Germán Vargas Lleras y Mateo Pérez Rueda, dos pérdidas irreparables para la democracia

Nación
Tiempo de lectura: 7 min
Escrito por:  Fredy Moreno
Actualizado: 2026-05-09 08:05:27

Nada tenían en común, ninguna conexión había entre estas dos vidas, salvo la esforzada lucha que cada uno libraba a su manera por la democracia.

El mismo día en que se confirmó el vil asesinato del joven periodista Mateo Pérez Rueda, en Briceño (Antioquia), a manos de la disidencia de las Farc Frente 36, el país también se enteró de la muerte, después de una penosa enfermedad, del exvicepresidente Germán Vargas Lleras. Nada tenían en común, ninguna conexión había entre estas dos vidas, salvo la lucha, cada uno a su manera, por la democracia.

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Vargas Lleras ejercía el liderazgo de su partido, Cambio Radical, y tenía como tribunas de denuncia y opinión su cuenta de X y una columna muy leída en el diario El Tiempo; mientras que Pérez Rueda dirigía el medio regional digital e impreso El Confidente, con sede en el municipio de Yarumal, también en Antioquia. A ambos los movían preocupaciones legítimas sobre el país y la región, respectivamente, que después serían difundidas en los medios en los que opinaban e informaban cada uno por su lado.

No se trata de hacer un paralelismo sin fundamento entre el veterano político de 64 años, de dimensión histórica y nacional, y el novel periodista que solo iba a cumplir 25 años y apenas se estaba dando a conocer en su remota región. Se trata de evitar que, de nuevo, un giro caprichoso de la historia reduzca la visibilidad sobre un hecho grave, execrable, como el asesinato de Mateo, y haga que los focos se dirijan a otro hecho también grave, pero producto de la naturaleza, como la muerte de Vargas Lleras.

Vargas Lleras advertía factores que terminarían con Mateo Pérez

Que no ocurra algo parecido, guardando todas las proporciones, a lo del Palacio de Justicia hace 40 años: cuando el país no salía de la estupefacción y el aborrecimiento por la cruenta toma a la sede de la justicia por parte de un comando del M-19, que dejó más de 100 muertos, ocho días después se produjo el desastre natural de Armero, en el que perdieron la vida más de 25.000 personas. Para desgracia de todas las víctimas del Palacio de Justicia, Armero captó toda la atención y relegó a un segundo plano el holocausto que provocó el grupo guerrillero.

El abominable asesinato de Mateo, el reproche nacional a los criminales que lo ejecutaron cuando estaba en absoluto estado de indefensión, así como el profundo dolor de sus padres, familiares y allegados, no pueden ser relegados por la también lamentable pérdida de un personaje de la talla de Vargas Lleras. La figura de quien fuera secretario general del Partido Liberal, concejal de Bogotá, senador de la República elegido en cuatro periodos consecutivos, dos veces ministro de Estado, vicepresidente de la República y dos veces candidato a la Presidencia, no puede proyectar una sombra que invisibilice lo que le hicieron a un prometedor periodista de provincia.

Levantar la voz contra el atroz asesinato de Mateo también es una manera de rendir homenaje a Vargas Lleras, que siempre se preocupó por el riesgo que corre la democracia en Colombia, una de cuyas principales expresiones es la libertad de prensa, ese derecho que le cercenaron brutalmente al joven antioqueño.

Lo mismo que sucedió en la Venezuela de Chávez y Maduro, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, la Nicaragua de Ortega y, por supuesto, la Cuba de Fidel podría suceder aquí. Con excepción de esta última, todos estos dictadores llegaron al poder a costa de las democracias de sus países y luego las aplastaron. ¿Cómo no entender que todos vinieron para quedarse? Colombia verá si lo permite”, escribió el exvicepresidente en una de sus últimas columnas en el diario capitalino.

Otro de sus mensajes, emitido con ocasión de las elecciones legislativas de marzo pasado, retumba hoy también por el asesinato de Mateo, como si Vargas Lleras hablara desde el más allá advirtiendo al país por el reclamo contra los violentos y por la coincidencia de la proximidad de unas elecciones: “Hoy, los colombianos decidimos; es hora de poner fin a este mal gobierno. Violencia patrocinada por el Estado, inversión paralizada, sistema de salud colapsado, inseguridad jurídica, corrupción rampante, déficit creciente y grupos ilegales que se fortalecen cada día […]”.

Preferible un solo Mateo al puñado de brutos que lo mataron

Fue precisamente uno de esos grupos ilegales el que no le perdonó a Mateo haber tenido la osadía de desplazarse desde su natal Yarumal hasta el municipio cercano de Briceño, en el norte de Antioquia. Su pecado fue ir a documentar los enfrentamientos entre el Ejército y el frente 36 de las disidencias de las Farc, cuyo principal cabecilla es Alexánder Díaz, alias ‘Calarcá’, de interminable prontuario criminal, pero con orden de captura suspendida y autorización para moverse a sus anchas por estar en una hasta ahora improductiva mesa de diálogo con el Gobierno del presidente Petro.

¿Los criminales no hubieran podido simplemente impedir el acceso de Mateo a la región y hacer que volviera por donde llegó? ¿No habrían podido también tomarse unas horas para verificar quién era ese joven comunicador? ¿O fue precisamente porque lo identificaron que decidieron acabar con su vida ‘ipso facto’? ¿Era necesario tal nivel de brutalidad para enviar el mensaje de que ellos son los que mandan en la zona? Lo que han conseguido es despertar el repudio y el desprecio del país que prefiere a un solo Mateo, estudioso, dedicado, preocupado por su región, lleno de vida e ilusión, a un puñado de brutos cuya valía se mide solo por el calibre de las armas que portan.

A Vargas Lleras las Farc también intentaron asesinarlo en dos oportunidades, sin conseguirlo: el 13 de diciembre de 2002, en un atentado en el que usaron un libro bomba, entregado en su oficina de senador, y en octubre de 2005 con un carro bomba activado al paso de su caravana. Del primer ataque le quedaron graves lesiones y perdió varios dedos de la mano izquierda, y del segundo salió ileso. Pero eso no hizo más que fortalecer su postura política y de rechazo a los regímenes autoritarios, del pelambre que fueran, desde los de derecha hasta los que derivan de la izquierda antidemocrática.

Este sábado 9 de mayo, por una coincidencia de la historia, las campanas están doblando (el recurso literario al que tanto le gusta apelar el presidente  Petro) por el periodista Mateo Pérez Rueda y por el exvicepresidente Germán Vargas Llleras. Pero también doblan por la democracia y la libertad de prensa, cuyo Día Mundial recién se acaba de celebrar el pasado 3 de mayo. El asesinato de Mateo prueba que Colombia sigue siendo un país muy peligroso para ejercer la profesión de periodista, pese a las promesas de cambio.

Homicidios reportados en Colombia

El siguiente mapa, desarrollado por Esri Colombia, muestra información de homicidios reportados en Colombia por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

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