Los rostros de la Reforma Agraria: relatos de los históricos resultados de entrega y formalización de tierras

Los rostros de la Reforma Agraria: relatos de los históricos resultados de entrega y formalización de tierras

La Agencia Nacional de Tierras (ANT) se creó en 2015 para consolidar las acciones que le corresponden al Estado con la implementación del Acuerdo de Paz y los retos del posconflicto con el campo.

Garantizar el acceso a la tierra para las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas, darles seguridad jurídica sobre esos terrenos y promover sus usos productivos en función de la seguridad alimentaria propia y del país ha sido un enorme reto para la ANT; que tomó mucho protagonismo durante el Gobierno de Gustavo Petro.

A la fecha, Felipe Harman, actual director de la Agencia Nacional de Tierras, ha liderado la formalización de más de 1.200.000 hectáreas y la adquisición de 428.034 hectáreas destinadas a campesinos, comunidades afrodescendientes e indígenas. Además de la constitución de 13 Zonas de Reserva Campesina (ZRC), de las 19 que tiene el país. 

En cuanto a las otras comunidades, el Gobierno Nacional ha constituido en dos años 176 resguardos indígenas y ha logrado la titulación colectiva de 76 comunidades negras.

Uno de los predios que tuvo ese problema fue la finca Calandaima, de 1.175 hectáreas, usada para negocios ilícitos que acrecentaban el conflicto en la región. La Agencia Nacional de Tierras la compró como parte de la Reforma Agraria y la entregó a más de 200 familias del Movimiento de Trabajadores, Campesinos y Comunidades del Cesar (MTCC).

Los beneficiarios lograron transformar un terreno abandonado en uno productivo lleno de cultivos de maíz, yuca, plátano, papaya, ahuyama y cítricos. La resignificación de esas tierras se refleja hasta en el nombre, pues ahora la llaman finca Nuevo Amanecer.

“Adjudicarnos la tierra fue un logro que nos ayudó a soñar más a fondo. Tuvimos miedo de que nos sacaran, pero no, ya con la titulación del terreno ya tengo un futuro para mis hijos”: Lilibeth Pedroso, campesina y beneficiaria de la entrega de tierras.

“Nosotros siempre habíamos trabajado, pero en tierras ajenas; no teníamos la oportunidad de tener un terreno propio y ya ahora, gracias al señor, podemos decir que es nuestro”:  Dianis Gutiérrez, campesina y beneficiaria de la entrega de tierras.

Por ejemplo, en el sur de Bolívar, a más de 500 kilómetros de la turística Cartagena, está ubicado el municipio El Peñón, donde decenas de campesinos fueron víctimas de despojo por parte de grupos armados. En jurisdicción de ese municipio está ubicado el corregimiento de Buenos Aires, donde además se encuentra la Hacienda Las Pavas, un terreno de 2.661 hectáreas conformado por 14 predios.

123 familias campesinas ocuparon esos predios cuando el dueño los abandonó, pero años más tarde fueron desplazados por paramilitares del Bloque Central Bolívar. Cuando las AUC se desmovilizaron en 2006 los campesinos volvieron a ocupar la hacienda, pero esta vez entraron en un conflicto con empresas palmeras.

Años más tarde, el terreno es reconocido como apto para la Reforma Agraria y es allí cuando la Agencia Nacional de Tierras lo devuelve a los beneficiarios, pero otorgándoles los títulos de propiedad. Esta vez, las familias volvieron para quedarse y asegurar su subsistencia a través de cultivos; varias de ellas nos contaron su historia.

Entre los predios que recuperó el Estado de Mancuso está la finca Costa Azul, ubicada en la vereda Las Lomas, de Montería, con una extensión de 114 hectáreas. La Agencia Nacional de Tierras se la compró al Fondo de Víctimas y se la adjudicó a familias campesinas sin tierra. El proceso de este predio tiene la particularidad de contar con un enfoque de género, pues las beneficiarias son mujeres cabeza de hogar que hoy construyen proyectos productivos de economía popular y aportan a la seguridad alimentaria del país.

“Fue una de las fincas con la que se inició la Reforma Rural Integral. Fue entregada a 19 mujeres. Logramos volver a las raíces campesinas, tecnificamos la parte agrícola y queremos darles el aprovechamiento que se merecen estas tierras, luego de tener la bendición de ser beneficiarias de ellas. Nos cambió la vida”: Marquela Oquendo, beneficiaria de entrega de tierras.

“Yo pedía un pedazo de tierra donde pudiera trabajar y tuviera estabilidad con mis hijos. Me tocó ser mamá y papá porque el Bloque Córdoba de Mancuso mató al esposo mío. Me llamaron que era beneficiaria de una tierra cerca de Montería y no lo creía. Yo estaba pasando por un cáncer, pero cuando me entregaron empecé con más fuerza y lo logré. Me siento bien y puedo trabajar”: Gleibys Jiménez, beneficiaria de entrega de tierras.

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