Tengo 40 años, dos hijos y soy divorciada hace cinco años.

Esto, hace un tiempo, cayó como una noticia bastante trágica para algunas de mis amigas y familiares que reaccionaron con frases como estas:

– Hay que salvar la pareja a toda costa

– Ser mamá soltera, o sin pareja es ‘T E N A Z’

– ¿De dónde vas a ganar la ‘$ndependencia’ para divorciarte?

– Hasta que no tengas al siguiente, no te separes porque te quedas en la inmunda y sola.

– ¡Aguanta lo que puedas porque sola no vas a poder tener tu nivel de vida!

Si bien sé que todos querían que yo me pensara muy bien mi decisión, descubrí que no tenía qué salvar  (salvo a mí misma), ni qué perder, y que yo no nací para aguantar a nada ni a nadie, porque eso constituye el máximo atentado contra mi felicidad, que criar a mis hijos en una custodia compartida no iba a ser más tenaz de lo que estaba viviendo: una relación en la que ya se habían perdido las ganas y el amor, y en la que vivía frustrada, con cara de perro e incubando una ‘depre’ que ningún ansiolítico iba a poder cortar.

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La independencia económica era otra cosa. Eso sí que podía frenar la decisión de divorciarme porque no sólo de ganas se vive, y las cuentas son la clave para saber qué se necesita para empezar una vida sin esa pareja con la que había compartido la economía por siglos.

Lo primero que aprendí es que no era tan grave, porque descubrí que podía vivir con bastante menos de lo que estaba acostumbrada. Por fortuna tengo algunas amigas que ya se habían divorciado (R, C, R) que empezaron a explicarme esto: ¡Hay que aprender a renunciar a cosas antiguas para que puedan llegar cosas nuevas!

Adiós a la casa grande: hola al apartamento tres veces más chiquito, pero tuyo al fin y al cabo.

Adiós a la suegra inmamable que lleva haciéndote la vida a cuadros hace 12 años, bienvenidas las amigas empoderadas que no necesitan de un tipo para estar felices y que viven de acuerdo a lo que piensan y sienten.

María Paz Ruiz

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Adiós a los viajes de familia política en los que nunca encajé y por los que me esforcé por décadas, bienvenidos los viajes sola por el mundo, sin más compañía que mi portátil. (Esto es algo que si no lo vivo, jamás podría explicar lo que se siente hasta que lo hice). Bienvenidos los viajes con mis amigas del alma y con mis dos hijos: a quienes auguro un buen perfil viajero

¡Adiós socios y conocidos de mi pareja que nunca soporté!: bienvenidos los que me quieren tal y como soy y que no van a criticarme por lo que hago, pienso y digo aunque no sea políticamente correcto.

Adiós personas que me dicen lo que tengo que hacer o que me tratan con superioridad: ya no le como cuento a nadie, ni me dejo joder por nadie, y si alguien dice algo que no me gusta o que no comparto: tengo el poder de desconectar, de no ir o de cancelar su plan sin remordimientos. Volverme feminista va dentro de este proceso, y hoy tengo dos hijos que rechazan el racismo, el clasismo y por supuesto el machismo. (La idea que tengo es que estén aún más capacitados que yo en el futuro y que puedan combinar una vida intelectual con una sensibilidad social y que sirvan para algo más que para hacer plata).

Me costó que de un día para otro no viera a nadie a mi lado, ni durmiendo conmigo, ni haciéndome el desayuno los domingos en la cocina. La soltería es compleja pero es una escuela de la que se sale súper preparada.

Todo lo tuve que hacer en mi nueva casa lo tuve que hacer yo, y esto incluyó todos los papeles, los contratos, la antena del televisor, colgar cuadros, poner estanterías, aprender de bricolaje, de electricidad, de carpintería y por supuesto de cocina.

María Paz Ruiz

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Hoy adoro pasar tiempo con mis hijos, los aprovecho al máximo los días que estoy con ellos (la mitad de la semana) Cocinamos, leemos, entrenamos fútbol, boxeo y vemos películas juntos. Me he vuelto un poco autoritaria para que la casa funcione mejor, pues no tengo ayuda de nadie y mis hijos lo saben y actúan en consecuencia.

No soy perfecta, nunca lo fui y no pretendo serlo.

Y ser madre de un adolescente no es fácil, pero nunca lo fue tampoco, y para eso está mi mamá al teléfono para recordármelo.

También adoro mi apto enano, mi cocina con dos fogones, mi casa en la que pude fundar mi editorial, en la que tengo los cuadros de mis amigos artistas y en donde he podido ser auténticamente yo. No recibo visitas de nadie que no haya invitado antes ni sufro la visita de compromisos mamones. Desde mi casa atiendo mis consultas y ayudo a los demás a que sean fieles a su esencia y a lo que desean. Contagio mis valores porque creo en ellos. Nunca aconsejo nada en lo que no crea y si algo no me gusta, lo digo bien clarito y cobro por ello.

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No me aburro nunca, porque como dice mi mamá ese es mi pecado capital.

Procuro tener muy pocas cosas (Nas Daily es mi héroe): tengo 5 platos grandes, 5 chiquitos, tres tazas y 5 vasos. No tengo bandejitas, ni juegos de café, ni platicos pendejos para hijuemilvainas que nunca usé en la casa anterior, sólo guardo la ropa que nos podemos poner y que nos gusta, y no compro nada que no necesitemos. Jamás plancho y soy una cocinera rapidísima.

Mi nevera tiene cosas chéveres y muchas frutas, verduras e ingredientes que me permiten hacer distintas cosas porque no pido comida a domicilio jamás, y si hago una reserva en un restaurante procuro que sea un súper lugar para comer o cenar a gusto con mis amigos o mis hijos.

Me gusta vivir así, y es chistoso porque más de uno pensará que he pasado a peor vida porque no tengo ningún lujo visible, lo que ellos no saben es que todos mis lujos van por dentro.

Si quieres una consulta privada online puedes contactar a cita@mariapasion.design, O a este Whatsapp.

 

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.