El retiro de Libardo Cruz remece el poder en Cesar: rupturas, clanes y sombras de corrupción política

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La ruptura entre Libardo Cruz y la familia Peña redefine el poder político en el Cesar y agita el panorama electoral.

El representante Libardo Cruz enfrenta una coyuntura crucial en su trayectoria política tras la reciente reconfiguración de la clase dirigente en el departamento del Cesar. Los cambios en las alianzas han impactado profundamente el panorama electoral, especialmente luego de la salida de Carlos Gummer, quien era uno de los precandidatos respaldados por la influyente familia Peña. Según reporta El Pilón, este rompimiento ha dejado a Cruz sin el sustento político que le garantizaba estabilidad, llevándolo a tomar la decisión de no postularse nuevamente a la Cámara de Representantes en 2026. Esta determinación revela la importancia estratégica de las redes familiares y los pactos de interés económico-políticos que han caracterizado la dinámica electoral en Cesar, donde la convergencia de intereses privados y públicos ha sido la norma durante décadas.

Históricamente, el Cesar ha sido gobernado por clanes políticos que perpetúan su poder a través de coaliciones familiares y acuerdos de negocios. La familia Peña destaca como uno de los núcleos más sólidos, y su prolongada conexión con la familia Cruz —por más de quince años— ha sido fundamental para el control local y la representación en el Congreso de la República. La ruptura de este vínculo político no solo afecta la proyección de Cruz, sino que altera los equilibrios internos de poder en el departamento, generando tensiones y obligando a todos los actores a reconsiderar sus estrategias, tal como subraya El Pilón.

En medio de este proceso de transición, Libardo Cruz se enfrenta a la disyuntiva de decidir su futuro político y sus respaldos en la arena legislativa. Por un lado, conserva una relación de confianza con el actual congresista Ape Cuello, pieza esencial en su llegada a la Cámara hace cuatro años. Sin embargo, obstáculos con el segundo renglón de la lista —debido a la reciente elección de Greisy Roqueme como alcaldesa de Aguachica— complican las posibilidades de alianzas estables. Mientras tanto, los Peña ya han definido su apoyo a Carlos Gummer de la Peña como candidato de la Cámara por el Partido de la U, reforzando la fragmentación del antiguo bloque de poder.

En cuanto a su desempeño legislativo, la gestión de Cruz ha sido catalogada como discreta y con baja proyección nacional. Su principal aporte fue la declaración del Festival de Tambora Tradicional de Gamarra como patrimonio cultural inmaterial, un reconocimiento importante para la cultura local, pero insuficiente para dotar a su figura de visibilidad o liderazgo en los debates clave del Congreso —como los de política económica u orden público—, espacios que suelen acaparar la atención mediática y consolidar carreras políticas a nivel nacional.

No menor han sido las controversias asociadas a Cruz, quien fue señalado en investigaciones periodísticas —también por El Pilón— de haber intermediado presuntamente en operaciones ilícitas ligadas al caso Odebrecht. Según testimonios de directivos como Marcio Marangoni y reputadas fuentes judiciales de Colombia y Brasil, se le vincula con la facilitación de mil millones de pesos en transacciones ficticias relacionadas con Otto Bula y Gabriel Giraldo Escudero, lo que deja en evidencia la persistencia de tramas de clientelismo y corrupción que afectan los procesos democráticos tanto a nivel local como nacional.

El seguimiento de estos casos por parte de organizaciones como el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) resulta esencial. Sus herramientas, como la plataforma NINA, han mostrado que redes de políticos, contratistas y empresas operan juntas y afectan la transparencia y representatividad en regiones como el Cesar, de acuerdo con LatAm Journalism Review. Estas investigaciones ayudan a desentrañar las estructuras de poder que, según estudios de la Universidad de los Andes, propician la formación de oligopolios familiares y socavan la competencia democrática.

Finalmente, el retiro de Libardo Cruz de la contienda por la Cámara puede abrir nuevas oportunidades para liderazgos emergentes o, por el contrario, intensificar la lucha interna entre los grupos tradicionales empeñados en conservar el control político. Como señala The New York Times en sus análisis de la política colombiana, estos reajustes en la política local suelen prefigurar tendencias más amplias a nivel nacional, puesto que abren tanto la posibilidad de renovación como el riesgo de perpetuar prácticas cuestionadas.

En suma, la situación de Cruz es un espejo de las complejidades particulares de la política regional en Colombia, donde las alianzas familiares, los intereses económicos y las luchas por el poder continúan definiendo los procesos electorales, así como los retos de transparencia y legitimidad que enfrenta el país.

Preguntas frecuentes relacionadas

¿Por qué las familias políticas tienen tanta influencia en departamentos como el Cesar?

Un análisis de los procesos políticos en regiones como el Cesar muestra que las familias políticas consolidan su poder a través de redes clientelistas, alianzas matrimoniales y control de recursos estatales, factores que disminuyen la competencia electoral. Según estudios académicos y reportes de medios como El Pilón, estas estructuras permiten que el control del aparato público y privado permanezca concentrado, impidiendo el surgimiento de alternativas independientes y reproduciendo la desigualdad económica y política.

La influencia de estos clanes no solo asegura su presencia continua en cargos de elección popular, sino que condiciona la contratación estatal, la distribución de recursos y, en casos investigados por organismos periodísticos, la participación en esquemas de corrupción. Esta realidad limita el margen de acción de la ciudadanía y dificulta la implementación efectiva de controles democráticos en la región.

¿Qué es el clientelismo político y cómo afecta la gobernabilidad?

El clientelismo político es un sistema de intercambio de favores y recursos entre políticos y ciudadanos a cambio de apoyo electoral, y suele estar acompañado de prácticas de corrupción y manipulación administrativa. En contextos como el Cesar, según análisis de científicos políticos y plataformas de investigación periodística citados, el clientelismo perpetúa redes cerradas de poder e impide la renovación política, afectando la calidad de la democracia y la eficiencia de la administración pública.

Su efecto en la gobernabilidad se evidencia en la dificultad para implementar políticas de interés común, la falta de transparencia en la asignación de contratos y cargos públicos, así como en la escasa rendición de cuentas de los funcionarios. Combatir el clientelismo es, por tanto, un reto central para mejorar la representatividad, la participación ciudadana y la gestión pública en el país.

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