Según The Daily Beast, la lealtad de Trump hacia Flynn no se ha modificado a pesar del escándalo, y los dos siguieron en contacto a pesar de que la comunicación entre ambos podría verse, potencialmente, como un intento de la Casa Blanca por interferir en una investigación federal.

La mejor prueba del aprecio de Trump es que espera encontrarle un lugar a Flynn, que se vio obligado a renunciar en el pasado mes de febrero debido a las acusaciones que lo señalaban de haber mentido sobre las reuniones que sostuvo con miembros del gobierno ruso en el período de transición (antes de que Trump se posesionara), añade Independent.

Un funcionario de la Casa Blanca aseguró:

Trump se siente muy mal por haberlo despedido, y genuinamente cree que si la investigación termina, Flynn puede regresar”.

Sin embargo, a juzgar por las declaraciones de Michael Ledeen, amigo de Flynn, parece que el exmilitar no estaría muy dispuesto a aceptar. Ledeen aseguró que en realidad él no quería ocupar el puesto como jefe de seguridad nacional. “Él no quería estar en el gobierno, él quería regresar a la vida privada”. Sin embargo, cedió luego de que Trump se lo pidió.

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La jugada de Trump sería, a todas luces, extraña, ya que desde que Flynn abandonó su cargo, han aumentado las sospechas de que, en efecto, Rusia pudo haber influenciado en las elecciones presidenciales de 2016. Además, nueva información revelada mostró que Flynn le había dicho al equipo de Trump que él estaba bajo investigación por representar intereses del gobierno de Turquía aun cuando estaba en la campaña del entonces candidato republicano. Sin embargo, lo contrataron.

Además, Flynn está en medio del otro escándalo por el que atraviesa Trump, ya que según los memorandos escritos por el exdirector del FBI James Comey, el presidente le pidió que archivara la investigación contra su exjefe de seguridad. La solicitud es vista como una obstrucción a la justicia, de manera que no se sabe qué está pasando por la cabeza del mandatario estadounidense.

La llegada de Petro a la Casa Blanca

El presidente Gustavo Petro llegó este martes 3 de febrero en la Casa Blanca con un objetivo puntual: reiniciar la relación con Donald Trump y dejar atrás el clima de tensión que marcó los primeros meses del vínculo entre ambos gobiernos. Este fue el primer encuentro y posiblemente el único cara a cara entre los dos mandatarios. Cabe resaltar que la reunión se da tras una llamada telefónica inesperada el pasado 7 de enero, en la que acordaron verse en Washington. Desde entonces, tanto Petro como Trump han bajado el tono en público, conscientes de que una confrontación abierta no beneficia a ninguno.