En diálogo con el diario The Guardian, Tiger contó que a mediados de enero empezó a sentir dolor muscular y que por ello pensó que tenía un simple resfriado, por lo que fue a una droguería y compró medicinas sin prescripción médica.

El joven además señaló que su casa y la escuela de idiomas donde estudia japonés están masomenos a 5 kilómetros del mercado de animales de Wuhan (lugar que sería el epicentro del brote), pero que a pesar de ello no sabe cómo se contagió, indica el mismo medio.

Días después a que sintió el dolor muscular generalizado empezó a llevar tapabocas a la escuela porque la mayoría de gente que veía en la calle lo hacía. Esto, tal vez, evitó que él contagiara del Covid-19 a otras personas, pero para él no fue solución porque ya estaba contaminado, señala el rotativo inglés.

Fue hasta el 21 de enero, 4 días después de los primeros síntomas, que empezó a sentirse mal y la fiebre ya hacía presencia en su cuerpo, aunque no estaba muy alta. Sin embargo, la mamá de Tiger no se confió y le dijo que si en la noche no le pasaba, irían al hospital.

“A las 11 de esa noche la fiebre no se me había pasado, así que fui al hospital de Tongji… Apenas llegué vi que el hospital estaba sobrepasado de pacientes. Al ver a los médicos con sus trajes de protección por primera vez en la vida real, algo que antes solo había visto en documentales sobre el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), comprendí que estaba pasando algo malo”, dijo el joven chino a The Guardian.

Al ver que estaba muy lleno el centro médico de Tongji, decidió ir a practicarse exámenes al centro especializado en pulmones de Wuhan. Allí comprobaron que “había sombras irregulares” en la parte inferior de los dos pulmones y que por propia cuenta se puso en cuarentena porque para ese momento los kits de análisis para saber si alguien tenía coronavirus o no estaban controlados por un comité de expertos, explica ese diario.

Su habitación era perfecta para la cuarentena. Tenía baño propio y solo abría la puerta cuando su abuela, con tapabocas, le llevaba la comida en platos desechables, que fueron tirados a la basura segundos después de que eran utilizados.

El 25 de enero los síntomas se agravaron. La tos era “muy seca con un poco de flema amarilla”. Por esto volvió al hospital y allí le confirmaron que la infección se había extendido a los pulmones enteros. Esa fue la primera vez que le dijeron que era un caso sospechoso de coronavirus, informa el medio inglés.

Tenía fiebre muy alta y dolores que me torturaban cada centímetro del cuerpo. Pasé los días mirando animé japonés para distraerme del malestar”, expresó Tiger en otra entrevista con la revista Time.

Afortunadamente y gracias a los medicamentos que le aplicaron se mejoró de un momento a otro: “La fiebre se había pasado. Sentí que había ido al infierno y había regresado. Ese periodo, del 21 al 26 de enero, fue el peor momento. Tosí tanto que el estómago y la espalda me quedaron adoloridos. Fueron algunos de los peores días de mi vida”, agregó a The Guardian.

El 4 de febrero, una tomografía mostró que los pulmones habían mejorado y que por ellos era el primer días en semanas que había dejado de toser. Ese mismo martes le practicaron el examen de coronavirus y dio negativo, lo que confirmaron con otro análisis, 3 días más tarde, publica el rotativo británico.