Ambos manifestaron sus diferencias sobre el futuro del presidente sirio, Bashar Al Asad. Washington defiende su salida “de forma organizada”, mientras que Moscú insistió en los precedentes caos creados por la salida de “dictadores”.

“Hay un bajo nivel de confianza entre nuestros países. Las dos mayores potencias nucleares no pueden tener este tipo de relación”, declaró Tillerson en una rueda de prensa común con su homólogo ruso, Serguei Lavrov, tras haber sido recibido durante unas dos horas por el presidente Vladimir Putin.

“A pesar de la cantidad de problemas existentes, (…) existen perspectivas considerables de trabajar juntos”, aseguró Lavrov.

El artículo continúa abajo

Rusia está “abierta al diálogo con Estados Unidos, no sólo a dialogar sino también a una acción conjunta (…) en las áreas que correspondan en interés de ambos países”, añadió Lavrov.

El ministro ruso citó principalmente el “objetivo compartido de llevar a cabo una lucha implacable contra el terrorismo internacional”, nueve días después del atentado que dejó 14 muertos en el metro de San Petersburgo.

La visita de Tillerson a Moscú, la primera de un alto responsable de la administración estadounidense desde que Donald Trump asumiera la presidencia de su país, estuvo dominada por el conflicto sirio.

Los responsables de ambos países se enfrentaron en declaraciones en los últimos días sobre el presunto ataque químico en la ciudad siria de Jan Sheijun, y tras el cambio de posición del presidente estadounidense al ordenar el primer bombardeo contra el ejército sirio desde el inicio del conflicto, hace ya seis años.

Tras estos bombardeos, Moscú suspendió su participación en el acuerdo de prevención de incidentes aéreos en vigor en Siria.

“El presidente Putin confirmó estar dispuesto a restablecer” este acuerdo “a condición de que nuestro objetivo común sea la lucha contra el terrorismo”, señaló Lavrov.

Con AFP

LO ÚLTIMO