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Bayrou ha fiado su suerte en una jugada arriesgada a un voto de confianza el próximo 8 de septiembre. Desde este lunes, arranca una ronda de contactos con el resto de formaciones políticas para intentar su supervivencia. El plan Bayrou, presentado a mediados de julio, pretende recortes de 44.000 millones de euros para enderezar la deuda francesa.
Francia estrena curso político y mes de septiembre con el gobierno en el aire. Pocos apuestan por la superviencia de un primer ministro, François Bayrou, que ha fiado su suerte en una jugada arriesgada a un voto de confianza el próximo 8 de septiembre. Con la mayoría de las formaciones de oposición anunciando que votarán en contra, parece la secuencia de una muerte anunciada. Con este gris panorama en el horizonte, el actual primer ministro inicia desde este lunes una ronda de contactos con las formaciones para intentar revertir una situación que abriría una nueva crisis política en el país y pasaría hasta el Elíseo, donde el presidente Macron decidirá entre un remplazo (con las dificultades parlamentarias de los tres bloques en minoría) o bien una disolución parlamentaria y unas nuevas elecciones legislativas que podrían solucionar poco si el reparto de escaños se mantiene como proyectan algunos expertos en demoscopia.
De las concesiones hacia socialistas y Le Pen dependerá todo con una Asamblea fragmentada en tres bloques. La votación del día 8 requeriría 287 apoyos para la continuidad de Bayrou dado que hay tres escaños vacantes. Los partidos de la mayoría gubernamental, incluyendo a la formación conservadora de Los Republicanos, suman 210. Necesitarían tener a su favor a los 66 diputados del Partido Socialista y los de otros partidos como Liot, formado por independientes o bien los del bloque de Le Pen.
Macron ha afirmado en las últimas horas que Bayrou –con su arriesgada jugada- tiene “todo su apoyo” y ha reiterado que quiere evitar disolver el parlamento nuevamente, pero también ha sugerido que “no lo descarta”. Más allá han ido algunos miembros de su gobierno. “Nadie lo quiere, pero es inevitable” ha dicho uno bajo condición de anonimato a la agencia France Presse.




El plan Bayrou, presentado a mediados de julio, sugiere un año en blanco en el que se congelará el gasto, con recortes de 44.000 millones de euros y de 3.000 puestos de trabajo de funcionarios públicos. La medida más impopular es la de suprimir dos días festivos del calendario: el Lunes de Pascua y el 8 de mayo, cuando se conmemora el fin de la II Guerra Mundial. El objetivo de los recortes es reconducir la deuda que alcanza ya los 3,3 billones de euros, y el déficit de 5,4% del PIB. Una cifra lejos del 3% que marca Bruselas.
Las principales cabeceras de periódicos retratan este fin de semana el hartazgo de los franceses con esta situación de inestabilidad que vuelve a estallarles después de vacaciones. “El cansancio de los franceses ante el espectáculo político” titulaba en portada el conservador Le Figaro en su edición dominical.
(Con AFP, medios franceses y fuentes propias RFI)
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