Con fotografías y cubrimiento propios, el medio de la capital estadounidense retrata la tragedia, pero también señala a las autoridades distritales y de Policía por uso excesivo de fuerza con personas en condición de vulnerabilidad, con el agravante de que sucede justo en medio de la pandemia de COVID-19 y en contravía a las sugerencias de mantenerse en cuarentena.

Por ejemplo, cita el caso de una desplazada por la violencia que había conseguido en el barrio Altos de la Estancia “una medida de seguridad y, si no comodidad, al menos agua, electricidad y un baño que funcionaba”. Pero “el mes pasado llegaron las fuerzas de seguridad del gobierno, obligaron a su familia a salir de la improvisada vivienda y la arrasaron”, relata.

“Nos echaron como perros. No me dieron ningún aviso. Les rogué que me dieran tiempo, pero la mayoría de mis cosas fueron destruidas”, dijo la mujer al Washington Post

El artículo menciona a la alcaldesa Claudia López para señalar que ha impuesto estrictas medidas de aislamiento para tratar de contener la propagación del coronavirus, apunta a que esto “no ha impedido que las autoridades desalojen a cientos de familias del asentamiento informal”. Asimismo, señala que la mandataria capitalina no accedió a una entrevista.

Eso sí, el diario estadounidense reconoce que las razones por las que se ha procedido al desalojo pasan por la inseguridad que representa el terreno y la prohibición expresa, y no reciente, de establecerse allí. “Dejar que las personas se queden allí es poner vidas en riesgo”, dijo a ese medio la secretaria de vivienda de Bogotá, Nadya Rangel.

No obstante, resalta que en medio de los operativos se ha presentado un abuso de la fuerza contra familias, el cual cambió en un momento dado después de que se multiplicaron las críticas por la forma en que procedió la administración distrital, pero que aún así no ha conseguido que los habitantes de la zona accedan a abandonar sus casas hechizas.

“Gran parte del asentamiento ha sido arrasado, dejando zapatos, colchones de espuma, ropa y juguetes en el barro y los escombros”, relata el Post.

Al final, aunque breve, el impreso indica que, pese a las intenciones del gobierno local, los desalojados no tienen reales oportunidades para reconstruir sus vidas en otro lugar y mientras tanto están siendo forzados a exponerse al contagio, en el mejor de los casos, e incluso separando familias que deben buscar que sus hijos se queden con conocidos u otros familiares antes que someterlos a pasar penurias mientras se encuentra una vivienda digna.