La planteó primero en su columna de El Espectador y luego la precisó en una entrevista con Caracol Radio. En ambos espacios construyó un perfil de los jóvenes que participan en las protestas y de la clase media o pequeña burguesía, la clase social en donde, según él, bullen hoy los inconformismos.

Para empezar, tanto en el periódico como en la emisora, Abad Faciolince contradice la vieja idea de la izquierda según la cual los que salen a las calles a protestar son el “proletariado”. “Si uno se queda en el marxismo clásico pensando que la clase mayoritaria es el proletariado, los obreros, los asalariados de las fábricas, los que venden su fuerza de trabajo a la gran burguesía, pues entonces no está entendiendo el mundo contemporáneo, porque en el mundo contemporáneo ya el proletariado no es la mayoría”, planteó en la frecuencia radial.

“En la calle no está esa clase ya hoy minoritaria, el proletariado”, escribió en su columna del diario bogotano. “Los trabajadores de fábrica no pueden salir los martes y los jueves a marchar, porque los echan. Los proletarios son más víctimas que protagonistas de las marchas […] A la calle van los que tienen tiempo y plata para el fiambre. Los jóvenes marchan mientras los padres producen para el pan”.

A propósito de los jóvenes, el escritor los caracterizó así en la entrevista en Caracol Radio: “Si uno ve a los que marchan, casi todos tienen un teléfono en la mano. El mismo hecho de que tengan un teléfono en la mano indica que no son personas sin cinco centavos, que tienen un nivel de consumo. En general, van muy bien vestidos, tienen unos tenis bonitos, de marca, muy limpios; están muy bien peluqueados. Es lo que uno diría pequeños burgueses: gente que en su ropa se parece a los hijitos de los burgueses de verdad, a los que han llamado hijitos de papi en su ropa, en su atuendo”.

“Curiosamente, se reivindican derechos básicos (vida, agua, educación, salud, vivienda) exhibiendo derechos suntuarios: protesto por la comida, pero estoy perfectamente peluqueado en barbería chic y estreno tenis de marca, e incluso cacerola, para la manifestación”, escribió en El Espectador.

Para seguir con las categorías marxistas, Abad Faciolince explicó en la emisora que en Colombia hay “mucho lumpen proletariado”, es decir, “gente que ni siquiera es explotada porque no tiene un trabajo formal”.

“Si aceptamos eso: que el proletariado no es la clase mayoritaria, y que aquí hay más lumpen proletariado, y que lo que ha crecido en los últimos años y decenios es sobre todo la clase media, gracias a veces a políticas buenas, a un crecimiento económico más o menos constante, y si observamos bien quiénes son las personas que están en la calle, son sobre todo jóvenes que son de clase media baja, que son lo que Marx llamaba la pequeña burguesía: hijos de empleados, hijos de alguien que tiene una tiendecita, hijos de una señora que es secretaria en una empresa, gente que logró terminar el bachillerato (muchos de ellos fueron a la universidad)”, agregó el columnista en la emisora.

Pero, en medio de todo esto, ¿cuál es el origen de las protestas? Abad Faciolince sostuvo en ese mismo medio que a la pequeña burguesía la define “un temor a volver a caer en la pobreza, y cuanto mejor esté, no está más satisfecha, sino más deseosa de más y con mucho miedo porque esa pequeña burguesía no tiene un colchón debajo, no tiene unos ahorros. Y si, de repente, el país deja de crecer y empieza a haber problemas económicos serios, pues de alguna manera ellos o sus padres conocen muy bien lo que es la pobreza de verdad y temen mucho volver atrás”.

De hecho, en el diario capitalino, Abad Faciolince comienza su columna con una reflexión del pensador francés Alexis de Tocqueville (‘La democracia en América’): “Una de las paradojas más interesantes de la clase media es que esta protesta más cuando progresa que cuando regresa a formar parte de los pobres”.

“Cuando los pobres se vuelven clase media y prueban el paraíso artificial del consumo, no se lo reconocen a quienes hicieron esas políticas: les parece muy poco, los desprecian por cicateros, les dan la espalda y buscan en la extrema izquierda o en la extrema derecha mucho más”, agrega el columnista, y advierte: “Y estas extremas, ni cortas ni perezosas, les aseguran que ellos tienen la fórmula que va a satisfacer todos sus deseos como por arte de magia”.

Si bien en su columna de El Espectador el escritor aclaró que el diagnóstico que propone no pretende ser una crítica, “sino sobre todo una explicación”, en la entrevista radial subrayó que su intención no es reducir ni minimizar las protestas. “Sé que hay peticiones mucho más grandes, pero en las marchas hay peticiones sobre todo: hay carteles para todo lo que usted quiera”, dijo.