Destapan verdad sobre satélite espacial de Colombia que Petro chicaneó y se perdió antes de lo previsto

Nación
Tiempo de lectura: 11 min
Escrito por:  Redacción Nación
Actualizado: 2026-09-26 10:07:37

Estos artefactos son determinantes para la revisión de fenómenos naturales, como el terremoto del pasado 10 de agosto que dejó miles de damnificados.

Así como se revelaron secretos de los megaoperativos del actual Gobierno Nacional, otro de los hechos no contados que se presentó en la pasada administración no pasa desapercibido en un caso del que ahora se conoce la verdad.

El FACSAT-2, único satélite operativo con el que contaba el país, se salió de órbita casi un año antes, en 2025, de acuerdo con relato que hace El Tiempo luego de un seguimiento especial. El artefacto terminó desintegrándose en la atmósfera terrestre apenas 30 meses después de su lanzamiento espacial.

En ese momento todavía le quedaban, al menos, dos años y medio de operación y doce y medio de presencia orbital. Este hecho, diferente a la exposición con la que se anunció su puesta en órbita, no fue difundido públicamente por la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC).

Un estudio recién publicado en la plataforma arXiv da cuenta de cómo el aparato, diseñado para hacer observación de la Tierra y tomar fotos del territorio de manera continua, se salió de la órbita.

El reporte señala que el artefacto falló sin haber cumplido la mitad de la vida estimada en las previsiones más pesimistas, y la quinta parte en las más optimistas.

De acuerdo con la investigación, titulada ‘Reentrada prematura del nanosatélite FACSAT-2: decaimiento orbital y atribución al máximo del ciclo solar 25’ el objeto perdió altura más rápido de lo previsto.

Posteriormente, el satélite reingresó a la Tierra de manera no planeada el 27 de octubre de 2025, desintegrándose al hacer contacto con la atmósfera. Ese fue el fin del FACSAT-2, único satélite operativo de Colombia.

Santiago Vargas, profesor del Observatorio Astronómico Nacional y autor principal del estudio, explica que, para llegar a esta conclusión, él y su equipo utilizaron bases de datos internacionales.

El grupo de investigadores, conformado por estudiantes del Doctorado en Ciencias – Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia, usó información de Space-Track y CelesTrak.

“Nuestra principal hipótesis es que el FACSAT-2 fue afectado por la intensa actividad solar atribuida al ciclo solar 25. El Sol fue mucho más activo de lo que se pronosticaba cuando se diseñó la misión, lo que llevó a que la atmósfera terrestre se expandiera y aumentara el frenado sobre los satélites, no solo sobre el FACSAT-2. Con la actividad prevista inicialmente para la misión, el satélite habría durado cerca de un 50 por ciento más. A esto se suman las tormentas geomagnéticas, como la tormenta Gannon de mayo de 2024, la más intensa en dos décadas. En los eventos más fuertes el frenado casi se duplica y, en conjunto, explican alrededor de una quinta parte del tiempo perdido en la misión”, explica Vargas.

El programa FACSAT comenzó con la puesta en órbita del nanosatélite FACSAT-1, lanzado en noviembre de 2018 y equipado con una cámara de 30 metros por píxel.

Su vida útil estaba prevista para cinco años y reingresó a la atmósfera en junio de 2023. Como parte del programa, y para garantizar la operación de los satélites, la FAC construyó, en Cali, el Centro de Operaciones Espaciales (SpOC). La instalación quedó ubicada en la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez.

Según la FAC, cuenta con la “capacidad de realizar seguimiento, rastreo de satélites y predicción de órbitas en tiempo real, y posibilita el análisis de la información geoespacial de observación de la tierra y otras aplicaciones”.

El 15 de abril de 2023, la Fuerza Aeroespacial lanzó el FACSAT-2 Chiribiquete desde un cohete Falcon 9 de SpaceX que despegó de la base Vandenberg Space Force, en California, Estados Unidos. El entonces presidente de Colombia, Gustavo Petro, exaltó el lanzamiento al espacio.

Al igual que el FACSAT-1, el desarrollo del aparato fue contratado con GomSpace. A diferencia de su antecesor, Chiribiquete llevaba más instrumentos de investigación, incluyendo una cámara multiespectral MultiScape, con una resolución de 4,7 metros por píxel. Aquel lente resultaba considerablemente mejor que el del FACSAT-1.

También incorporaba un espectrómetro infrarrojo, fruto de un convenio con Ecopetrol, para monitorear la emisión de gases de efecto invernadero, como el metano y el dióxido de carbono.

Sin embargo, y pese al final de la misión tan solo 30 meses después, las páginas oficiales mantenían reportes desactualizados.

En los portales de la Fuerza Aeroespacial y del Ministerio de Defensa, hasta hace solo unos pocos días, continuaba apareciendo información indicando que el FACSAT-2 seguía operativo.

Aquel reporte institucional figuraba publicado casi un año después de su desintegración real.

El 14 de noviembre de 2025, en una noticia publicada en el portal de la Fuerza Aeroespacial, fac.mil.co, y titulada ‘Con la mirada puesta en el espacio, FAC conmemora 106 años’ se lee: “la Fuerza Aeroespacial Colombiana a través de sus más de 13 mil integrantes, mantiene su compromiso con el dominio del aire, el espacio y el ciberespacio, consolidándose como una Institución al servicio de la seguridad, la ciencia y el desarrollo nacional”.

Y, más adelante: “En el ámbito espacial, adelanta la creación del FACSAT-Ill, constelación satelital de producción nacional y junto al FACSAT-II, sigue aportando información clave para el monitoreo ambiental”.

Un mes más tarde, el 31 de diciembre de 2025, en otro post en el mismo sitio web, titulado ‘Una fuerza que acompaña, protege y actúa con humanidad’ se aseguraba:

“Uno de los hitos estratégicos más relevantes ha sido el fortalecimiento de las capacidades espaciales con el satélite FACSAT-2, puesto en órbita en abril de 2023. A la fecha, ha completado cerca de 12.800 órbitas, capturando alrededor de 1.400 imágenes, aportando información geoespacial clave para la seguridad, la gestión del riesgo y la investigación científica”.

Ambas publicaciones fueron consultadas por última vez el 3 de septiembre de este año. El Tiempo reveló que consultó a la Fuerza Aeroespacial, a través de un derecho de petición, si tenían conocimiento sobre la pérdida prematura del FACSAT-2.

“La FAC, a través del Centro de Operaciones Espaciales (SpOC), tuvo pleno conocimiento del estado del satélite y mantuvo en todo momento el monitoreo de comando y control del FACSAT-2. Es preciso aclarar que el término de la misión responde a un proceso nominal de reentrada atmosférica derivado de la mecánica orbital de la Órbita Baja Terrestre (LEO). Esta vigilancia analítica permitió mantener la previsibilidad de la trayectoria, optimizar la planificación de la misión y gestionar la plataforma durante todo su ciclo de vida”, contestó la entidad.

Además, la FAC indicó que “el concepto del programa FACSAT, está enmarcado en la dinámica del ‘New Space Race’ (Nueva Carrera Espacial), que enfatiza el diseño de misiones cortas en la órbita baja para favorecer el reemplazo tecnológico, la disminución de la basura espacial y la reducción de los costos de las misiones, por lo anterior llegó a la fase de disposición final cumpliendo los objetivos para lo cual fue diseñado el satélite”.

No obstante, y de acuerdo con la investigadora Ángel, la explicación basada ahora en el ‘New Space Race’ resulta contradictoria con los antecedentes conocidos.

“En 2021, el artículo ‘Evolución orbital del satélite FACSAT-1 y estimación de su tiempo de reentrada’ (publicado en la revista Ciencia y Poder Aéreo, de la Escuela de Posgrados de la Fuerza Aérea), señalaba una vida útil proyectada de cinco años (para el primer satélite del programa) y documentaba que la actividad solar ya estaba acelerando significativamente su decaimiento orbital. Es decir, el fenómeno que hoy presentan como parte natural de una filosofía de ‘misiones cortas’ ya había sido identificado previamente como un factor capaz de reducir la vida orbital. Por eso, no es coherente reinterpretar ahora la reentrada prematura de FACSAT-2 como una consecuencia normal del New Space”.

Ante la pregunta sobre por qué no hubo anuncio público, la FAC indicó que la notificación formal se ejecutó ante la Oficina de las Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA).

Según la entidad, la última comunicación bidireccional ocurrió el 27 de octubre de 2025; “la confirmación analítica del reingreso se consolidó el 11 de noviembre y el 1 de diciembre se radicó el informe ante la Cancillería para su transmisión a Naciones Unidas”.

El Tiempo consultó las bases de datos de UNOOSA y no encontró registro de esa comunicación, a diferencia de lo ocurrido con el FACSAT-1.

El mecnionado diario indicó que solicitó los soportes a la FAC y recibió una copia del formulario diligenciado y un número de radicado de la Cancillería, no así una copia del registro oficial.

Caso contrario a lo que ocurre con el FACSAT-1, cuya desintegración sí quedó registrada, bajo la nota verbal ST/SG/SER.E/885/Add.1.

Ángel añade que, aun si la notificación internacional se produjo, esta no sustituye la comunicación pública obligatoria dentro del territorio colombiano.

“Haber informado a Naciones Unidas no responde por qué la FAC, que anunció ampliamente el lanzamiento, no comunicó publicly en Colombia la reentrada y finalización de FACSAT-2”, afirma.

“UNOOSA recibe información de los Estados sobre sus objetos espaciales, pero no es el canal mediante el cual una entidad colombiana informa a la ciudadanía sobre el cierre de una misión nacional. La Ley 1712 de 2014 exige a las entidades públicas colombianas una divulgación proactiva, accesible y comprensible de información de interés público. Haber informado a Naciones Unidas no responde por qué la FAC, que anunció ampliamente el lanzamiento, no comunicó públicamente en Colombia la reentrada y finalización de FACSAT-2”, asevera Ángel.

Además, cabe señalar un detalle que no es menor respecto a la postura internacional sostenida previamente por la delegación del país.

En diciembre de 2020, Colombia ya había defendido ante las Naciones Unidas la necesidad de registrar también el término de la vida útil de los objetos espaciales.

En una comunicación de ese año al Comité Sobre los Usos Pacíficos del Espacio Exterior (Copuos) el país señaló que los Estados deberían promover tanto el registro de los objetos lanzados como el registro de “the end of the useful life of those objects” y su estado antes de perder el control sobre ellos.

FUENTES CONSULTADAS

Temas Relacionados:

Te puede interesar

Sigue leyendo