Mujeres que protagonizaron escándalos en el Gobierno de Gustavo Petro

Poder, celos y escándalos: las mujeres que protagonizaron las mayores crisis del Gobierno Petro

Nación
Tiempo de lectura: 6 min
Escrito por:  Redacción Nación
Actualizado: 2026-08-05 11:56:07

A pocas horas de que finalice el mandato de Gustavo Petro, repasamos el rol de aquellas figuras femeninas más complejos y polémicas de la Casa de Nariño.

El ascenso al poder de Gustavo Petro estuvo arropado por la promesa de transformar las dinámicas tradicionales de la política colombiana, dándole un protagonismo inédito a las mujeres en los espacios de decisión. Sin embargo, en el cierre de su cuatrienio, el balance muestra que varias de las figuras más cercanas e influyentes del mandatario terminaron convertidas en el epicentro de las crisis políticas, los choques institucionales y los escándalos que más desgaste le costaron al Ejecutivo.

Desde el primer día, la primera dama Verónica Alcocer acaparó los reflectores de la opinión pública. Sus constantes viajes internacionales de carácter diplomático y cultural, sumados a su activa participación en reuniones de alto nivel, encendieron las alarmas de la oposición y de sectores aliados que cuestionaban los límites de su influencia en el Gobierno.

Las críticas se intensificaron ante los rumores recurrentes sobre la existencia de un “poder paralelo” dentro de la Casa de Nariño, un flanco que la administración intentó minimizar en repetidas ocasiones, pero que mantuvo vivo el debate sobre la transparencia y el manejo de la agenda presidencial, especialmente en momentos de estrechez fiscal en el país.

La llegada de Francia Márquez a la Vicepresidencia simbolizó la reivindicación de las regiones históricamente olvidadas y de los movimientos sociales. No obstante, la relación con el presidente Petro experimentó un progresivo enfriamiento.

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Las diferencias conceptuales y estratégicas frente al ritmo de las reformas, la falta de respaldo a algunas de sus iniciativas ministeriales y sus recurrentes ausencias o silencios públicos dejaron en evidencia una fractura interna dentro del petrismo. Momentos recordados, como sus cruces en plenos consejos de ministros con fichas clave del gabinete, marcaron el paso de la lideresa social de pilar fundamental de la campaña a una figura distanciada del núcleo duro de decisiones.

Pocas funcionarias acumularon tanta influencia y, al mismo tiempo, tantas controversias como Laura Sarabia. Desde su posición como mano derecha del mandatario, su nombre quedó ligado indisolublemente al escándalo de las chuzadas ilegales, el uso del polígrafo y las presuntas irregularidades en el entorno de su servicio doméstico.

A pesar de las salidas temporales y los intentos de reubicación —que la llevaron incluso a la diplomacia en el Reino Unido como embajadora—, su presencia en el centro del poder generó fricciones constantes. Las tensiones escalaron a tal punto que el propio presidente deslizó críticas públicas sobre su dedicación a los “business”, evidenciando el desgaste de una relación que alguna vez fue blindada a toda costa.

El discurso anticorrupción con el que la izquierda llegó a la Casa de Nariño sufrió uno de sus golpes más severos con el escándalo de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). En el centro de este entramado quedó salpicada Sandra Ortiz, exfuncionaria clave del engranaje gubernamental.

Su vinculación a las investigaciones por presuntas entregas de dineros y direccionamiento de contratos para aceitar alianzas en el Congreso fracturó la narrativa oficial de cambio, dejando una mancha profunda en la gestión administrativa del cuatrienio.

A medida que el mandato se acercaba a su recta final, el círculo presidencial siguió sumando nombres al centro del huracán mediático.

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Paradójicamente, la administración que llegó al poder bajo las banderas de la equidad de género y la renovación terminó viendo cómo su propio círculo íntimo de mujeres funcionarias y aliadas protagonizó los capítulos más espinosos de su gestión. Las pugnas de poder, las investigaciones penales y las disputas por el control de la burocracia dejaron al descubierto que gran parte de la inestabilidad del gobierno no provino exclusivamente de la oposición tradicional, sino de las profundas grietas gestadas en las entrañas de su propia guardia cercana.

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