Abatido ‘Gavilán’, el criminal que ordenó matar a dos estudiantes de Los Andes

Aunque el prontuario de Roberto Vargas Gutiérrez es extenso, el asesinato de Mateo Matamala y Margarita Gómez lo sacó del anonimato en 2011.

Roberto Vargas Gutiérrez, alias 'Gavilán'
Roberto Vargas Gutiérrez, alias 'Gavilán' | Policía

Hasta entonces, su siniestro recorrido, que había comenzado en Urabá —la misma región donde fue encontrado y dado de baja por las autoridades este jueves— cuando tenía 16 años e ingresó al grupo guerrillero Epl, se había mantenido cuidadosamente a la sombra.

También pasó inadvertido su ingreso, en 1995, a las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de Carlos Castaño, después de que el Epl se desmovilizó. Semejante cambio de estructuras con ideologías diametralmente opuestas solo probó que ‘Gavilán’ era un simple gatillero sanguinario.

En las AUC ascendió por su perfil extremadamente violento, que lo llevó, en diferentes bloques paramilitares, a cometer crímenes atroces que incluso provocaron desplazamientos masivos. Una década después se desmovilizó como integrante del bloque Sinú, y hacia 2006, llevado por Daniel Rendón Herrera, alias ‘don Mario’, entró a la banda criminal ‘los Urabeños’. Ahora sí había encontrado su lugar.

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Pero el año 2011 puso inevitablemente los reflectores sobre ‘Gavilán’. Su instinto sanguinario se ensañó con Margarita y Mateo, una joven pareja de biólogos urbanos, estudiantes a punto de graduarse de la Facultad de Biología de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Ella, de 23 años, y el, de 26, habían llegado a comienzos de enero a San Bernardo del Viento (Córdoba), a pasar vacaciones y a buscar un lugar para desarrollar su trabajo de grado.

El lunes 10 de enero, a eso de la una de la tarde, cuando regresaban en vestido de baño y camiseta después de pasar la mañana en la playa de los Venados, los dos jóvenes, cuya historia de amor fue tan “fulminante y total, que los tenía viviendo la vida feliz”, según contaron sus padres a Semana, cayeron en las garras de ‘Gavilán’ (léase sus secuaces).

Mateo Matamala y Margarita Gómez
Mateo Matamala y Margarita Gómez / Semana

Pese a que debieron estar grabando pájaros y fotografiando manatíes, los asesinos los confundieron con espías (de la Policía, del Ejército, de la guerrilla o del bando criminal enemigo). “Mateo y Margarita iban en vestido de baño, con una pinta indeclinable de mochileros cachacos que no confunde ni al más despistado de los sicarios”, reconstruyó una crónica de la revista en esa época.

Pero los criminales, con seguridad, desoyeron las explicaciones y los ruegos de los dos jóvenes, y, más bien, siguieron a rajatabla las instrucciones de su jefe. Cámara y computador quedaron junto a los cuerpos de Mateo y Margarita. Los asesinos los usaron para “enviar el mensaje de que tienen el control de la zona, donde no permiten ni curiosos”, le dijo un investigador del caso a esa publicación.

La cobarde acción y el hecho de que en la última semana de 2011 fue abatido por la Policía el jefe de ‘los Urabeños’, Juan de Dios Úsuga (que había sucedido a ‘don Mario’) se alinearon para dar más impulso al temible ‘Gavilán’. El hermano de Juan de Dios, Dairo Úsuga, alias ‘Otoniel’, asumió el poder de la banda y lo ascendió en la estructura criminal. Pero por la muerte de Mateo y Margarita también comenzó la dura persecución de las autoridades.

‘Gavilán’ voló hasta convertirse en el segundo de ‘Otoniel’ (por quien hoy se ofrecen 5 millones de dólares de recompensa) y se enseñoreó en el Urabá. En esa región, además de sus crímenes, se hizo famoso por ser el terror para las menores de edad.

“Sus gustos sexuales por niñas entre los 12 y 15 años lo convirtieron en un hombre que las madres de estas mujeres evitaban cruzársele en el camino”, reseña El Colombiano. “Ese gusto, según las autoridades, es conocido desde que tenía 16 años e ingresó al Epl”.

Cuando ‘Gavilán’ llegó a ser el segundo de ‘Otoniel’ se hizo conocida su costumbre de ofrecer dinero por las niñas vírgenes de esa región, agrega el diario antioqueño. “La cuestión era muy sencilla: o las señoras le llevaban a las niñas y él les daba plata, o el mismo Gavilán mandaba por ellas. Sí se oponían, eran asesinadas o desplazadas de sus tierras”, le dijo un investigador de la Policía a ese medio.

Toda esa trayectoria criminal (una de cuyas últimas manifestaciones fue el plan pistola que ordenó para matar policías) llegó a su fin este jueves, a las seis de la tarde, cuando unidades especializadas de la Policía y el Ejército asaltaron una finca entre Riosucio (Chocó) y Turbo (Antioquia), en el paraje La 40, en donde se escondía ‘Gavilán’.

La operación helicoportada y fluvial logró infiltrar a varios equipos de experimentados policías y militares. “Los comandos tuvieron que cubrir a pie la distancia y se movieron casi siempre de noche, con visores nocturnos. Tras una marcha que empezó el jueves a la madrugada y culminó al caer la tarde, casi 150 hombres de la Fuerza Pública coparon el campamento”, reporta El Tiempo.

En ese momento, las autoridades estaban a punto de culminar con éxito la persecución que emprendieron contra este criminal en 2011, después de que diera la orden de matar a Mateo y Margarita.

El diario bogotano agrega que fuentes que estuvieron en el lugar señalaron que “el combate fue intenso […]. ‘Gavilán’, que llevaba una chaqueta impermeable negra y tenía un evidente sobrepeso, fue alcanzado por varios disparos en el pecho”.

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