Brandon Rivera es oriundo de Zipaquirá, de metas espigadas y convicción inquebrantable. Hoy su rigor y esfuerzo lo han llevado a pedalear sobre suelos europeos. Al momento de esta entrevista, se encontraba viviendo uno de sus grandes sueños: competir en una nueva carrera de ruta por Europa junto con un equipo de categoría UCI WorldTeam. Llegar allí no ha sido fácil; su carrera fue una montaña rusa de emociones, pero no cabe duda de que “la ha sudado” para llegar a donde está.  

En agosto, durante el Giro de Emilia, una de las carreras de ruta más importantes de Italia, Emilia-Romaña recibió a Brandon y al Team Ineos con los brazos abiertos. Nadie le hizo disipar la sonrisa que llevaba en su rostro, de oreja a oreja. Quien lo viera, podría asegurar que no hay ni un segundo en el que pueda percibir la seriedad, tal vez, la concentración, pero ni eso le quitó la dicha que brotó desde sus adentros. Lo que estaba viviendo era la causa y el efecto de tal entusiasmo.

Humildad y pasión

Su voz se escucha manceba y suave, pero su actitud emana agradecimiento y madurez. “He sufrido y he luchado para llegar aquí, pero he perseverado y ahora solo sufro sobre la bici, el único sufrimiento que me agrada sentir”. Es sencillo, se viste como un joven normal de su edad: el jean entallado al cuerpo y una camisa negra; no es pomposo y siempre lleva sus gafas para leer. Su impavidez es envidiable, lleva la vida con serenidad y se puede notar su seguridad porque siempre sostiene la mirada. 

Natalia Arévalo, su amiga de infancia, lo recuerda como un hombre dócil y modesto, siempre atento a cualquier petición de familiares y amigos. “En todo momento fue muy caballeroso, el respeto siempre estaba por delante”. Además, expresa la dedicación y el empeño que le aplicaba al ciclismo, pues no había día que no saliera a entrenar. “Él estaba casi obsesionado”, afirma entre risas.

Es la esencia que lleva desde niño, aquel que tuvo una visión demasiado clara sobre su futuro y desde entonces no ha parado de batallar para que sus esfuerzos germinen en premios y podios. Brandon Smith Rivera Vargas se enamoró del ciclomontañismo a temprana edad y no ha dejado de conquistarlo. Empezando su gran sueño en el Instituto de Recreación y Deporte de Zipaquirá, al cual agradece por el apoyo. Pero lo que le esperaba era aún más grande.

“Siempre fui muy entregado en cada aspecto de mi vida y me ponía metas altas para cumplir”. Su familia no tardó en darse cuenta de aquella codicia y ese tesón que lo empujaban. Brandon solía irse a entrenar con una cicla pequeña que llevaba ruedas atrás, hasta que su tío le regaló una ‘bici’ de esas para hacer “mandados” y aun así le iba bien. 

Rivera recuerda esa impulsividad por triunfar a como diera lugar, cuando de niño salió de su casa y solo le dijo a su abuela que “se iba para una válida en Cogua”.  En ese tiempo ella no entendía el significado de una “válida” y simplemente lo dejó ir. Cuando Brandon llegó, doña Mercedes lo vio con un trofeo en la mano. “Ella se puso histérica, me dijo que de dónde había sacado esa vaina”, resulta que había ganado el tercer lugar de la válida, pero ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. 

Cuando su trayectoria aún era incipiente, sufrió una lesión en la muñeca, su abuela y su madre se preocuparon y pensaron que lo mejor era que se retirara, a pesar de esto, nada hizo que Rivera quitara su mirada del ciclismo. Llegaron los días difíciles, su cicla empezó a deteriorarse y el dinero escaseaba; no hubo más remedio que parar por unos meses. Sin embargo, su abuela no se resignaba a que esto sucediera y consiguió un préstamo para comprarle una bicicleta nueva a su nieto, convirtiéndose en su salvadora, su sostén y su ángel protector.

Brandon intuía que aquellas señales que no permitían que desistiera de aquel mundo prometedor se convertirían en las mejores experiencias. Vio la luz y fue consciente de que la vida le compensaría cada uno de los tropiezos y así emprendió un camino largo. Sin embargo, el tiempo transcurría y su abuela ya no podía continuar financiando sus competencias, ya que Brandon empezaba a tener gran acogida y los recursos económicos ya no daban para el ascenso que estaba tomando su carrera. Pero su poder mental y la superación personal no dejaron que nada lo obstaculizara.

Principio de logros

A su vida llegó Pablo Mazuera, su nuevo manager en el equipo Specialized Tugó, en el que se convirtió en coequipero de su amigo del alma desde los nueve años: Egan Bernal, quien recibió apoyo de la fundación Mezuena. Specialized Tugó fue un equipo que vio crecer a dos grandes: Brandon y Egan, motivados siempre por el deseo de superar al otro; la fundación los acogió y le apostaron a su talento.  

En una entrevista del 2019, Pablo Mazuera recordaba los primeros pasos de contienda en la que ambos eran partícipes: “Brandon le ganaba a Egan, se daban muy duro. Eran como amigos y rivales, porque los hacía mejorar a ambos. Se daban mucha leña”. Brandon y Egan salían todos los días a montar cicla a Salinas, en Zipaquirá, habían formado un vínculo muy valioso; su amistad los había hecho crecer como personas. 

Durante su tiempo como ciclomontañista prejuvenil y juvenil en el equipo de Pablo Mazuera, comenzaron a llegar los frutos de un inagotable esfuerzo. A Rivera le surgió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Nanjing, China, en el año 2014. La emoción de viajar le explotaba el pecho y cuando su abuela se enteró le dijo: “Podrá ser difícil por ser mundial y ser un olímpico, pero no imposible. Vaya con la idea de que usted es el mejor y va a ganar”. Brandon admite que durante la carrera hubo instantes de flaqueza y de debilidad en los que tenía miedo de que le recortaran puntos. Sin embargo, ganó la medalla de oro.

El apoyo de Mercedes Benítez, su abuela, o “Lita”, como le solía llamar Brandon, fue indispensable. “Ella no solo me ayudó en el ciclismo, sino también en la vida, me dio valores, me enseñó cómo vivir, cómo ayudar a la gente, a ser responsable y disciplinado”. Mercedes fue la responsable de criarlo y educarlo.

Épocas tormentosas

Lastimosamente llegó la tempestad; Brandon tenía la moral por el piso. Deportivamente todo se derrumbó, se había lesionado la rodilla y para rematar le diagnosticaron pubalgia (inflamación de los músculos rectos anteriores del abdomen). Estaba desorientado, por no decir derrotado. Esta vez no había más remedio que dar un paso al costado. Por más que sus ubérrimas ansias de salir adelante le susurraran al oído, seis meses de recuperación le esperaban en casa. Los altibajos aparecieron y la sensación de que nadie daba un peso por él, también.

“Fueron años bastante duros, pero ese año en particular fue uno de los peores. Pero nada… mi abuela siempre estuvo ahí apoyándome y ni hablar de Egan, que siempre me decía que no me bajara de la cicla; ellos fueron mis principales motores de aliento”.

Pero las cosas aún no le salían como él quería o esperaba; ya ni las competencias se le daban. Brandon entró en depresión. La noticia menos esperada llegó, su abuela se enfermó, le dictaminaron cáncer de cuello uterino. A pesar de los malos tiempos, su amigo Egan nunca le soltó la mano y nunca dejó de apoyarlo.

El renacimiento de un grande 

Después de una larga recuperación, Brandon pudo entrar al equipo GW- Shimano, en donde pudo recuperar la fe y dar grandes saltos de victoria. Durante su estadía en el equipo, fue campeón panamericano contrarreloj en México y ganó una etapa de la vuelta Colombia. Mientras tanto, su abuela, desde el hospital, con orgullo lo veía triunfar, con la “berraquera intacta”.

Detrás de todas estas victorias y el desempeño impecable que estaba atesorando Brandon, había una persona que siempre lo apoyaba en todo momento y estaba maravillado de su esfuerzo: era Victor Hugo Peña, exciclista profesional colombiano. “Poquito a poco fui recuperando esa autoconfianza y la seguridad que en esas malas épocas uno pierde”.

El Team Ineos le dio la oportunidad de ligar esa disciplina que lo caracteriza con el talento del equipo y le apostó a su talento. En noviembre del 2019, Dave Brailsford, mánager del equipo, le ofreció a Brandon ser integrante de este por dos años. Brandon, sin pensarlo, aceptó y firmó contrato. Brandon, el “muchachito” de 23 años, lleva la gratitud en el hablar y en la mirada, dice que en esta nueva etapa está abierto a recibir lecciones de sus compañeros y, sobre todo, a aprender de ellos.

Sin embargo, las malas noticias también llegaron, un inmenso dolor sucumbió en los lugares más profundos de su alma. Doña Mercedes, su “Lita”, había fallecido a causa del cáncer de cuello uterino. “A mi Lita la recuerdo con mucha felicidad; ella creyó en mí cuando nadie más lo hizo y gracias a ella estoy donde estoy”. Rememora ese día con los ojos enlagunados. Ahora, cada vez que sube a la cicla siempre piensa en su abuela, en dar todo por ella y enorgullecerla desde el cielo. 

El Team Ineos le ha suministrado las herramientas para seguir luchando con esa actitud corajuda. Hoy está cumpliendo uno de sus grandes sueños, no puede sentirse más dichoso y lo comparte con su familia, quienes han sido su motor de vida y la razón por la cual nunca se baja de la cicla, pues “el camino hacia el éxito está pavimentado de fracasos”, como dijo Walter Baltazar.

Brandon es un gigante que no se deja derrotar, su tenacidad es el ímpetu de su pedal y es la leña que mantiene vivas las llamas de superación. Esta etapa de su vida es una semilla más de las que ha cultivado a lo largo de su proceso, que, sin duda alguna, son resultado de un ramillete de triunfos y promesas. Su resiliencia es la admiración de los que son testigos del cogollo que lleva adentro. ¡Zipaquirá lo vio crecer, pero hoy un mundo entero lo ve triunfar!

Autora: Gabriela Rincón Álvarez

*Estas notas hacen parte de un acuerdo entre Pulzo y la Universidad de la Sabana para publicar los mejores contenidos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo. La responsabilidad de los contenidos aquí publicados es exclusivamente de la Universidad de la Sabana.