Usualmente, cuando Boca Juniors pierde un partido importante, los medios argentinos entrevistan a Juan Román Riquelme, una voz siempre necesaria en el mundillo del balón. Hace unas semanas, Riquelme habló un rato largo en Fox Sports. En medio de una intervención, habló sobre los dispositivos que están utilizando los futbolistas para medir hasta el número de bocanadas de aire que dan durante los partidos.

Riquelme, con ese tono desafiante que siempre lo caracteriza cuando tiene un micrófono en la mano, preguntó “y, ¿de qué sirve que sepan cuánto corrieron, si no le dan un pase con ventaja al compañero?”. La pregunta me quedó sonando. El fútbol, el deporte como tal, también está viviendo una especie de transformación digital tras la irrupción de los censores y el análisis de millones de datos que entregan los deportistas cada miércoles o domingo. Sin embargo, queda la sensación de que Riquelme tiene razón en un punto fundamental.

Veamos. Ya es usual ver que los futbolistas utilizan una suerte de top debajo de su uniforme. Resulta que este dispositivo tiene censores que miden distintas variables y entregan información personalizada del deportista a un centro de datos que tiene el equipo en la nube. Las mediciones pueden ser de lo que quieran. Desde los kilómetros recorridos en el juego, hasta la forma cómo pone el pie de apoyo para hacer un pase. Distintos estudios señalan que, en un solo partido se pueden recoger cerca de una tera de datos entre los dos equipos.

Entonces, cada lunes los equipos, literalmente, nadan en un océano de información. En Europa, hasta los equipos más pequeños ya tienen un departamento de análisis de datos para determinar qué data vale la pena transmitirles a los profesionales para que realmente mejoren su rendimiento. En nuestras latitudes, estos avances apenas son incipientes, pero ya están. Por ejemplo, la Equidad hace un muy buen trabajo en este sentido. Hasta acá el tema suena ideal. Pero la realidad es que existen varios cuestionamientos.

Por un lado, el fútbol es un deporte de imponderables. De segundos. Es cierto lo que preguntó Riquelme. ¿Qué tanto puede impactar en el rendimiento de un jugador tener miles de datos de cómo corre y cómo le pega al balón, si en el momento del momento toma una mala decisión o simplemente sigue su instinto y ejecuta según cómo viene la coyuntura de la jugada? ¿Vale la pena hacer inversiones tan grandes para recolectar y analizar data, si en el momento crucial no se marca mayor diferencia?

William Rincón

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La respuesta debe ser moderada. Igual que las expectativas. Pretender que un equipo gane partidos por el simple uso de tecnología y análisis de datos es simplemente irreal. Como también es inverosímil que un equipo con los recursos no invierta en tecnologías que pueden mejorar sus resultados deportivos. Es indudable que la transformación digital también llegó al fútbol, y llegó para cambiar muchos paradigmas, pero no se puede magnificar el alcance de estas propuestas.

Precisamente, esta reflexión aplica para todo tipo de empresas. El coco de la transformación digital sigue siendo un recurrente al interior de las organizaciones sin importar su tamaño. Y francamente lo que está pasando es que las expectativas no se compensan con las realidades. Al interior de las compañías se ve la transformación digital como un reto obligatorio y no necesariamente como una oportunidad para ser más eficientes o productivos.

Pasa lo mismo que en el fútbol. Es claro que el análisis de datos no es un camino para ser campeón. Es simplemente una herramienta para sacar ventajas frente a los rivales. En las empresas, el uso de datos o la búsqueda por ser más digitales no será la razón definitiva por la que se generaran más ingresos, en realidad es una alternativa más para ser más competitivos. Y eso, de fondo, es el espíritu de la verdadera transformación digital.

Entonces, ¿vale la pena que los equipos de fútbol inviertan millones de dólares en equipos tecnológicos y análisis de datos? ¿Qué alternativas tienen las empresas para seguir el ejemplo del fútbol europeo a nivel digital?

Nos leemos en redeswrincon@gmail.com

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.