El presidente electo Abelardo De La Espriella se pronunció sobre la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado.

"No tengo ningún veto": sorpresiva reacción de De la Espriella tras el pulso perdido en el Congreso

Nación
Tiempo de lectura: 5 min
Escrito por:  Fabián Ramírez
Actualizado: 2026-07-21 10:12:24

El presidente electo rompió el silencio con un mensaje en video donde minimizó el choque y aplaudió la independencia de poderes en el legislativo.

El escenario político colombiano experimentó un remezón inesperado tras la elección de Honorio Henríquez como nuevo presidente del Senado, un pulso en el que el candidato respaldado inicialmente por el presidente electo, Abelardo De La Espriella, terminó cediendo ante una convergencia de fuerzas que sorprendió a propios y extraños.

Mientras diversos sectores analizaban las repercusiones de este primer traspié legislativo para la administración entrante —enmarcado en un inusual ajedrez político que incluyó guiños recientes entre el expresidente Álvaro Uribe y el saliente mandatario Gustavo Petro—, la reacción oficial del propio De La Espriella no tardó en llegar, descartando cualquier atisbo de crisis institucional y adoptando una postura de absoluta tranquilidad frente al tablero del Congreso de la República.

A través de un mensaje grabado en video, el presidente electo rompió el silencio para fijar su posición frente a la designación de Henríquez, despejando dudas sobre posibles tensiones y enviando un mensaje directo sobre su visión del poder legislativo y ejecutivo en el cuatrienio que está a punto de comenzar.

Lejos de mostrarse preocupado o confrontacional por el resultado adverso para su carta inicial, Alfredo Deluque, el mandatario electo aseguró que esta situación lo llena de optimismo, calificándola como una prueba contundente de madurez institucional. En sus propias palabras, expresadas directamente ante la opinión pública, señaló: “A mí, lejos de preocuparme esa situación, me llena de optimismo porque es la demostración de que existe una auténtica independencia entre el poder legislativo y el ejecutivo, y esa independencia sin duda fortalece a nuestra democracia y dignifica las instituciones”.

Con este pronunciamiento, De La Espriella buscó aplacar los rumores de un choque de trenes inminente con el Congreso, subrayando que la separación de poderes no debe ser vista como una debilidad del Ejecutivo, sino como un pilar fundamental para el equilibrio democrático de la nación.

Asimismo, el presidente electo aprovechó la coyuntura para marcar distancia frente a las prácticas tradicionales de la política criolla, enfatizando su deseo de transformar la manera en que se tejen los acuerdos y las alianzas en las altas esferas del Estado. Enérgico y directo en su intervención, manifestó que quiere que los colombianos se acostumbren a una nueva forma de hacer política, describiéndola como un ejercicio transparente donde prevalezca un gobierno que hace lo correcto, respeta las instituciones y, de manera categórica, “no compra apoyos”.

Esta declaración adquiere un peso especial si se tiene en cuenta que la elección de Henríquez se dio en medio de intensas negociaciones subterráneas y acuerdos cruzados en los pasillos del Capitolio Nacional.

Al referirse específicamente al nuevo presidente del Senado, De La Espriella despejó cualquier suspicacia sobre enemistades o animadversiones personales, revelando que su relación con él data de décadas atrás y reconociendo su trayectoria legislativa. Al respecto, afirmó de manera explícita: “No tengo ningún veto ni animadversión contra el doctor Honorio Henríquez, ya lo voy a llamar a felicitarlo, lo conozco desde hace más de treinta años. Yo respeto la decisión soberana del Senado y le deseo al doctor Honorio el mayor de los éxitos en su gestión”.

De igual manera, el mandatario electo expresó su confianza en que el Centro Democrático, partido al que pertenece Henríquez y que fue definido desde el principio como parte de la coalición de gobierno, respaldará firmemente todas las iniciativas orientadas a beneficiar al país, mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía y blindar las libertades democráticas.

En el tramo final de su pronunciamiento, De La Espriella desestimó la turbulencia política y las disputas menores por cuotas burocráticas de poder, confesando abiertamente su desinterés por los tejemanejes partidistas tradicionales. Con un tono firme que buscó reorientar la atención hacia los grandes objetivos nacionales, concluyó señalando que no es un político tradicional y que le aburre profundamente esa carpintería de la política, reafirmando que su administración estará enfocada por completo en la gran política, entendida esta como el deber ineludible de servir a Colombia, transformar las estructuras del país y volcar todos los esfuerzos institucionales en ayudar, de manera prioritaria, a los sectores más vulnerables y necesitados de la población.

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