Regresó caminando y moviendo sus caderas al ritmo de la música, mientras sus otros amiguitos, de su misma edad, 8 años, la esperaban para danzar con ella.

Para.

Esta historia no es real, pero ¿te imaginarías que lo fuera? Es lo que podría pasar si nosotros los padres seguimos permitiendo que nuestros hijos pequeños escuchen y disfruten de los altos voltajes de algunas canciones del reguetón.

Y claro, es de los géneros más bailados, más sonados y más buscados actualmente. En mi caso, lo bailé hasta quedar a pie limpio y con ardor en la planta de los pies. Conocía todas las letras de sus canciones. Parecía la tal Siri o Alexa, que todo lo saben. Era escucharlo y, sin discriminar día de la semana, mi cuerpo parecía un esqueleto andante en modo ‘viernes total’. Vaya época universitaria.

Este año, este género está cumpliendo 18 años de vida en Colombia. Ya es todo un ‘mayor’. Aunque siempre lo ha sido. De niño o niña no tiene nada. Nació maduro y cada vez más evoluciona, siendo casi ya la realeza musical en sus escasos casi 20 años.

Es explosivo. Sediento de delicadeza y empoderado en un lenguaje que no atiende la discreción. Fusilante al corazón, que te lleva derecho a la cama sin preguntarte cómo te llamas; que te mete, te saca, te empuja y te lleva a donde quieras. En él, los chicos de la poesía no existen.

Cuando nacieron mis hijos, obviamente las rondas infantiles pasaron a ser las más escuchadas de nuestras listas. Sin embargo, algunas veces, dábamos un giro a las de los padres, donde se encontraban algunas canciones de reguetón de bajo voltaje, para no electrocutarnos.

Mi hija estaba pequeña. Entonces no comprendería el significado de perreo, hasta abajo, dale, acércate, se entrega. Pero, de nuevo me equivoqué como mamá. Un día, ella me dijo: “te ves sexy mami”. ¿De dónde sacas eso, hija? -le pregunté-. “De las canciones que escuchas mamá” -Me respondió-.

Viví en carne propia lo que dicen: que los niños son esponjas súper absorbentes creyentes fervorosamente en que lo que hacemos los papás está perfecto. Desde ese día comprendí que no estaba bien exponerla a esa clase de música de adultos con candentes palabras que, a la final, no comprendería su significado.

Estos temas musicales son para los niños como películas matemáticas con exponentes al cuadrado en cálculos aritméticos ponderados y descomposición factorial en números complejos imaginarios y radicales con n potencia.

Veamos:

“Hoy hay Noche de sexo porque bajo las Sábanas vive Provocándome y al final Mi cama huele a ti. Pero Suena el Teléfono y dile Atrévete te te eres mi Pobre Diabla que le gusta la Gasolina, ven a mi Pasarela para Tocarte Toa mi Gata vanidosa. Así, Sin ropa sin toalla, porque En la cama todo lo que quieres, así que es la hora de la Bajaera de panties.”

Definitivamente es innecesario exponerlos a una hipersexualidad temprana. Papás, hagan el esfuerzo de abstenerse a escuchar esta música ante sus hijos, en especial las de palabras no apropiado, de alto voltaje. Tengan una lista selectiva de este sonoro y pegajoso género, pero con las que usted crea acertado que ellos puedan escuchar.

No se trata de ocultarles la existencia de ellas ni de prohibirles, pero sí de no promoverlas en casa y de explicarles, abiertamente, las razones por las cuales esa música no es para niños.

En un artículo publicado en Efe, una sicóloga explica que entre los 2 y 7 años los niños aún no tienen la capacidad para manipular información o poder concluir si una canción es favorable o desfavorable para ellos.

“Ello empieza a cambiar entre los 7 y 12 años, cuando los niños utilizan la lógica para llegar a conclusiones válidas en situaciones precisas, específicas, delimitadas y bien definidas, aunque aún requieren de ayuda de un adulto o de un ambiente formativo para entender la información del entorno”, afirmó la sicóloga al medio de comunicación.

Puntualiza que es solo hasta los 12 años cuando “un niño tiene la capacidad para entender que el reguetón corresponde a una expresión artística y personal, dirigida a un público definido”.

Darles herramientas que comprendan que los términos usados y los movimientos de los cuerpos no son apropiadas para su edad. Con este tipo de acercamientos es que comienza, probablemente, una etapa de maduración viche que a futuro pueda convertirse en invitación temprana a la sexualidad, posibles embarazos tempranos, abusos sexuales entre amigos, promiscuidad y nulo respeto hacia su propio cuerpo.

Enseñémosles los valores de la discreción, de la protección y del pudor, por lo menos mientras están en nuestra crianza. No a las fiestas infantiles con música amenizada con fuertes letras del reguetón. No a las clausuras escolares con bailes con reguetón. No a los videos musicales que incluyan reguetón.

Es hora de que los niños vuelvan a las rondas infantiles y que canten Los Pollitos; que coman Arroz con leche o Agua de Limones, que viajen en El puente está quebrado. Que conozcan a Samy el Heladero, al muñeco Pin Pon, a la Vaca Lola y a la Gallina Turuleca.

Eso sí, como en el reguetón, que se vayan a la cama, pero solamente con el Ángel de la Guarda y Estrellita dónde estás.

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*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.

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