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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Sep 24, 2024 - 1:58 pm

Después de las elecciones del 28 de julio en Venezuela, en las que, de acuerdo con las actas que difundió la oposición, Nicolás Maduro fue rotundamente derrotado por Edmundo González Urrutia, hoy exiliado en España por la persecución del régimen, el mundo se empezó a preguntar por cuál sería la postura que asumirían los gobiernos de Colombia, México y Brasil, aliados de Maduro.

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Los presidentes Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva tomaron una actitud calificada por muchos como una estrategia para que el régimen de Maduro tuviera tiempo de consolidarse sin mostrar (como no lo ha hecho hasta ahora) las actas que respaldaran su supuesta victoria. A lo máximo que han llegado Petro y Lula es a exigirle que las publique, pero se abstienen de reconocer a González Urrutia como presidente electo de Venezuela, algo que ya ha hecho una buena cantidad de países.

El mandatario colombiano ha evitado referirse al tema de Venezuela, del cual se viene ocupando el canciller Luis Gilberto Murillo. El presidente Petro, incluso, evadió este martes responder preguntas sobre Venezuela en la sede de la ONU, en Nueva York, antes de su intervención ante el pleno de naciones.

Gustavo Petro habla de Venezuela ante la ONU

Sin embargo, en uno de los apartes de su discurso, apocalíptico como los que ha pronunciado en las oportunidades que ha tenido de dirigirse a este importante foro mundial, tocó a Venezuela y dejó perfectamente clara su postura frente al régimen. Los venezolanos dentro de su país, y los casi ocho millones que tuvieron que salir por la represión o por la crisis económica y social (de los cuales casi tres permanecen en Colombia), vieron las cosas, ahora sí, en blanco y negro.

Al asegurar que “el libre mercado no era la libertad, como decían, sino la maximización de la muerte”, y asegurar que el 1 % más rico de la humanidad es “la poderosa oligarquía global” que permite que “se tiren bombas a las mujeres, ancianos y niños de Gaza, de Líbano o de Sudán”, el presidente Petro tocó a Venezuela.

“O se bloquean económicamente los países rebeldes que no encajan en su dominio, como Cuba o como Venezuela, porque necesitan mostrar su poder de destrucción al 99 % restante de la humanidad para que los dejen seguir dirigiendo el poder del mundo y apropiándose, y acumulando cada vez más su riqueza”, dijo.

Así, quedó claro que para el mandatario colombiano el régimen que aprisiona a Venezuela no es ni una tiranía ni una dictadura, sino un sistema político que, como el de Cuba, clasifica como rebelde. Con ese rótulo, también reclamado por la Nicaragua de Daniel Ortega, al menos en esta parte del mundo, se restringen libertades y se conculcan derechos de los ciudadanos.

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Solo en la Venezuela “rebelde”, según la óptica del presidente Petro, permanecen hoy tras las rejas por motivos políticos más de 2.000 personas, y de muchas de ellas, como en el caso del opositor Freddy Superlano, no se sabe dónde están, y después de varias semanas de su secuestro (porque no hubo orden de captura y su defensa no tiene acceso a él) su familia no sabe dónde está ni en qué condiciones de salud permanece.

En esa misma Venezuela “rebelde” que ve el jefe de Estado colombiano fueron asesinados por agentes del régimen 25 personas, entre ellos, varios jóvenes, que participaron en las protestas que siguieron al momento en que, de manera ilegítima, los chavistas Consejo Nacional Electoral (CNE) y Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) adjudicaron la dignidad de presidente de la república a Maduro, sin mostrar las pruebas.

Fue una sola mención la que hizo el presidente Petro de Venezuela, pero suficiente. Silencia los crímenes del régimen y los justifica al elevar al nivel planetario las categorías antitéticas de pueblo y oligarquía. En la relación conflictiva que, en efecto, también debe existir entre ellas, se entendería que Maduro, investigado por la Corte Penal Internacional (CPI) y por cuya cabeza la justicia de Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares, tenga licencia para violar los derechos humanos.

Es diferente el rasero con el que el presidente Petro mide. Si las oligarquías de los países (ahora la oligarquía mundial) son las que reprimen, secuestran, torturan, desaparecen y ejecutan a sus contradictores, está muy mal. Pero si son los regímenes de izquierda los que cometen atrocidades contra sus pueblos, se trata de actos de rebeldía. Los derechos humanos no son relativos. Son absolutos y se trata de bienes jurídicos cuyos titulares son todos y cada uno de los seres humanos. Y su cumplimiento y observancia, si bien se debe exigir a quienes detentan el poder de manera democrática, con mayor razón a los que lo hacen de forma autocrática.

Todo el discurso del jefe de Estado colombiano estuvo enmarcado dentro de la catastrófica advertencia del fin del mundo. “La oligarquía global lleva a la humanidad a su propia extinción, y es para ya”, continuó el mandatario, y en otro de los apartes de su intervención dijo, como si estuviera arengando a sus seguidores en la Plaza de Bolívar de Bogotá: “Los pueblos del mundo debemos tomar las fuerzas de la mayor batalla por la vida de la historia humana. Esa batalla indudablemente es una revolución mundial. Necesitamos construir el mayor ejército de todos los tiempos, compuesto de guerreros y guerreras de la vida”.

Qué se sabe de la participación de Petro en una película

El presidente Gustavo Petro será el primer presidente en aparecer en una película. Ningún mandatario en ningún país del mundo usó su cargo para estar en un papel dentro de un filme, pero el mandatario colombiano sí lo hará. Se sabe que el presidente saldrá como un extra dentro de una de las escenas de la película que relata la historia del almirante Padilla, en la época de la descolonización, y que la película se graba con recursos público: una parte los entregó RTVC y la otra, el Ministerio de las TICS. Detrás de la película está la productora Valencia Producciones FX y hay varias personalidades del cine y la televisión colombiana involucrados en su realización. En total, la película tiene un contrato en el Secop firmado por casi 4 millones de dólares para su ejecución.

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