"Me quedé en la calle": desgarrador relato de mujer que perdió su apartamento por terremoto en Cali

Nación
Tiempo de lectura: 4 min

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Escrito por:  Fabián Ramírez
Actualizado: 2026-08-20 07:43:51

Residentes del edificio Archinié en Cali denuncian el abandono estatal y la falta de respuestas de la inmobiliaria tras perder sus viviendas en el sismo.

El devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto de 2026 dejó cicatrices profundas, no solo en la infraestructura de las ciudades, sino en la vida de miles de familias que, en cuestión de segundos, vieron cómo el esfuerzo de toda una vida se convertía en escombros. Uno de los puntos más críticos de esta emergencia se registró en la capital del Valle del Cauca, específicamente en el sur de la ciudad, donde el edificio Archinié, ubicado en la carrera 41 con calle séptima, en el barrio Los Cambulos, colapsó bajo la fuerza del movimiento telúrico, dejando a sus habitantes en una situación de total desamparo.

El caso de esta edificación, que cuenta con una antigüedad de cuarenta años, ha generado una indignación creciente entre los afectados, pues el inmueble se encuentra bajo la administración de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), lo que añade una capa de complejidad burocrática a la tragedia.

María Elena, una de las residentes más afectadas, narró con profunda angustia la incertidumbre que rodea su situación y la falta de respuestas claras por parte de las autoridades y la inmobiliaria Emporio, encargada del recaudo de los arriendos. Al hablar sobre la falta de asistencia, María Helena afirmó al aire en Blu Radio: “De mi parte no he podido, hay bastante riesgo. Tampoco se ha pronunciado la inmobiliaria y no nos ha dicho si nos va a reubicar o qué va a hacer, esto todo se lo han dejado al alcalde y cuando uno toma en arriendo a uno le piden fiador con bienes raíces, que trabaje, una serie de documentos en los cuales uno debe responder”.

La mujer, de 66 años, denunció además las condiciones desiguales en la relación contractual que mantenían con la inmobiliaria antes de la tragedia. “El edificio tiene 40 años, nunca preguntamos si era sismoresistente, para nada. El apartamento era grandecito, tenía 4 cuartos y una habitación bastante amplia. Pagábamos 1’800.000 a Emporio, la inmobiliaria. Ellos siempre estaban pendientes del pago y si uno se demoraba le subían el canon un 10 %”, relató con impotencia, destacando el contraste entre la eficiencia para el cobro y la ausencia total de auxilio en el momento crítico.

Por su parte, Vanessa, hija de María Elena, revivió los momentos de terror que vivió dentro del apartamento en el tercer piso cuando la tierra comenzó a moverse. “La verdad en el momento no sabemos, estamos en esperar a ver qué va a pasar, estamos en el limbo. Yo estaba dentro del apartamento, estaba dormida y cuando empezó a temblar me desperté buscando a mi mamá, pero ella estaba en la iglesia, cuando me desperté todo empezó a caerse los muros, cogí el perro e iba a salir, pero no pude”, confesó. La joven admitió que, aunque logró recuperar algunas pertenencias esenciales tras el colapso inicial, el impacto psicológico le impidió regresar a los niveles superiores de la edificación: “Me animé a subir cuando todo pasó por mi celular y mis papeles, pero ya no volví a subir porque me dio un ataque de pánico, está muy feo todo”.

El panorama para María Helena es desgarrador, pues a su edad se enfrenta a la pérdida total de su patrimonio y al miedo de depender de la caridad ajena. “Hay pérdida total, yo lo que digo que a esta edad dónde me voy a meter. No faltará la persona que diga acá está la cama, el colchón, pero no es orgullo, el estar sentado en un andén, en la calle, no faltará la persona que le dé posada a uno, pero al mes uno va a estar siendo peso para la persona que le está dando ayuda. Yo tengo 66 años y mi pensión no alcanza, uno estaba en un confort, pero ya el señor dijo no más confort y miren a ver qué hacen, el señor proveerá”, concluyó la mujer, reflejando el drama de miles de colombianos que hoy esperan una solución habitacional definitiva mientras el limbo institucional parece prolongarse indefinidamente.

 

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