Señala a un hermano de su padre como el victimario. “Sentía su piel sudorosa y su aliento nauseabundo, mientras su mano se deslizaba por debajo de mi vestido, entraba en mis pantalones y me tocaba en donde mi mamá me había enseñado que nadie me podía tocar”, escribe Dávila en la edición impresa (1941) de la revista, que circula este domingo.

En su vívido relato, la periodista cuenta que hoy, 40 años después de que ocurrieron los hechos, le parece oír la “respiración agitada del tío”, y agrega: “Qué asco me produce ese recuerdo y, a la vez, qué dolor”.

Entre la bruma de ese atormentador recuerdo, no viene a su memoria claramente si alguien llegó al sitio en el que el tío abusaba de ella y tuvo que dejarla salir. “No sé si el depravado me iba a hacer algo más, lo cierto es que me hizo mucho daño”, agrega Dávila.

“Todavía me siento extraña reconociéndolo, y por primera vez soy capaz de contarlo públicamente”, dice, y asegura que antes solo guardó silencio y que el tío al que acusa “nunca respondió” por lo que le hizo, “quién sabe si atacó a otros niños o niñas”.

Eso sí, expresa una certeza: “Ojalá lea esto, porque nunca me pidió perdón. Nunca se arrepintió. Por fortuna, no recuerdo haberle dicho tío desde lo sucedido; siempre evité tenerlo cerca. Un ataque sexual jamás se olvida”.

El relato de Dávila, que recuerda inevitablemente el de la también periodista Claudia Morales, en 2018, cuando contó que había sido abusada por “un hombre poderoso”, se inscribe en el actual debate nacional sobre el tratamiento penal que se les deba dar a los abusadores de niños.

Por eso, afirma tajantemente: “Sí a la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores; sí, mil veces sí”, e invoca al presidente Iván Duque: “Aunque le digan que solo busca subir en las encuestas, no desfallezca, presidente Duque”.