
Alerta en universidades de Colombia por caída de nacimientos: hay fechas de "amenaza" irreversible
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Una de las situaciones que se convirtió en un problema para los colegios ahora tiene también en vilo el futuro de más instituciones educativas.
Así como hay expectativa por las elecciones en Colombia, el sistema de educación superior a nivel nacional se enfrenta a un desafío estructural sin precedentes: una drástica reducción en la tasa de natalidad que amenaza con transformar el panorama académico y económico del país.
Aunque el impacto inicial de este fenómeno demográfico se ha sentido principalmente en la educación básica y media, expertos advierten que las universidades están próximas a entrar en un punto de inflexión que pondrá en riesgo su sostenibilidad financiera y operativa en las próximas décadas.
De acuerdo con cifras oficiales del Dane, el año 2024 marcó un mínimo histórico con apenas 453.901 nacidos vivos, lo que representa una caída del 12 por ciento en comparación con el año anterior.
Esta tendencia no es un evento aislado; desde 2017, cuando nacieron más de 656.000 personas, el indicador ha mantenido una trayectoria descendente que se aceleró de manera alarmante a partir de 2022.
Lo que comenzó como una reducción anual de dos puntos porcentuales ha escalado a caídas de doble dígito, configurando un escenario donde el reemplazo generacional está comprometido.
Hernando Zuleta, decano de Economía de la Universidad de los Andes, señaló en el diario El Tiempo que esta realidad demográfica obliga a replantear la planeación fiscal y educativa del país.
“A partir de cierto nivel de ingreso en las familias, la tasa de crecimiento poblacional empieza a caer y esa caída tan fuerte genera riesgos hacia el futuro”, explicó.
La disminución del llamado “bono demográfico” implica que, en un futuro cercano, habrá menos jóvenes ingresando al mercado laboral y, por ende, menos estudiantes demandando cupos en programas de pregrado y posgrado.
Este vacío poblacional no solo afecta la matrícula universitaria, sino que genera una presión sistémica sobre el mercado de trabajo y el régimen pensional a largo plazo.
Las proyecciones del Dane y de académicos de instituciones como Eafit son contundentes respecto al cronograma de este impacto. Se estima que la población en edad universitaria, comprendida entre los 17 y los 21 años, se mantendrá en una relativa estabilidad con tendencia a la baja hasta el año 2035, con una pérdida de unos 88.000 jóvenes. Sin embargo, el verdadero choque demográfico ocurrirá a partir de esa fecha, cuando los niños nacidos en la actual crisis de natalidad alcancen la mayoría de edad.
Para el año 2045, se calcula que Colombia tendrá aproximadamente 500.000 jóvenes menos en el rango de edad universitaria. Esto significa pasar de una base de 3,9 millones de estudiantes potenciales en 2035 a solo 3,4 millones una década después.
Esta pérdida de medio millón de personas representa una amenaza existencial para muchas instituciones de educación superior, especialmente aquellas que dependen exclusivamente del cobro de matrículas para su funcionamiento.
Ante este panorama, el sector educativo y el Estado deben colaborar en una planificación estratégica que garantice la estabilidad del sistema. Zuleta advierte que, sin ajustes profundos en la oferta académica y en las políticas públicas, el país corre el riesgo de profundizar las brechas de desigualdad. Las universidades deberán innovar en sus modelos de enseñanza, posiblemente enfocándose en la educación continua para adultos o en la atracción de estudiantes internacionales, para compensar la ausencia de la base juvenil local.
“Esta tendencia amenaza con desacelerar el crecimiento histórico de la matrícula en universidades y programas técnico-tecnológicos que, décadas atrás, había crecido sostenidamente”, indicó Zuleta.
La discusión sobre la caída de nacimientos ya no es solo un tema de salud pública o demografía; se ha convertido en un pilar fundamental de la agenda política y fiscal. En el marco de los actuales debates nacionales, la capacidad de respuesta del sistema educativo ante este “invierno demográfico” determinará la competitividad de Colombia en la mitad del siglo XXI.
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