En sus primeras palabras de la conversación con la periodista, Cabal anticipó que no era políticamente correcta. “Yo soy como tiene que ser: uno tiene que decir las cosas que le molestan. Sencillamente querer agradar a todo el mundo eso es un error y quedarse callado porque las formas obligan a hacerlo. Esa no soy yo. Eso me ha granjeado numerosos problemas, críticas, pero también hay seguidores que les gusta”.

“No es porque yo quiera serlo [polémica], o intente serlo o es una estrategia comercial”, agregó Cabal. “Es tan natural que creo que lo que digo es la mitad de lo que se me ocurre”.

Preguntada sobre si en el Centro Democrático ha hecho fila, respondió: “[Risas] Yo creo que sí”.

“¿Alguien se le ha brincado?”, insistió Dávila, y Cabal le contestó: “Yo creo que sí porque, por ejemplo, para mí el presidente Uribe es una persona fuera de serie, extraordinaria, pero él tiene unos afectos superiores a lo que podría sentir por mí. Eso lo tengo claro”.

“[Uribe] No me quiere tanto porque yo creo que no tengo características que a él le gustan: a él le gusta que la gente lo rodee, que le cuenten cosas. A él le gusta que estén ahí, que estén ahí. Hay gente que es lambona, pero también hay gente que le gusta estarle comentando todo el tiempo”, agregó la congresista del Centro Democrático.

También se declaró “respetuosa” de los espacios y de los tiempos. “Yo no me siento a contarle chismes, ni llevo ni traigo. No lo soy [lambona, término que le sugirieron en el espacio de Dávila]. De pronto eso es un defecto, porque hay gente que le va mejor que a uno siendo zalamera”.

“Pero siento que he logrado granjearme un espacio con los temas que yo manejo, con la filosofía de vida que yo tengo, que además es muy distinta a lo que muchos medios tratan de proyectar y a la percepción de muchos ciudadanos que me ven diferente a lo que yo realmente soy”, terminó Cabal.