¿Rodrigo Lara sale del mininterior por una seguidilla de errores o por proyecto político?

Nación
Tiempo de lectura: 7 min
Escrito por:  Fredy Moreno
Actualizado: 2026-10-22 08:42:18

La sorpresiva decisión de Abelardo de la Espriella sobre su ministro más importante tiene razones objetivas, pero también razones que solo explica la política.

El Ministerio del Interior no es una cartera más del gabinete presidencial. Es el más importante y ocupa el primer lugar en el orden y precedencia sobre todos los demás. Por debajo están los ministerios de Relaciones Exteriores, Hacienda, Justicia, Defensa y los otros once. Por eso, la salida de Rodrigo Lara, 76 días después de haber sido nombrado, representa un desafío para el Gobierno de Abelardo de la Espriella, que nombrará en su reemplazo al exprocurador y actual embajador de Colombia ante la OEA, Alejandro Ordóñez.

(Le interesa: Luces y sombras que proyectan las declaraciones de la ex primera dama Verónica Alcocer)

La importancia del Ministerio del Interior radica en que es el encargado de la relación entre el Gobierno y el Congreso de la República, es decir que actúa como el puente político entre la rama Ejecutiva (Presidencia) y la Legislativa, coordinando la agenda de los proyectos del Gobierno. Precisamente por un fallo en esa función se habría producido la salida de Lara. La anunció el presidente pocas horas después de que se hundiera en el Congreso la ley del Presupuesto General de la Nación por un error de trámite.

Hay quienes, sin embargo, consideran que el fracaso de la Ley del Presupuesto no fue sino la gota que rebozó la copa, y atribuyen la salida de Lara a muchas más razones. Una de ellas habría sido, cuando recién comenzaba su gestión, la derrota que sufrió el Gobierno en la elección del presidente del Congreso. El candidato de De la Espriella, Alfredo Deluque, perdió ante Honorio Enríquez, del Centro Democrático. Otro aspecto fue la designación del capitán Germán Andrés Miranda como director nacional de Bomberos, pese a los graves indicios de presunta corrupción. Y uno más fue la contratación de Altus Baquero, exmagistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE), como asesor jurídico del despacho de Lara.

Radicalización con el exprocurador Ordóñez

Con la prematura salida de Lara, el presidente De la Espriella deja ver el nivel de exigencia y rigor con que quiere mantener su Gobierno. Si bien han surgido críticas que ven en el caso de Lara un preocupante signo de inestabilidad del Ejecutivo, una osadía si se considera que el jefe de Estado tiene por delante retos en el Congreso por las reformas que pretende impulsar, hay quienes entienden que De la Espriella quiere asegurar que el ministro de la política tenga una estrecha afinidad ideológica con él. En ese sentido se entiende esta suerte de radicalización al designar al exprocurador Ordóñez.

Con Lara, de origen galanista y liberal, el Gobierno tenía un funcionario que conoce la intrincada mecánica parlamentaria, y con buenas relaciones con gran parte del Congreso. Su relación con los congresistas era institucional y prudente. En cambio, Ordóñez no tiene experiencia en manejo de Congreso, su perfil ideológico es muy conservador y de firmes convicciones religiosas, algo complejo en un país laico y en un Congreso en donde la primera fuerza política (la bancada individual más numerosa) es el Pacto Histórico, con el que Ordóñez tiene un viejo duelo desde cuando, como procurador, destituyó de la Alcaldía de Bogotá a Gustavo Petro, hoy jefe de la oposición.

En ese escenario legislativo, en el que también De la Espriella ha conseguido importantes alianzas, el nuevo ministro del Interior debe seguir impulsando en la agenda iniciativas como la ley de sometimiento para grupos armados, que busca establecer un marco jurídico para que bandas criminales y grupos armados organizados se sometan a la justicia sin negociación política, eliminando el enfoque de la “paz total” del gobierno anterior. Superó su primer debate en las Comisiones Primeras conjuntas de Senado y Cámara con la gestión de Lara, pero ahora debe segur su camino con la gestión de Ordóñez.

También, la reforma constitucional sobre transparencia legislativa (ley antimermelada o regulación del lobby), que fue presentada para fortalecer el control de recursos públicos y regular las actividades de cabildeo en el Congreso, y la ley de ajuste fiscal, anunciada por el Ejecutivo para enfrentar el déficit fiscal del país (estimado alrededor del 9,4 % del PIB), que requerirá complejas negociaciones con las bancadas legislativas para lograr recortes del gasto estatal.

¿Salida de Lara tiene objetivo político?

Otras iniciativas por las que deberá remar Ordóñez en las agitadas aguas del Congreso son el estatuto antiterrorista que busca ampliar las facultades operativas y jurídicas del Estado frente a organizaciones criminales; el reconocimiento de Barranquilla como capital alterna, una propuesta de acto legislativo orientado a la descentralización del país; y otras reformas para la reducción del Estado y seguridad, orientadas al recorte del gasto público en hasta una cuarta parte o más, y el fortalecimiento del sistema penitenciario y de justicia.

Sus defensores aseguran que el nombramiento de Ordóñez es un acierto del presidente De la Espriella en su propósito de luchar por la recuperación de valores y de principios. Sus detractores recuerdan que, como procurador, se caracterizó por su oposición a decisiones de las altas cortes relacionadas con derechos sexuales y reproductivos, diversidad sexual y el proceso de paz entre el gobierno y las Farc. Eso marcó su gestión al frente del Ministerio Público, lo mismo que el hecho de que durante su primer periodo en ese cargo destituyó a 828 alcaldes y 49 gobernadores, y sancionó a cientos de concejales, congresistas y otros funcionarios.

Por otra parte, hay quienes ven en la salida de Lara del Ministerio del Interior no una derrota ni un fracaso, sino una estrategia, una oportunidad. Como la política es entendida desde la perspectiva del arte de lo posible, ven en el ahora exministro del Interior un candidato habilitado para la alcaldía de Bogotá. Eso con miras a la contienda electoral en las ciudades y las regiones que se avecina el año entrante. Lara ya fue candidato en las elecciones pasadas, en las que se enfrentó a Carlos Fernando Galán, Juan Daniel Oviedo y Gustavo Bolívar. Sin embargo, se abre un enorme interrogante: ¿Con qué respaldo político cuenta Lara?

En todo caso, resultaría una posibilidad admisible si se tiene en cuenta que las elecciones regionales del año entrante serán el primer raund por el poder antes de volver a la contienda por la presidencia en 2030. La derecha buscará prolongar su proyecto político frente a una izquierda seriamente fortalecida y con posibilidades reales de regresar. Lara, en apariencia, sale por una cadena de errores, pero no deja de ser uno de los mejores exponentes del pensamiento abelardista. Si no fuera así, no se entendería por qué lo nombró en el ministerio más importante.

Temas Relacionados:

Te puede interesar

Sigue leyendo