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La temperatura de la nariz desciende en momentos de alta tensión, lo que podría convertirse en una herramienta clave para medir el estrés.
Una nariz fría podría ser más reveladora de lo que imaginamos. Un estudio de la Universidad de Sussex, en Reino Unido, sugiere que la temperatura de la nariz puede indicar niveles de estrés en una persona, y que su recuperación térmica podría señalar cómo se regula emocionalmente ese estado.
La corresponsal de ciencia de BBC News, Victoria Gill, participó en una prueba experimental diseñada para provocar estrés agudo. Su relato, publicado por BBC Mundo, detalla cómo fue filmada por cámaras térmicas mientras enfrentaba una serie de tareas inesperadas y desafiantes.
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“Primero, me pidieron que me sentara, me relajara y escuchara ruido blanco a través de unos audífonos”, cuenta Gill. Sin embargo, la calma fue breve. Tres desconocidos entraron a la sala y se le pidió preparar un discurso improvisado sobre “el trabajo de mis sueños” en solo tres minutos. “La temperatura de mi nariz bajó rápidamente, volviéndose azul en la imagen térmica”, relata.
El equipo de psicólogos liderado por la profesora Gillian Forrester explicó que este cambio es una respuesta biológica. En momentos de estrés, el flujo sanguíneo se redirige desde zonas como la nariz hacia los ojos y los oídos, preparándonos para detectar posibles amenazas.
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En el estudio, aplicado a 29 voluntarios, “la temperatura de la nariz bajaba entre tres y seis grados” durante la prueba, indica BBC Mundo. Aunque Gill solo experimentó una caída de dos grados, los investigadores atribuyen esto a su experiencia como reportera: “Probablemente, seas bastante resistente a los factores estresantes sociales”, le comentó Forrester.
No obstante, incluso personas entrenadas como Gill mostraron “un cambio biológico en el flujo sanguíneo”, lo que refuerza la idea de que esta reacción podría servir como un “indicador sólido de un estado de estrés cambiante”.
La técnica no invasiva también podría ser útil en el monitoreo del estrés en bebés o personas que no pueden comunicarse. Además, los científicos planean aplicar esta tecnología en santuarios de primates. En chimpancés, por ejemplo, observaron que “las narices de los animales que veían las imágenes [de crías] se calentaban”, lo que indica un efecto calmante.
Así, la nariz podría convertirse en una nueva herramienta para entender el estrés, no solo en humanos, sino también en otros primates.
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