De una violada a su agresor: “No me conoces, pero has estado dentro de mí”

En una carta de 12 páginas, la víctima relata lo sucedido y cómo el sistema trató de desacreditarla por estar inconsciente.

 
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Y continuó: “Por eso, estamos aquí”.

Así comenzó el relato la joven de 23 años, identificada únicamente con el nombre falso de Emily Doe, durante el juicio en el que su atacante, el estudiante de Stanford Brock Turner, fue sentenciado a solo 6 meses de prisión por abusar sexualmente de ella.

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La joven explica que en la noche de enero de 2015 en que se dirigió a una fiesta con su hermana menor bebió más de la cuenta y que lo siguiente que recuerda es despertar en una clínica, donde le dijeron que había sido abusada detrás de un basurero. Allí, la joven tuvo que enfrentar exhaustivas tomas de pruebas y fotografías de su cuerpo y sus genitales.

“Tras unas horas de esto, me dejaron duchar. Me quedé ahí de pie, examinando mi cuerpo bajo el chorro de agua y decidí que no quería mi cuerpo más. Estaba aterrorizada de él, no sabía qué había estado dentro él, si había sido contaminado, quién lo había tocado. Quería quitarme mi cuerpo como una chaqueta y dejarlo en el hospital con todo lo demás”.

Tiempo después, Emily debió regresar a su vida “normal”, aunque no había sido capaz de contarles lo sucedido a sus padres o a su novio y fue un día, durante el trabajo, que se enteró a través de un sitio de noticias, cómo la habían encontrado.

“Me encontraron inconsciente con mi cabello revuelto, el largo collar enredado en mi cuello, el brasier por fuera del vestido, mi vestido por encima de los hombros y arriba de mi cintura, estaba desnuda de la cintura hacia abajo hasta mis botas, las piernas abiertas y había sido penetrada por un objeto foráneo, por alguien que no reconocí”.

Lo peor de la noticia, dice la joven, es que según el abusador, a ella le había gustado. Más adelante, ella se enteró que tras el abuso, Turner dijo que no sabía el nombre de Emily y que no podría reconocer su rostro. Que habían bailado y se habían besado y que no sabía cómo habían terminado detrás del basurero. Su justificación, para decir que a ella le había gustado, fue que le había agarrado la espalda.

Aunque al principio Emily no pensó que el caso llegara a la corte, pronto se enteró de que Turner, estudiante de primer año de la Universidad de Stanford, había contratado a un prominente abogado e investigadores privados que investigarían en su vida para tratar de desacreditarla y probar que él simplemente había estado “confundido”.

“No solamente me dijeron que fui abusada, me dijeron que como no podía recordar, técnicamente no podía probar que no había sido consensuado. Y eso me distorsionó, me dañó, casi me rompió. Es el peor tipo de confusión que me dijeran que fui abusada y casi violada, afuera, a la intemperie, pero no sabemos todavía si cuenta como abuso”.

Efectivamente, el abogado de Turner le insistió al jurado que al único a quien se le podía creer era a su cliente, porque la víctima no podía recordar absolutamente nada. También, fue cuestionada con preguntas que buscaban hurgar en su vida amorosa y sexual, en si era una “fiestera” o si solía beber mucho en la universidad.

Cuando Turner testificó, cambió la historia de que no recordaba por qué terminaron en el basurero y dijo que ella había aceptado bailar con él, que había dicho que quería ir con él a su dormitorio y que cuando él le preguntó si podía meterle los dedos en la vagina, ella había dicho que sí. Añadió que ella estaba en el piso porque se había caído.

Según Turner, en medio del acto fue descubierto por dos enormes estudiantes suecos y echó a correr porque sintió miedo de que lo atacaran. Fueron ellos quienes llamaron a la policía al ver a la joven.

La extensa carta continúa invalidando los pobres argumentos de Turner, como que al estar borrachos ninguno de los dos podría haber tomado buenas decisiones, o que no había sido intención de él revictimizarla y que eso había sido el enfoque que había tomado su abogado.

“Mi daño fue interno, no visto, lo llevo conmigo. Te llevaste mi valor, mi privacidad, mi energía, mi tiempo, mi seguridad, mi intimidad, mi confianza, mi propia voz, hasta hoy”. Dice la joven al final de su relato, donde le dice a su abusador que aún le queda una vida por delante para redimirse con el mundo y que ella solo espera que asuma responsabilidad por lo que hizo y que entienda que no estuvo bien.

Aunque todos los miembros del jurado declararon culpable a Turner de 3 delitos: ataque con intención de cometer violación de una persona intoxicada/inconsciente, penetración de una persona intoxicada y penetración de una persona inconsciente, el juez ha causado indignación al argüir que le dio la breve condena al acusado porque temía que esta podría tener un impacto “severo” en él.

Las declaraciones del padre de Turner también causaron indignación, pues afirmó que la condena de su hijo fue un “considerable precio qué pagar por 20 minutos de acción”, afirmación por la que tuvo que ofrecer disculpas.

Vea aquí el relato completo en español 

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