Habla el encargado de seguridad de La Catedral, la cárcel de la que escapó Pablo Escobar
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Habla el encargado de seguridad de La Catedral, la cárcel de la que escapó Pablo Escobar

Sergio Sánchez fue el encargado de la seguridad externa del lugar en donde estuvo recluido y se fugó el narcotraficante colombiano.

Sergio Sánchez Bolaños
Sergio Sánchez Bolaños | Sasha Muñoz

Por: Sasha Muñoz Vergara

Detrás de la disciplina y el orden que le exigió ser parte del Ejército Nacional de Colombia, existe un padre de familia, un hombre sensato y optimista.

Sergio Sánchez Bolaños, vestido con un traje gris, su corbata de rayas azules, un esfero que parece costoso en el bolsillo derecho de la camisa y su audífono de implante coclear, estaba listo para escuchar las preguntas y responder sin perder el ritmo durante 3 horas entre anécdotas y risas, con una única pausa para disfrutar de las deliciosas onces preparadas por su atenta esposa, Sonia, en la sala de estar de su apartamento de estilo victoriano.

Atiendió la entrevista con una carpeta de recortes de todos los artículos en donde ha sido nombrado, algunos que datan desde 1970, hasta unos un tanto más recientes de 1990. Y es que este hombre tiene muchas historias que contar: fue campeón de ciclismo de ligas menores, vivió años intachables de servicio en el Ejército, ejerció un periodo como alcalde de Turbo, combatió a la exguerrilla de las Farc y al Eln, y fue objeto de uno de los numerosos intentos de soborno del Cartel de Cali, durante la reclusión de Pablo Escobar en La Catedral.

Sánchez Bolaños tiene ahora 74 años. Fue uno de los cuatro hijos de una familia de estrato tres de Popayán. De su larga trayectoria se destaca un cargo que marcó su vida, no solo por lo que vivió, sino por lo que le costó: Fue el comandante del Batallón de la Policía Militar de la IV Brigada de Medellín, encargada de la vigilancia externa de la cárcel de Envigado, más conocida como La Catedral, construida especialmente por y para Pablo Escobar.

Vigilando La Catedral o vigilado por La Catedral

Durante el tiempo que nosotros (la IV Brigada) estuvimos allá, entraban a trabajar a la cárcel más o menos 80 personas por día, entre ingenieros, arquitectos, oficiales de construcción y obreros. Una cosa es hablar de lo que él tenía allá y otra cosa es haberlo visto. Las mejores razas de perros las conocí allá, relata.

También contó que al llegar a la cárcel pidió fotografías de los 15 reos para repartirlas entre los soldados y que recordaran que esas personas no podían salir.

¿Con qué frecuencia visitaba usted la cárcel La Catedral?

“Yo iba, más o menos, unas tres veces por semana, porque era una responsabilidad grande. Tenía que ir a revisar a los soldados, allá tenía un capitán comandante”.

La vigilancia en La Catedral se dividía entre dos instituciones para la parte interna y la externa de la seguridad. La IV Brigada se encargaba únicamente de la externa. La seguridad interna estaba confomada por 36 personas. De ellas, “18 eran de la Dirección Nacional de Prisiones y los otros 18 los escogió él (Pablo Escobar) de sus compinches. Yo fui el día que llegaron ellos, unas personas que no tenían ni idea de manejar armas, ni idea de seguridad, que lo iban a ayudar a él”.

Además de esto, Sánchez era jefe civil y militar de tres municipios: Envigado, La Estrella y Bello sin saberlo, hasta que los medios comentaron la suspensión del decreto sobre ese cargo. El entonces comandante no sabía que lo tenía, y más aún, que aquel implicaba más peso que ser el mismo jefe. Y es que su trayectoria se vio manchada por las faltas de comunicación, de claridad y sobre todo de explicaciones que hasta hoy mismo quedan al debe.

Sánchez estuvo en el cargo de ese Batallón entre junio de 1990 y enero de 1992. Al contrario de lo que El Tiempo afirmó en algunas de sus publicaciones, el entonces comandante no estuvo presente en ninguna de las entregas de los 15 mercenarios, Escobar incluido, en el momento en que estos se produjeron, sino que tuvo contacto con ellos posteriormente, ya dentro de La Catedral.

Sobre Pablo Escobar, ¿cuál era su percepción antes y después de conocerlo frente a frente?

“Él se entregó a las 2 de la tarde, y a las 10 de la noche yo estaba hablando con él. Me dieron la orden de hablar con Escobar, por petición suya”.

En ese momento el coronel se encontraba en una comida en Medellín, en donde residía. Salió hacia la cárcel y recordó ver a Pablo Escobar con la barba tan larga en vez de su característico bigote, como muchos de los colombianos lo recuerdan. “Él estaba interesado en entregarle unas cobijas a los soldados, porque ese sector era muy frío y él lo había notado”, agregó Sánchez.

El diálogo se extendió por 45 minutos. Durante ese tiempo, recordó el oficial, el capo insistía en regalar 200 cobijas para los militares. La respuesta de Sánchez fue siempre rechazar la oferta y ratificar que el Ejército tenía sus propios medios.

“Me di cuenta de que era un hombre con mucha inteligencia. Lástima que la tenía dirigida a otras actividades. Un hombre muy sagaz era él”, contó.

Comentó también que conversaron sobre la familia y sobre lo que sentía Pablo por el gobierno, en ese entonces de César Gaviria. “Noté que tenía mucho contacto con el Ministerio de Justicia. Esa cartera pasaba las órdenes de él al Ministerio de Defensa, este al Ejército, y luego al Batallón”, dice.

Otra de las veces en las que habló con Escobar recordó que, motivado por sus diálogos con el gobierno, este tenía intenciones de redimirse y limpiar áreas de algunos municipios en los que conservaba escondites estratégicos llenos con dinamita. “Él me dijo que me llamaría a una persona y me diría que en tal sitio me entregarían una determinada cantidad de las 25 toneladas que estaban esparcidas”. Antes de su traslado, Sánchez negoció la incautación de 12 toneladas de esos explosivos.

¿Quiénes recuerda usted que visitaban a los reos y con qué frecuencia?

“De eso se han tejido muchas mentiras. Allá no había sino un solo acceso y una salida, que eran la misma”. Se refirió también al conocido carro de doble fondo en el cual Pablo habría trasladado insumos para seguir delinquiendo desde su encarcelamiento. “Yo vi entrar ese carro por la única entrada y no tenía ningún doble fondo”.

Él recordó que durante la estancia de Pablo Escobar, había dos transmóviles, uno de RCN y otro de Caracol, a la espera de captar cualquier suceso que fuera a ocurrir. Sánchez considera que la presencia de estos dos medios fue la premonición de lo que posteriormente ocurrió con la fuga del narcotraficante.

Para poder acceder a La Catedral se necesitaban tres firmas, la del comandante de Batallón, es decir la de Sánchez, la del juez a cargo y la del director de la cárcel. La instrucción que imperaba sobre los soldados vigilantes de la entrada de la cárcel “de máxima comodidad” era chequear quién tenía las tres firmas necesarias, y quien no. “Quien tenía las tres firmas, pasaba”, Sánchez dijo.

Y mientras recordó esto, mencionó uno de los controvertidos escándalos que conllevó una visita en particular, y entre risas le mencioné que se me asemejaba a un brujo, porque se me adelantaba a las preguntas. Sánchez se rió.

Una visita para Escobar, un adiós para Sánchez

Al exalcalde de Turbo le cambió la expresión cuando le pregunté sobre la visita del exarquero colombiano René Higuita. Al contrario de Judas y Jesús, este personaje no negó su amistad con el jefe del Cartel de Medellín, lo que le costó la suspensión del mundial de Estados Unidos del 94.

“René Higuita no conocía las normas y subió a la cárcel así”, contó el coronel (r). “El guardia le dijo que no podía entrar, y se devolvió a cumplir las reglas. Él consiguió las tres firmas, y entró”. Como resultado de esto, inmediatamente uno de los transmóviles que se encontraba a la espera reportó la entrada del entonces arquero, y se desató el escándalo.

“Resulta que quien firmó la entrada del portero fue el coronel Augusto Bahamón, segundo comandante al mando de la IV Brigada. Y él no podía reemplazar mi firma”. En ese entonces, Sánchez no estaba disponible. “René Higuita era una persona muy sociable. Se había hecho amigo de los militares, no solo del coronel Bahamón, por su participación en la Selección, creería yo”, explicó.

Sin embargo, agregó algo más de lo ya conocido sobre Higuita. En su criterio, el exfutbolista debió haberse involucrado en irregularidades con algunos de los 15 detenidos de la cárcel, si no era con el mismo Pablo Escobar Gaviria, “porque a qué iba, sino era a visitarlos a ellos”.

“Él lo hizo por una cuestión de amistad”, comentó Sánchez sobre la firma de su segundo al mando, el coronel Bahamón para Higuita. “Lo pusieron en arresto. Fue muy rápido. Hubiese sido mejor que no le diera la firma”.

La noticia de la visita del jugador a Escobar puso sobre los hombros de Bahamón toda la responsabilidad. “Era un hombre muy bueno y excelente militar”, comenta el excomandante. “Él se retiró antes de que lo arrestaran. Una cosita muy chiquita la agrandaron y mi coronel Bahamón se retiró por ello”. La expresión de su cara transmitió nostalgia, mientras miró al suelo, añorando a su compañero.

No es desconocido que los medios de comunicación llenan lagunas con especulaciones, y es lo que me dijo Sánchez cuando habló sobre las personas que entraban a la cárcel: las esposas, las reinas de belleza y otros personajes. “Eso es cierto, los domingos hacían fiestas, pero los soldados no podíamos entrar. Si ellos llevaban las tres firmas, nosotros qué hacíamos”, respondió con impotencia.

La vigilancia externa no tenía la potestad de intervenir dentro. “Eso es por lo que se formaban los problemas”. Esto explicaría el descontrol de las entradas, no había ninguna otra función que el Ejército no tuviera que hacer que revisar las tres firmas. “Si yo hubiese estado allá siempre, eso no pasaría, pero uno delega en los subalternos y si alguno de ellos falla, es difícil de establecer un control”.

Un hombre que el dinero no compró

¿Tuvo contacto con algún vigilante que haya sido sobornado? ¿Fue usted sobornado en alguna ocasión?

“Uno defiende mucho a sus subalternos, pero es difícil decir que sí o que no”, dijo Sánchez, sobre el informe de la Procuraduría publicado en El Tiempo en 1993, según el cual soldados pertenecientes al Batallón de la Policía Militar de la IV Brigada de Medellín, es decir hombres a su cargo, dijeron que efectivamente recibían sobornos periódicos de los estafetas de Escobar, en especial de alias ‘Limón’.

“Los periodistas exageran, si a un soldado le ven recibiendo un cigarro, ya es extorsión”, dijo- “pero conmigo no se presentó esa situación”.

Sin embargo, relató sobre un “regalo” que una tercera persona le quiso entregar. “Yo nunca lo acepté, porque mi comportamiento siempre fue muy vertical, las personas generalizan. Cualquier peso o cosa que reciba de un narcotraficante está comprometiéndose”. Su esposa le recordó un dicho, que dice ‘no se haga nada que uno no pueda explicar’.

Sobre Álvaro de Jesús Agudelo, alias ‘Limón’, dijo que no tiene idea de quién es. También recuerda que la persona que mejor identificaba, aparte de Escobar, era alias ‘Popeye’. “Es difícil asegurar eso, porque yo iba, estaba 40 minutos por allá y confiaba en mis delegados. Puede ser”.

Y para demostrarlo, relató el largo trámite que tuvo que realizar para poder cambiar su carro de ese entonces. Lo vendió, y a ese dinero le agregó un préstamo de un fondo rotatorio. Pero además debía presentar un informe completo frente a 10 jefes de Estado Mayor.

“Le leí: mi General, teniendo en cuenta que me encuentro de comandante del Batallón de la Policía Militar, y que tiene la seguridad del narcotraficante Pablo Escobar, me permito informar que voy a cambiar mi vehículo, y que lo pagaré de la siguiente forma”, resumió.

El excomandante guarda todos esos documentos que tiempo atrás sirvieron para respaldar su correcto actuar. Los guarda para nunca olvidar que el término de su estancia en el Ejército no tiene que pesarle en la conciencia. Pero hay un documento que me permitió leer, sostener y revisar. Es distinto saber de los sobornos, que verlo por escrito, plasmado en la realidad, en el ahora.

Se trata de un documento en el que el entonces encargado de la cárcel da cuenta de un ofrecimiento de 5 millones de dólares del Cartel de Cali para el oficial si él los dejaba ingresar a La Catedral para atentar contra Pablo Escobar o para darles el control de la cárcel. “Esto no lo sabe nadie”, me confió.

También hizo alusión a una cantidad considerable de soldados al servicio del Ejército que ya habían sido corrompidos. La pregunta se respondió. Sergio Sánchez sufrió un intento de soborno. No de su vigilado, pero sí de los enemigos de él, del Cartel de Cali.

A Pablo Escobar le gustan los pinos

Le pregunté sobre alguna anécdota que haya quedado en su memoria sin causa, ni respuesta.

“En la parte de arriba de la cárcel estaba plagado de pinos, y por allá en el techo había una puerta, que nosotros ordenamos cubrir. Un día me llamó mi superior y dijo ¨Sánchez, hay que quitar, cortar esos árboles que están cercanos a la malla, para que el soldado tenga visibilidad, porque ahí no se ve nada¨”, relató.

Llegó el día, la motosierra estaba lista, dos pinos cortados cuando una llamada lo sorpendió. Era el mismo superior pidiéndole que suspendiera el corte. Cuando él preguntó personalmente por la situación, su superior le manifestó sobre una llamada del comandante del Ejército cuestionando la acción.

“El teléfono del director de la cárcel, Jorge Pataquiva, se lo prestaban a Pablo Escobar, y este llamaba al ministerio de Justicia, este al ministerio de Defensa, este al comandante del Ejército, luego llamaba al comandante de Brigada, a mí, y me decía que suspendiera eso. Así de simple”.

Pablo Escobar tenía línea directa con el gobierno nacional, al alcance de una llamada, por medio del entonces ministro de Justicia, Jaime Giraldo Ángel. ¿Por qué no quería remover los pinos? ¿Haría más fácil su fuga? ¿Taparía sus grandes fiestas y las pesquisas aéreas de medios de comunicación? Eso se lo llevó Escobar a la tumba, y el Coronel lo agregó a su colección de incertidumbres.

El traslado y el escape

En enero de 1992, el camino de Sergio Sánchez viró hacia un dirección inesperada. Fue trasladado por el comandante del Ejército a Santa Marta. “Me trasladaron como asesor de cárceles, que es un cargo que no existe dentro del Ejército. Además, me ascendieron a coronel. Esa es la paradoja que jamás he podido entender y que nunca lo haré”, contó con extrañeza en sus ojos y moviendo sus manos en señal de frustración. No entiende porqué lo trasladaron y lo ascendieron, si según las especulaciones estaba bajo sospecha de soborno.

La extrañeza de Sánchez se debe a que, únicamente por haber tenido contacto con Escobar, el Ejército asumió que aceptó sobornos. Le dieron una casa fiscal y se despidieron lo antes posible de uno de sus mejores comandantes, independientemente del acenso. “Yo fui una víctima de todo esto, nadie me llamó, nadie me explicó, ni me cuestionó, nada. Me dieron de baja por sospecha”. Hasta el día de hoy vive con esa cuestión, aquello que quebró su carrera militar. “Yo hoy podría haber sido general del Ejército”, me dijo, con unos ojos bien abiertos.

El 22 de julio de 1992 Pablo Escobar se fugó de La Catedral, ¿En dónde estaba usted en ese momento?

“Yo fui un espectador más, me enteré por televisión, nadie me llamó, yo había dejado mi responsabilidad”. El coronel recuerda haber sentido lástima por los directores a cargo de La Catedral, a quienes retiraron inmediatamente. A Sergio lo interrogaron para la investigación de la fuga por la cárcel. Al exoficial, a quien le fue relevado a través un simple radiograma que le deseaba felices vacaciones, no tuvo responsabilidad alguna por el escape, ya no pertenecía al Ejército en ese momento.

“Me llamaron a calificar servicios y nunca supe por qué”, manifestó. A partir de una demanda que realizó, le comentaron que su salida habría sido para mejorar el servicio, y entonces repite la pregunta, “¿entonces, por qué lo ascienden antes de dejarlo ir?”

¿Cuál es la hipótesis por la que usted cree que lo relevaron?

“Oiga, buena pregunta, ellos creyeron algo, porque este personaje, Escobar, usaba mucho el poder económico, de pronto ellos creyeron que yo había patrocinado alguna actividad que él hacía. Nunca lo hice. Todos los favorecimientos que le dieron a él fueron desde el Gobierno”, dijo convencido de su inocencia. Todas las personas son inocentes ante la ley hasta probar lo contrario, pero pareciera que en este caso no fue así, y no sería sorpresivo con la justicia colombiana, o “en un país tan quebrado”, como se refirió Sergio a su nación.

Sergio Sánchez Bolaños hoy

Habiendo sobrevivido un cáncer, con 18 quimioterapias, Sergio Sánchez vive en Bogotá con su esposa y la menor de sus hijas. Con las otras dos se ven constantemente. Es admirable la vitalidad que tiene, el amor que demuestra por su esposa y por la vida misma. No es de esperar que alguien que ha visto muerte y la corrupción y que ha recorrido medio país trasladándose con su familia a cuestas tenga el optimismo que él tiene.

El coronel Sánchez tiene su biografía lista en su portátil, y cuando le pregunté si la va a publicar, me contestó “no estoy seguro de que alguien la fuera a leer”. “Yo la leería de seguro”, le confirmé.

*Estas notas hacen parte de un acuerdo entre Pulzo y la Universidad de la Sabana para publicar los mejores contenidos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo. La responsabilidad de los contenidos aquí publicados es exclusivamente de la Universidad de la Sabana.

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