Susto con 13 mujeres en clínicas de garaje en Bogotá: todas terminaron muertas tras procedimientos
Preocupantes indicadores figuran en un reporte de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y el Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN).
Entre los problemas de orden orden público en Bogotá, queda bajo lupa el hecho de que 13 mujeres fallecieron entre 2023 y 2026 luego de someterse a intervenciones estéticas en la capital del país.
Durante ese mismo lapso temporal se registraron más de 450 reclamaciones formales, correspondiendo el 68 % a establecimientos clandestinos sin autorización.
Estos preocupantes indicadores figuran en un reporte especializado elaborado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y el Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN).
El documento, replicado por El Tiempo, enfatiza la necesidad absoluta de evaluar las condiciones de bioseguridad del quirófano antes de autorizar cualquier tipo de procedimiento quirúrgico.
Para asegurar un procedimiento confiable, resulta obligatorio confirmar las credenciales del especialista, verificar su título profesional e investigar la atención postoperatoria ofrecida.
El profesor Raúl Esteban Sastre Cifuentes, docente de Cirugía Plástica de la UNAL y cirujano del HUN, resaltó la urgencia de analizar los motivos del paciente.
Esa evaluación clínica inicial ayuda a detectar tempranamente posibles síntomas atribuibles al denominado trastorno dismórfico corporal (TDC) en la persona.
Esta afección se manifiesta mediante una angustia obsesiva e incesante por supuestas imperfecciones corporales imperceptibles para las demás personas del entorno.
No obstante, el especialista precisó firmemente que buscar un retoque en procedimientos estéticos no equivale automáticamente a presentar alguna perturbación o patología psiquiátrica.
Tampoco cualquier tipo de disconformidad física con la propia figura representa necesariamente la presencia confirmada de un trastorno dismórfico corporal.
El estudio analiza una investigación de Acta Médica Colombiana de 2025, la cual concibe al TDC como un fenómeno multifactorial bastante complejo.
En esta condición convergen elementos neurobiológicos, vulnerabilidades psicológicas, presiones socioculturales, dinámicas familiares particulares y determinantes genéticos de variada índole.
Aunque los medios y plataformas digitales ejercen influencia social, el origen del padecimiento trasciende el simple consumo de contenido en redes.
Por otra parte, un análisis desarrollado en España y Venezuela durante 2024 vinculó un índice de masa corporal elevado con culpa alimentaria y rechazo físico.
Sastre advirtió que la obsesión por la imagen personal aumenta el riesgo de caer en promociones engañosas que ofrecen cambios corporales milagrosos.
Esa vulnerabilidad emocional se agrava drásticamente cuando faltan recursos económicos, empujando a los usuarios hacia clínicas clandestinas o personal no capacitado.
Por ello, los cirujanos plásticos deben identificar alertas psicológicas y remitir oportunamente al paciente a salud mental antes de operar.
El examen previo debe indagar detalladamente por qué la persona solicita el cambio físico y qué expectativas reales proyecta sobre su vida futura.
Modificar quirúrgicamente un rasgo anatómico no resuelve automáticamente los problemas emocionales o de autoestima que motivaron la consulta médica inicial.
Debido a esto, el cirujano señaló que el abordaje idóneo debe articular equilibradamente la medicina, la salud mental, la educación y la ética.
El informe de la UNAL y del HUN profundiza además en la preparación académica indispensable de quien ejecutará el procedimiento en el quirófano.
La cirugía plástica abarca dos grandes ramas: la reconstructiva, orientada a reparar tejidos dañados, y la estética, enfocada en moldear contornos faciales o corporales.
A pesar de sus distintos objetivos clínicos, ambas ramas exigen destreza técnica, conocimientos especializados rigurosos y una valoración integral del paciente.
Sastre detalló que formar un cirujano plástico requiere entre seis y siete años de medicina general más cuatro o cinco años de residencia médica.
Ese itinerario formativo universitario suma más de un decenio de preparación académica continua antes de obtener el registro para ejercer legalmente en quirófanos.
El reporte recoge datos de la Secretaría Distrital de Salud sobre múltiples irregularidades detectadas en centros estéticos de la ciudad.
Entre las anomalías destacan diplomas falsificados, negligencia médica, medicamentos adulterados, fallas graves de asepsia, publicidad engañosa y falta de seguimiento al paciente.
Por tales razones, al elegir un médico no basta con guiarse por ofertas atractivas, imágenes promocionales ni catálogos publicados en plataformas digitales.
En Colombia, la idoneidad profesional se verifica en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud (ReTHUS), del Ministerio de Salud y Protección Social.
Para practicar procedimientos estéticos invasivos, el profesional debe tener asentada oficialmente la especialidad correspondiente en la base de datos estatal.
Figurar únicamente como médico general o médico estético en la plataforma oficial no acredita la formación requerida como cirujano plástico titulado.
Asimismo, la persona debe exigir información clara, verificando que su nombre conste en las órdenes médicas, la historia clínica y las cotizaciones escritas.
Esta rigurosidad documental permite establecer con absoluta certeza los procedimientos autorizados, la identidad del responsable y las garantías médicas acordadas.
Finalmente, el informe de la UNAL y el HUN recuerda que la seguridad del paciente abarca desde la valoración previa hasta la recuperación posterior completa.
Temas Relacionados:
Te puede interesar
Sigue leyendo