En momentos en que el país se debate entre si las medidas gubernamentales deben privilegiar la economía o la salud (la vida) de las personas, y además ve cómo se vienen desgranando miles de empleos por la inactividad que conlleva la cuarentena decretada para enfrentar la pandemia del coronavirus, Gaviria tomó una decisión que parece resolver esa disyuntiva entre economía y vida.

El rector cambió el tipo de contratación para profesores de planta y personal administrativo y su vinculación con la universidad pasó a ser a término indefinido para garantizar la estabilidad laboral del personal, informó CM&.

Esta medida de Gaviria se suma a la campaña que adelanta su universidad denominada Positivo Para Solidaridad, que busca aportar como comunidad académica a 350 familias que viven en inmediaciones del centro de educación, situado en el centro histórico de Bogotá, y que derivan su sustento de profesores y estudiantes. La meta son 50 millones de pesos en aportes durante 5 semanas, indica ese centro de educación superior en su página web.

El espíritu de Gaviria, cuya decisión de mejorar las condiciones de profesores de planta y trabajadores administrativos ha sido manejada con discreción, salvo por la información que difundió CM&, se puede rastrear en las respuestas que dio en una entrevista a El Espectador.

“Me preocupan, en todo caso, dos poblaciones: los migrantes que no están en el Sisbén ni en los instrumentos tradicionales de focalización y la población vulnerable, los trabajadores independientes que no alcanzan a recibir subsidios, pero no están recibiendo ingresos”, dijo en el rotativo. “El Estado no puede compensar a todo el mundo. No tiene los recursos ni la capacidad operativa. Las consecuencias económicas de esta crisis pueden ser devastadoras”.

Preguntado por cómo define la solidaridad, respondió: “De manera obvia, como pensar en el otro e ir más allá de los intereses o deseos propios. Pero yo prefiero hablar de compasión. La compasión rescata el sentido de lo trágico en todo esto; un sentido que no puede perder. ‘Somos voces de la misma penuria’, decía Borges”.