Y es que por la crisis que padece el uribismo, debida a diferentes factores, de acuerdo con las cuentas que hace González, “si las elecciones [para el Congreso] fueran hoy, con alta probabilidad solo un tercio de sus parlamentarios, o un poco más, se reelegirían”.

Por eso, concluye este columnista en el análisis que hace sobre el partido de gobierno, la nueva dinámica de esa colectividad “puede estar determinada por el principio aquel de sálvese quien pueda”.

De alguna manera, sin que González lo mencione en su columna, el colectivo está viviendo una encrucijada en torno al tema de una reelección, la misma que dijo enfrentar Uribe en el 2009 cuando se planteaba repetir periodo, según él, para garantizar la continuidad de sus políticas de Seguridad Democrática, confianza inversionista y cohesión social.

“Yo me sentiría muy amargado de que las nuevas generaciones me vieran apegado al poder. Yo he sido combatiente de la democracia”, dijo entonces Uribe. “Pero me preocupa mucho lo que pueda pasar con estas políticas. Tengo una responsabilidad con los colombianos. Entonces, cuando veo todo esto en la balanza me crea eso que yo llamo ‘la encrucijada del alma’. ¡Qué difícil!”.

Hoy el uribismo sufre un resquebrajamiento, según González, por “los decepcionantes resultados del Gobierno y el muy particular estilo personal de gobernar de Duque [que] no estaban en las cuentas de nadie, o de muy pocos. Eso sin duda alteró la conducta de su militancia y de los parlamentarios”.

Si bien no parece factible que prospere una disidencia en el CD por los problemas judiciales de Uribe, su desgaste y la ausencia de un enemigo claro (las Farc, por ejemplo), “eso no quiere decir que los enfrentamientos vayan a desaparecer. Al contrario, se pueden intensificar en los meses por venir”, agrega González.

Fabián Alejandro Acuña y Julián Bonilla Montenegro, en un análisis que hicieron sobre el tema en el portal Razón Pública, sostienen que las grietas en el uribismo “pueden observarse ya en la intención manifiesta” de varios de sus integrantes de ser candidatos presidenciales en 2022. “Aunque aún no se ha hecho explícito, existe la pretensión de enderezar el camino que ha desviado Duque y recuperar los supuestos postulados de la ‘causa uribista’”, escriben.

Coinciden con González y otros analistas en que las fracturas en el Centro Democrático se profundizan ante la baja popularidad de Duque; “los pobres resultados de su gobierno; sus consecuencias en las elecciones regionales; el declive en la imagen de Uribe y los rumores de que el expresidente no volvería a presentarse a elecciones en 2022”.

Y hacen tres preguntas pertinentes ante la eventualidad de que Uribe no se presente a esas elecciones: “¿Podrá el partido movilizar los votos suficientes para mantenerse entre las primeras fuerzas políticas y tener una candidatura presidencial exitosa en 2022? ¿Algún político uribista logrará congregar suficientes apoyos para ser visible y continuar —o enderezar— el legado del expresidente? ¿Podrá alguien sobresalir dentro del partido y conseguir el apoyo de Uribe sin fracturar aún más a la colectividad?”.