De Francisco, como muchos otros, vuelve a poner con su columna el dedo en esa enorme llaga que supura (y mucho) todos los días en las redes sociales debido a los usuarios que se lanzan al ruedo a hacer comentarios, pero con una desastrosa ortografía.

Y el pretexto de la columnista para ocuparse del tema es una anécdota precisamente en Twitter, en donde preguntó si los errores de puntuación son también ortográficos.

“Muchos me contestaron desde la consabida sabiondería tuitera con un contundente ‘si, si lo son’. Leer esos dos ‘si’ sin la tilde diacrítica que les corresponde me hizo dudar sobre la confiabilidad de su respuesta. Pero luego confirmé que, efectivamente sí, sí lo son”, recuerda De Francisco, con corrección.

Después de calificar de “cómico” el hecho de que la mayoría de los que tuitean creen tener buena ortografía, le dedica un apartado a las comas. “La RAE enseña que para el uso correcto de la coma hay veinte leyes con sus respectivas y sutiles especificaciones, algunas muy complicadas de diferenciar. Pero muchos, por el afán de dar nuestra ‘imprescindible’ opinión, le concedemos poca importancia a eso y dejamos que sea el lector el que se las arregle para descifrar lo que quisimos decir”.

Con solo esos dos comentarios relacionados con acentuación y puntuación, De Francisco consigue llamar la atención de nuevo sobre los pésimos textos (incluso de muy escasas palabras) que inundan las redes sociales.

Pero también lo hace, y tal vez con eso logra un mayor impacto, exaltando lo que para ella significa escribir bien: “En vista de que no puedo dar cátedra sobre esta materia, solo me permito hablar del goce estético que me produce leer un tuit o un mensaje de texto por WhatsApp prolijamente escrito”, dice.

Así, recoge la positiva sensación que experimentan miles (millones) al encontrar en redes textos bien redactados. Aunque no se queda ahí, sino que pone su análisis en una instancia superior, esa que plantea que un texto refleja incluso la personalidad de su autor.

“Me provoca un especial asombro alguien que redacta un comentario por medios informales siguiendo con rigor las reglas ortográficas. Soy proclive a esa forma de elegancia y a esa especie de microética que me sugieren las palabras bien tildadas y la meticulosidad de una perfecta sintaxis tan de la mano con el ritmo de las frases debidamente puntuadas”, dice De Francisco. “[…] Escribir mal no siempre es ignorancia por no haber podido ir al colegio, también puede ser una línea de la mediocridad y un gesto vulgar de la pereza”.