Si bien las fotografías que incluía el informe que presentó Duque ante la ONU para probar la presencia de grupos armados ilegales de Colombia con el beneplácito de la dictadura de Maduro, y que desataron un escándalo cuyas consecuencias aún no se pueden calcular, “no son falsas”, dice Gómez en el diario capitalino, “algunas de ellas no corresponden […] a lo que el gobierno de Duque afirma”.

“Si la idea del documento era presentar como sólidos unos hechos y recabar apoyos para Colombia en el escenario internacional, se perdió una oportunidad interesante. Un tiro al aire que hubiera podido dar en el blanco”, dice el columnista, y recalca que para llevar documentos a escenarios como la ONU y la OEA “los presidentes se apoyan en el aparato estatal, en este caso, la inteligencia de las Fuerzas Armadas y otras entidades que desarrollan los asuntos de seguridad”.

Por eso, se resiste a pensar que “un informe de 128 folios, entregado por un Presidente para acusar de solidaridad con el terrorismo a un gobierno extranjero, haya sido fruto del trabajo de asesores de comunicaciones y prensa”. Y lamenta que, si fue así, el país está “frente a una irresponsabilidad de amplias dimensiones y ante una protuberante ausencia de sano criterio. Trágico si fueran resúmenes de prensa, documentos de fuentes poco confiables o pirotecnia gramatical”.

Luis Carlos Vélez, por su parte, critica en El Espectador que el informe, al cual dice haber tenido acceso, tiene un significativo nivel de detalles sobre la presencia y actividades de grupos de disidencias de las Farc y el Eln en Venezuela, por lo cual “resulta tan extraño que se hayan cometido errores en por lo menos tres fotografías”.

“Si el informe recoge lo mejor y más preciso para ser presentado ante Naciones Unidas para argumentar que hoy […] Venezuela es una amenaza para la paz regional y que, además, patrocina y alberga organizaciones terroristas, es de suponer que cada uno de sus ingredientes son propios, precisos y actuales”, subraya Vélez. “Es decir, no hay disculpa para que sus fotografías, así sean de ilustración, no hayan sido tomadas en Venezuela y no sean de, por lo menos, los últimos seis meses”.

Y esgrime un argumento que vuelve a poner en la picota pública a la inteligencia militar colombiana y las explicaciones de los generales: “Aunque en las últimas horas las FF. MM. hayan publicado un comunicado en el que aseguran que en realidad se trata de un error de atribución de fuentes, que las fotografías tenían el objetivo de ilustrar y que no eran información en sí misma, es evidente que se cometió un error grave […]. Esto es simple: los documentos de inteligencia no se ilustran, por el contrario, revelan”.