Los servicios penitenciarios rusos (FSIN) buscaban desde finales de diciembre al carismático activista anticorrupción y enemigo jurado del Kremlin, al que acusan de violar las condiciones de una condena con suspensión de pena de 2014.

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Cuando Alexéi Navalni, de 44 años, se disponía a entregar su pasaporte en el control de fronteras, junto a su mujer, Yulia, varios policías lo detuvieron, constataron periodistas de la agencia AFP. “Continuará detenido hasta la decisión del tribunal”, indicó el FSIN.

“Alexéi fue detenido sin explicar el motivo […] No me dejaron acercarme a él” tras haber pasado la frontera, indicó a la AFP su abogada, Olga Mijailova, poco después del aterrizaje del avión en el aeropuerto moscovita de Sheremétievo.

Estados Unidos “condenó duramente” la detención y la considera “el último de una serie de intentos por silenciar a Navalni y otras figuras de la oposición y voces independientes que critican a las autoridades rusas”, afirmó el secretario de Estado Mike Pompeo en Twitter.

Navalni “debe ser liberado inmediatamente”, instó por su parte, también en Twitter, Jake Sullivan, futuro asesor de seguridad nacional del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, denunciando además los “ataques del Kremlin” contra el opositor.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y Francia pidieron a Moscú su liberación “inmediata”, mientras que Lituania, país de la Unión Europea (UE), urgió a “discutir nuevas sanciones” contra Rusia, y Polonia llamó a una “respuesta rápida”. Bélgica, Luxemburgo y Canadá se unieron también a la petición de libertad.

La portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova, reaccionó en Facebook, afirmando que los líderes extranjeros deberían “respetar la ley internacional” y “ocuparse de los problemas de sus propios países”.

Los servicios penitenciarios habían advertido el jueves que detendrían a su llegada a Navalni, a quien reprochan incumplir, cuando estaba en Alemania, las condiciones de la condena de 2014, que le obliga a presentarse al menos dos veces por semana ante ellos.

Desde finales de diciembre, el opositor también es objeto de una nueva investigación por fraude, por sospechas de haber gastado para su uso personal 356 millones de rublos (3,9 millones de euros, 4,8 millones de dólares) de donaciones.

“Aquí estoy en casa. No tengo miedo […] ya que sé que tengo razón y que los casos contra mí están completamente montados. No tengo miedo de nada y les llamo a no temer nada”, declaró Navalni a su llegada a Moscú, poco antes de su detención.

Aunque aterrizó en el aeropuerto de Sheremétievo, su llegada estaba prevista inicialmente en el aeródromo moscovita de Vnukovo, donde le esperaban decenas de partidarios y agentes antidisturbios.

Las fuerzas del orden detuvieron allí a varios de sus aliados, entre ellos Liubov Sobol, una figura ascendente de la oposición rusa, antes de liberarlos horas después. Según la oenegé especializada OVD-Info, se detuvo a 55 personas en Moscú y San Petersburgo.

La oenegé Amnistía Internacional estimó que la detención de Navalni lo convertía en un “preso de conciencia”, víctima de una “implacable campaña” de las autoridades rusas para “silenciarlo”.

Alexéi Navalni acusa a Vladimir Putin de haberlo envenenado

La principal figura de la oposición rusa cayó súbitamente en coma en agosto, cuando regresaba de un viaje a Siberia. Inicialmente fue hospitalizado en Omsk, una gran ciudad de la región, pero fue evacuado días después a un hospital de Berlín.

Tres laboratorios europeos concluyeron que fue envenenado con un agente nervioso del tipo Novichok, desarrollado en la época soviética, una conclusión que confirmó la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) pese a que Moscú lo ha negado.

El opositor acusa a los servicios especiales rusos (FSB) de haber tratado de asesinarle por orden directa del presidente Vladimir Putin. Sin embargo, las autoridades rusas lo achacan a los servicios secretos occidentales y hasta a la higiene personal de Navalni.

Hasta ahora, Moscú se ha negado a abrir una investigación para descubrir lo que le ocurrió, debido al supuesto rechazo de Alemania a compartir sus informaciones con Rusia.

Berlín anunció el sábado que ha transmitido a Moscú todos los elementos de su investigación judicial, como las “actas” de los interrogatorios y “muestras de sangre y tejido, así como trozos de ropa”, pero la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova, aseguró que el envío de Alemania “no contiene nada realmente” de lo que Rusia quería.

Pese a que la prensa nacional lo ignora prácticamente, ni está representado en el Parlamento, Navalni sigue siendo la principal voz de la oposición en parte gracias a su canal de YouTube que cuenta con 4,8 millones de abonados y a su organización, el Fondo de Lucha contra la Corrupción (FBK), que denuncia la corrupción de las élites.

A pesar de los allanamientos, las presiones y las condenas a penas cortas de cárcel a Navalni o sus aliados, éste ha logrado organizar varias manifestaciones muy seguidas en los últimos años, y ha provocado varios reveses al poder en elecciones locales.

Su fama sigue siendo limitada fuera de las grandes ciudades. Un sondeo del centro independiente Levada de septiembre concluía que solo el 20% de los rusos aprueban sus acciones.