes a su estructura de mando”.

“[…] Es claro que el abatimiento de varios de los integrantes del llamado ‘Secretariado’ e incluso de su máximo comandante [Alfonso Cano] terminaron siendo determinantes para el debilitamiento táctico y estratégico de esa organización subversiva así como para convencerla de sentarse a la mesa en busca de una salida negociada al conflicto armado”, agrega.

Pero advierte que en la lucha del Estado contra el Eln “las afectaciones a su cúpula han sido muy pocas, en gran medida porque “la mayoría de los integrantes de su ‘Comando Central’ no están en Colombia sino que permanecen en Venezuela bajo protección del régimen dictatorial de Nicolás Maduro. También en Cuba”.

Desde esa perspectiva, el abatimiento de ‘Uriel’, para este periódico, “constituye […] uno de los golpes más duros asestados al Eln en lo corrido de este gobierno”. Y lo destaca aún más porque señala que ‘Uriel’ “perpetró toda clase de delitos” y era un “activo estructurador de milicias urbanas y promotor de acciones de vandalismo e infiltración de protesta social en ciudades así como del reclutamiento de menores” y era uno de los jefes subversivos “con más propensión a la exposición mediática”, e integraba “el ala más radical del Eln”, que “no solo se opone a la posibilidad de un proceso de paz sino que es partidaria de arreciar la guerra y el terrorismo así como de profundizar el secuestro, la extorsión, la minería criminal y el narcotráfico”.

Aunque ninguno de estos tres medios lo refiere, sí evocan con sus análisis el caso del abatimiento del máximo jefe de la guerrilla de las Farc, Alfonso Cano. Si bien las figuras de ‘Uriel’ y Cano no soportan prácticamente ninguna comparación, más allá de que fueron dos personas alzadas en armas contra el Estado, las reflexiones del expresidente Juan Manuel Santos sobre las razones que lo motivaron a autorizar que se diera de baja a Cano cobran vigencia.

En su libro ‘La batalla por la paz’, uno de cuyos capítulos más impactantes reprodujo Semana, Santos expuso las tres razones por las que ordenó dar de baja a Cano, pese a estar ya en negociaciones de paz con él. Dos de ellas fueron estimular la moral de la tropa y saber que tanto las Farc como el Gobierno eran conscientes de cuáles eran las reglas del juego: “Mientras no se pactara un cese al fuego y de hostilidades, era claro que la guerra continuaba y que todos, absolutamente todos –incluido yo mismo, como presidente, pues conocí de varios planes de la guerrilla para acabar con mi vida– éramos blancos”.

La tercera razón es la que llama la atención hoy en el caso de la muerte de ‘Uriel’: “Varios han cuestionado que se haya dado de baja al comandante más preparado que haya tenido las Farc, pensando que su condición de intelectual e ideólogo hubiera hecho más fácil la negociación. Esto no es necesariamente cierto”, escribe Santos en su libro.

Y para caracterizar a Cano, recoge un perfil de Semana: “Si Tirofijo era un campesino zorro, pragmático, y no un marxista convencido, Cano es un hombre de doctrina, inflexible y dogmático, bien informado, pero con más respuestas que preguntas. Un hombre que no ha cambiado sus ideas ni su discurso, cuya lectura de la realidad es la misma hoy que hace veinte años. Lo que en el movimiento comunista todos le admiran es exactamente lo que afuera se ve como un defecto: es un hombre que no cambia. Un inamovible”.