A primera vista, podría parecer algo frívolo porque el COVID-19 es una realidad que está matando gente y los tiempos no están como para hacer comparaciones. Pero el coronavirus también traerá consigo una realidad política. El manejo que le den los gobernantes a la crisis a la postre les dejará inevitablemente réditos políticos. Así no los busquen.

Ya una encuesta, la de Datexco, reveló al comienzo de la crisis por el coronavirus que Duque había recibido dos puntos de oxígeno, pues su imagen desfavorable pasó del 70 % en diciembre pasado al 68 % en marzo de este año. Habrá que ver otros sondeos más adelante qué datos arrojan.

La pandemia llegó a Colombia y no se puede ignorar como lo han hecho varios gobiernos, advierte, por ejemplo, Alfonso Carvajal en su columna de Semana, en la que critica a los presidentes de Estados Unidos, Brasil y México.

Del de Brasil, Jair Bolsonaro, dice que “vive en otro planeta” porque “sigue insistiendo en que es una simple gripa y que hay un pánico exagerado. Está en un juego peligroso. Los casos en Brasil aumentan exponencialmente y el mandatario se burla de ellos”. Pero Carvajal subraya que la mayoría de los gobernadores de la región “no le creen y han adelantado su propia política regional”.

Del de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), este columnista asegura que “es incluso peor” porque es un “presidente populista” que “no le cree a la pandemia” y pidió a los mexicanos seguir saliendo para “llevar a la familia a comer, a las fondas, porque eso es fortalecer la economía familiar, popular”.

Y de Trump descalifica el hecho de que busque “que la Pascua sea un renacimiento”.

En medio de ese panorama regional, Carvajal destaca lo que ha hecho Duque, que “se fue por otro camino” y “optó por lo radical. No era una decisión fácil”. “De aplaudir el presidente Duque, que no comió cuento y no se dejó persuadir”, agrega Carvajal, para quien “el viernes 20 de marzo en la noche nació un nuevo presidente. Dejó atrás el estilo dubitativo y sin norte”.

“Duque entendió que el mundo no espera acciones ‘mediotintas’. No es una crisis pasajera; posiblemente es la peor en 100 años. Para el gobierno de Duque no hay nada más. Es una crisis 24/7 con un final incierto. Se necesitaba de su liderazgo, el mismo que se caracteriza por el trabajo en equipo”, sostiene Carvajal.

Muni Jensen, en El País, de Cali, suma a la lista de mandatarios que han tomado el problema con ligereza al primer ministro británico, Boris Johnson, que resultó contagiado y en cuyo país “se duplican los casos cada tres días”, pero también les dedica unas líneas a Trump, Bolsonaro y AMLO.

“Trump promete que Estados Unidos, el país con más contagios del mundo, estará ‘abierto’ nuevamente el día Domingo de Resurrección. Su propio equipo lo trata de silenciar. Jair Bolsonaro arma una campaña nacional para que la gente regrese al trabajo, argumentando que a los brasileños nunca les da nada. Los gobernadores protestan. López Obrador empuja a los mexicanos a vivir la vida como si nada. La gente se encierra en sus casas”, resume Jensen.

Dedica también unas líneas al presidente chino Xi Jinping, de quien dice que “parece haber capoteado lo peor del horrible aguacero en su país” y a la alemana Angela Merkel, “aislada después de que su médico salió positivo, [y] pronunció su primer discurso de emergencia nacional en sus 14 años de mandato”.

En medio de esos casos, Jensen destaca a Iván Duque y Martín Vizcarra (presidente de Perú) que “cerraron fronteras e impusieron restricciones y rápidamente armaron equipos de trabajo dentro de sus gobiernos para hacer más eficiente la gestión de salud”.

Para esta columnista, Duque y Vizcarra “son muestra de sensatez en el manejo delicado entre el peligro de contagio y las consecuencias del aislamiento, frente al hambre y la pobreza. Mayor mérito cuando operan en un vecindario donde la democracia no existe o no es suficientemente sólida”.

Advierte que, más que nunca antes, “el carácter y liderazgo de los mandatarios mundiales está en vitrina. Sus aciertos y desaciertos aparecen a diario en primeras planas y redes sociales en tiempo real, descubriendo flaquezas, inconsistencias, y dudosas intenciones. Las maniobras políticas y las triquiñuelas electorales se descubren al minuto. Con más de medio mundo en casa leyendo y viendo noticias, no hay cómo esconderse. Los titubeos se magnifican, y la descoordinación brilla. Un público incrédulo y asustado es el más agudo filtro”.

Y cierra su columna con una lección que viene dejando el manejo de la crisis, especialmente entre los líderes que la enfrentan con mayor acierto. En ellos, asegura Jensen, hay elementos en común: “El sentido común, la compasión, la claridad en la comunicación, la sobriedad y la ausencia de pánico. La capacidad de explicar con claridad y detalle la situación y las medidas a seguir”.

Además, “incluyen en el manejo de crisis la necesidad de involucrar a toda la sociedad en la solución, y la capacidad de explicar que la situación es cambiante y las medidas también lo serán. De esta forma, y con distintos estilos, estos líderes tradicionales y emergentes pueden no solo salvar vidas sino sostener en lo posible la economía de sus países y el orden durante los peores días. Son los encargados también de compartir las buenas noticias, las luces de esperanza, los pequeños progresos. Ojalá contagien de sus buenas prácticas a los irresponsables que defienden solo sus puestos y sus propios intereses”.

Claro que otros columnistas como María Jimena Duzán ponen en duda la capacidad de Duque en esta crisis. “¿A qué le temo? Pues a que por falta de un liderazgo presidencial –eso tenemos que aceptarlo, así nos tachen de apátridas– terminemos adoptando medidas autoritarias que puedan afectar las voces de la ciudadanía, de la oposición y de los periodistas que utilizan la libertad de expresión para cuestionar las medidas que se toman, un derecho que desde ya empieza a ser considerado por cierto discurso uribista como una afrenta al poder presidencial”, escribe en Semana.