¿Tiene Bogotá los mejores atardeceres de Colombia?
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¿Tiene Bogotá los mejores atardeceres de Colombia?

Pocas cosas más caprichosas e impredecibles que el clima bogotano: el frío de la mañana se puede convertir en sofoco al medio día y en feroz aguacero al promediar la tarde. Pero no siempre, porque a veces amanece despejado y anochece de la misma manera, o el día arranca nublado y continúa así hasta el fin de los tiempos, difícil saberlo. Cambiante o duradero, nunca hay que fiarse del estado del tiempo en la capital, por eso lo mejor es salir con saco y chaqueta e ir poniéndose o quitándose ropa como si de un juego se tratara.

Cae el sol y todos nos volvemos poetas, sacamos nuestro artista frustrado y nos sentimos William Turner, aquel famoso pintor inglés que retrató como nadie todo tipo de condiciones climáticas, la luz solar entre ellas. A nuestro favor juega que en los tiempos de Turner no existían las cámaras, por lo que si se quería compartir una imagen tocaba pintar. Tampoco existían celulares de última generación, y qué decir de Instagram, una red social llena de filtros donde los usuarios comparten la comida que comen, los viajes que hacen, las mascotas que tienen y los atardeceres de los que son testigos; si el día ha sido generoso, a las seis de la tarde internet se congestiona con todo tipo de postales de atardeceres que no necesitan filtros, pero que al mismo tiempo parecen inventados porque tanta belleza no puede ser real.

Alrededor de las seis de la tarde no solo los colores de la ciudad cambian, también las formas son otras. Las sombras se alargan, se vuelven gigantes y en el fragor bogotano se pisan entre sí. La luz golpea las fachadas de los largos edificios, llenando a la capital de penumbras y ellos, los edificios, se tornan importantes porque, depende de cómo se miren, son obstáculos, o fichas con las que se puede jugar. Una mala ubicación y una construcción alta puede tapar todo el espectáculo, pero basta con correrse un poco para que se vuelva una pieza clave de la composición. Pero aunque abajo la luz juegue con todos nosotros, el verdadero espectáculo ocurre en el cielo, que es capaz de ofrecer unos colores que de no verlos en persona, no los creeríamos. La gama es amplia y va desde el amarillo más vivo hasta el morado, pasando por el naranja, el rojo, el violeta y varios tonos de azul; ni el más indomable de los fuegos maneja un croma tan variado como un atardecer con todas sus letras.

Lo malo (nada, ni un atardecer, es perfecto) es que termina rápido. Tantas horas de espera para que todo se esfume en cuestión de minutos, segundos a veces. Entonces los atardeceres espectaculares no solo son valiosos por escasos, sino por breves. Significan la muerte de algo irrepetible, no solo del día, de ahí que al mismo tiempo alegren el corazón y produzcan tristeza. Lo bueno es que 24 horas después habrá otro, ni mejor ni peor, solo diferente, y cuando lo veamos llegar nos quedará claro que cada minuto de espera valió la pena.

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