Probé entrenar antes y después del trabajo y descubrí cuál horario me rinde más
La energía, el sueño y hasta las obligaciones del día pueden cambiar la experiencia de entrenar a una hora determinada, según cada persona.
Durante mucho tiempo tuve el mismo problema: quería hacer ejercicio con frecuencia, pero cuando llegaba el momento de entrenar siempre aparecía alguna excusa.
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Si intentaba hacerlo antes del trabajo, tenía que madrugar bastante más de lo habitual. Si lo dejaba para la noche, llegaba cansado después de pasar buena parte del día frente al computador.
Así que decidí probar las dos alternativas durante varias semanas: algunos días entrené temprano y otros esperé hasta terminar la jornada laboral.
La experiencia me dejó algo bastante claro: no existe una hora universalmente perfecta para entrenar. El mejor momento depende de factores como el sueño, los horarios laborales, el nivel de energía y, sobre todo, la capacidad de convertir ese momento en un hábito.
Pero sí hay diferencias que vale la pena conocer.
¿Es mejor entrenar antes o después del trabajo?
La primera opción que probé fue levantarme temprano.
La ventaja era evidente: empezaba el día con el entrenamiento hecho. No importaba si después aparecía una reunión, un pendiente inesperado o cualquier otro compromiso. El ejercicio ya estaba tachado de mi lista.
El problema era otro: tenía que organizar muy bien mis horas de sueño.
Si quería entrenar a las 6:00 de la mañana, no podía simplemente poner una alarma y esperar que el cuerpo funcionara como si nada. Dormir poco para hacer ejercicio terminaba afectando mi energía durante el resto del día.
Por eso, entrenar antes del trabajo puede funcionar muy bien para quienes consiguen acostarse temprano y mantienen horarios de sueño relativamente estables.
Después probé la alternativa contraria: terminar el trabajo y dirigirme directamente al gimnasio.
Ahí tenía más tiempo para despertar completamente, comer y llegar con otra disposición. Sin embargo, había una dificultad: después de una jornada pesada, era mucho más fácil pensar ‘mañana entreno’.
Y ese ‘mañana’ podía convertirse rápidamente en varios días.
¿Cuál es el mejor horario para hacer ejercicio?
Después de probar ambos horarios, entendí que la pregunta no debería ser únicamente a qué hora es mejor entrenar, sino a qué hora puedo hacerlo de manera constante.
Si una persona tiene mucha energía en la mañana y puede dormir lo suficiente, entrenar antes del trabajo puede ser una excelente alternativa.
Para alguien que necesita más tiempo para despertar o que termina su jornada con bastante energía, entrenar después del trabajo puede resultar más cómodo. También influye el tipo de entrenamiento.
Una sesión tranquila puede sentirse muy diferente a un entrenamiento intenso de fuerza, running o cardio. Por eso tampoco conviene asumir que el horario que funciona para otra persona necesariamente funcionará para nosotros.
¿Es bueno entrenar en la mañana antes de trabajar?
En mi caso, lo mejor de entrenar temprano fue la sensación de haber cumplido antes de comenzar el día. Además, eliminaba uno de los principales enemigos de cualquier rutina: los imprevistos.
Pero para hacerlo sostenible tuve que cambiar algo que inicialmente no había considerado: la hora de dormir.
Madrugar para entrenar no tiene demasiado sentido si significa dormir considerablemente menos. El descanso también hace parte de la recuperación y del rendimiento físico.
Por eso, si alguien quiere empezar a entrenar antes del trabajo, una buena estrategia es mover progresivamente la hora de acostarse y no intentar cambiar todo de un día para otro.
También ayuda preparar desde la noche anterior la ropa, los tenis, la botella de agua y todo lo necesario para salir rápidamente de la cama.
¿Es mejor hacer ejercicio después del trabajo?
Esta fue la opción que terminó resultándome más cómoda algunos días. Después de terminar la jornada podía dedicar unos minutos a cambiarme, hidratarme y comenzar el entrenamiento sin tener que pelear contra el sueño de la mañana.
El gran reto era no pasar primero por la casa y sentarme ‘solo un momento’. Ese momento podía convertirse fácilmente en sofá, comida y cero gimnasio.
Por eso encontré que, si iba a entrenar después del trabajo, lo mejor era no dejar demasiado espacio entre una actividad y otra. Terminar la jornada y comenzar el entrenamiento casi como una segunda parte del día funcionaba mejor.
¿A qué hora conviene entrenar para tener más energía?
Aquí descubrí que la respuesta era mucho más personal de lo que imaginaba. Hay días en los que una persona puede sentirse fuerte temprano y otros en los que necesita varias horas para alcanzar su mejor nivel de energía.
Por eso, más que perseguir una supuesta ‘hora perfecta’, conviene observar durante algunos días cuándo se siente mejor el cuerpo.
Una buena forma de hacerlo es prestar atención a tres cosas:
- Energía: ¿en qué momento siento más disposición para entrenar?
- Rendimiento: ¿cuándo consigo completar mejor la rutina?
- Constancia: ¿qué horario puedo mantener incluso cuando tengo un día complicado?
La tercera terminó siendo la más importante para mí. Porque un horario perfecto que solo puedo cumplir una vez por semana sirve de poco frente a uno suficientemente bueno que puedo mantener cuatro veces.
¿Cómo organizar el entrenamiento si trabajo todo el día?
Mi principal aprendizaje fue dejar de pensar en el entrenamiento como algo que tenía que ‘encajar’ al final del día. Empecé a tratarlo como cualquier otra actividad importante de la agenda.
Si iba a entrenar temprano, dejaba preparada la ropa desde la noche anterior. Si lo hacía después del trabajo, procuraba tener definido desde la mañana qué entrenamiento iba a hacer.
También aprendí a no complicar demasiado las cosas.
No todos los días tienen que ser sesiones largas. Algunos pueden estar destinados a fuerza, otros a cardio y otros a una actividad más ligera, dependiendo de los objetivos y del nivel de cada persona.
Al final, encontrar el mejor horario para entrenar no fue descubrir una hora mágica. Fue encontrar un momento del día que pudiera repetir sin convertir el ejercicio en otra fuente de estrés.
Y esa terminó siendo la diferencia entre simplemente querer entrenar y conseguir que el entrenamiento realmente hiciera parte de mi rutina.
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