De acuerdo con France 24, Alvarado vive al oeste de Caracas y cada vez que hay manifestaciones en contra de la dictadura, cruza la ciudad y alza su voz de protesta con una bandera en una mano y con una caja de madera, donde están las cenizas de su hija Francesca, en la otra.
La pequeña tan solo vivió 5 horas y falleció debido a que no había medicinas en el hospital donde nació. Esto ocurrió hace 2 años, pero Gonzalo lo recuerda como si hubiese sido ayer:
“No había anestesiólogo de turno, el partero no tenía bisturí para hacer la cesárea, no había neonatólogo que se trasladara a la capital y la ambulancia no estaba prestando servicio por falta de frenos. Para completar, necesitaba unos guantes que el camillero me estaba vendiendo a un precio que no podía pagar en ese momento”, dijo al medio francés.
Su principal objetivo cada vez que sale a marchar es que se logre entrar la ayuda humanitaria que el régimen de Maduro evitó que ingresara por Colombia y Brasil, el pasado 23 de febrero.
Aunque Nicolás Maduro aprobó la semana pasada la recepción de ayuda a través de la Cruz Roja, para Gonzalo Alvarado no es suficiente, pues según dicen se esperan recibir medicinas, pero no insumos médicos.
“Se habría evitado la muerte de mi hija y de muchos bebés y personas de la tercera edad. Se evitaría mucho. De hecho para eso fue creado el sistema de salud, para evitar muertes y aquí no se evita. Aquí simplemente se propaga la muerte, y no hay quien la frene”, añadió el afligido hombre.
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