La revista divulga algunos apartes del informe y asegura que “el contenido reveló tantas cosas que provocó incomodidad y repudio”, y sugiere que, aunque hace un mes se decidió que fuera publicado, “tal vez permanece engavetado por la gravedad de los hallazgos que contiene“.

El documento habría sido elaborado en conjunto con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, en inglés) a partir de encuestas a 260 funcionarios que denunciaron desde casos de discriminación de género y sexismo casi sistemáticos hasta un posible intento de violación en los pasillos del alto tribunal.

En muchos casos se dice que las víctimas callan sus denuncias por la falta de conductos para canalizar sus denuncias, pero sobre todo por el ambiente de complicidad entre funcionarios, principalmente de altos cargos, que incluso suelen seducir a sus víctimas para luego imponer una ley de silencio bajo amenaza de arruinarles sus carreras.

Según Semana, son 12 casos, 3 de hombres y 9 de mujeres, aunque los victimarios son siempre hombres; unas veces compañeros de cargos similares a los de las víctimas, pero en otras de cargos superiores que aprovechan esa posición para acosarlas con propuestas que van desde ofrecimientos de citas, hasta insinuaciones de explícito contenido sexual.

Las víctimas predilectas serían las judicantes, o practicantes de derecho, de las cuales se aprovecharían incluso las empujan a entablar relaciones que, “aunque parezcan consentidas, son relaciones desiguales de poder”, dice uno de los testimonios citados por la publicación.

Todo esto se mantiene gracias al hermetismo de los implicados, pues solo un 4,4 por ciento de las personas que son objeto de estas conductas dijo haber denunciado lo sucedido, prosigue la revista. Esto no solo obedecería al temor de estropear su futuro, sino también por una profunda desconfianza en los conductos regulares existentes, ya sea porque las denuncias no terminan en nada o porque todo termina en una revictimización.

“El 37 por ciento no quería que nadie se enterara; el 33 por ciento no deseaba arriesgar el trabajo, y el 25 por ciento sentía vergüenza. El 14 por ciento pensó que no le creerían, un porcentaje igual no lo hizo por miedo; el 11 por ciento dijo no confiar en las autoridades y un 7 por ciento no sabía a quién acudir”, indica ese medio.

Uno de los testimonios citados en el informe, y reseñados en la publicación, involucra directamente a un togado: “El magistrado me dijo que fuera su novia, que él tenía un corazón muy grande y podía cuidarme y hacerme su magistrada auxiliar. Yo le respondí que estaba casada, que a mí no me importaba el cargo, y menos ser su novia”, contó una de las víctimas.

Sin embargo, la mujer dice que al contárselo a su jefe inmediato, él le expresó su apoyo, pero su denuncia finalmente nunca trascendió.