Presidente Petro vuelve a hablar en 2026 de la Gran Colombia, pero ya sin eco en Venezuela

Nación
Tiempo de lectura: 10 min
Escrito por:  Fredy Moreno
Actualizado: 2026-01-13 06:58:39

La idea del mandatario colombiano, impulsada también por el derrocado Nicolás Maduro, luce hoy más lánguida con el rumbo que han tomado Ecuador y Panamá.

El presidente Gustavo Petro volvió a mover este fin de semana su idea de revivir la Gran Colombia, ese bloque que conformaron de manera fugaz (duró 12 años entre 1819 y 1831) hace exactamente dos siglos Venezuela, la Nueva Granada (que incluía a Colombia y Panamá) y Ecuador. Se trata de una de esas ideas que suele soltar el mandatario, muy audaces si se quiere, pero que requieren de serios esfuerzos colosales para hacerlas realidad. Por eso, contrastan con la necesidad real y apremiante que tiene el país de resolver problemas internos como la grave situación de orden público en el Catatumbo y el suroccidente colombiano, regiones que hoy, igual que hace 200 años, son bisagras entre los países que quiere integrar.

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Por como lo planteó el jefe de Estado, más que para resolver problemas de la enorme esquina noroccidental de Sudamérica, su propuesta esta vez lució como otro argumento para otra de sus fijaciones, la de convocar una asamblea constituyente: “Está [sic] es la Gran Colombia, era la idea de Bolívar y propongo por voto constituyente de la población, que la reconstruyamos como una confederación de Naciones autónomas”, escribió en X, al lado de un mapa del efímero gran Estado americano. Y agregó que, de darse esa integración, “tendríamos unas políticas comunes en las materias que proponga el pueblo”.

Tres conceptos que aluden a la forma como se podría materializar la idea del presidente Petro (constituyente, población y pueblo) son precisamente el principal escollo. Para empezar, solo en Colombia su propuesta de constituyente —después de haber firmado en piedra que no tocaría la Constitución—, provoca una importante resistencia, en principio porque ni siquiera se han dicho con claridad los temas que se pondrían a consideración del pueblo, salvo generalidades como la necesidad de lograr las reformas que propone Petro (aunque, por ahí derecho se pueden meter más temas como la reelección presidencial). Ahora quiere sumarle la idea de revivir la Gran Colombia.

Además, en el hipotético caso de que el presidente Petro consiguiera llevar a cabo su propósito en el país (no ya en su gobierno, claro), la decisión del pueblo colombiano no sería vinculante para los pueblos de Venezuela, Panamá y Ecuador. El mandatario colombiano ha hablado de “la ciudadanía común, la libertad de comercio, la homologación de títulos académicos, la libre elección de residencia, una moneda común virtual, la posibilidad de un Parlamento Grancolombiano y la constitución de una confederación de naciones que respete la autonomía regional y la diversidad étnica y cultural de los pueblos”, y para algunos de esos puntos se requerirán, en el mejor de los casos, tratados entre los países, que deben ser aprobados primero por sus Congresos.

Otros temas seguramente deberán ser resueltos también mediante reformas constitucionales para las que se deberá convocar a los pueblos de Venezuela, Panamá y Ecuador. Es decir, hacer constituyentes, lo cual da una idea del descomunal esfuerzo que se debería hacer. En mayo del año pasado, cuando estuvo en Quito en la posesión del presidente Daniel Noboa, el mandatario colombiano lo reconoció: “Sé que se trata de un proceso largo”, dijo.

La Gran Colombia, una vieja idea de 200 años

La creación de la Gran Colombia fue posible hace 200 años porque estaba fresca la independencia de España y las naciones apenas se estaban constituyendo. Fue una idea del Libertador sobre una masa blanda, moldeable, si se quiere; quizás oportuna. “Unos meses después de la victoria de Boyacá, el Congreso de Angostura (hoy Ciudad Bolívar) en el bajo Orinoco, proclamó la unión de todo el territorio que anteriormente conformaba el virreinato de la Nueva Granada como una nación única con el nombre de República de Colombia”, escribió David Bushnell, conocido como el decano de los colombianistas norteamericanos, en su ya clásico libro ‘Colombia, una nación a pesar de sí misma’.

“En aquel momento, el actual Ecuador estaba totalmente dominado por los españoles y la Nueva Granada solamente contaba con representación simbólica en el Congreso. Sin embargo, en lo que respecta a la Nueva Granada y Venezuela la unión ya era un virtual ‘fait accompli’ [hecho consumado] por la manera como se había conducido la lucha militar por la Independencia”, agrega el famoso historiador. “Unos ejércitos libertadores, indiscriminadamente compuestos por venezolanos y neogranadinos, habían cruzado la frontera una y otra vez, y a la larga todos habían aceptado el comando supremo del venezolano Simón Bolívar; el mismo Libertador apoyaba fuertemente la causa de la unión”.

Después de 200 años de vida republicana en los que las identidades nacionales de Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador se han consolidado y no son ya esa masa maleable, el presidente Petro busca reeditar la idea de Bolívar. Hoy, en la práctica, existe esa unión ‘fait accompli’ como la que refiere Bushnell de hace dos siglos, pero por la presencia y transito entre Colombia y Venezuela de grupos criminales como el Eln y las disidencias de las Farc, lo que ha dado como resultado, entre otras cosas, al abrumador deterioro del orden público en el Catatumbo. Un claro ejemplo de que algo similar ha ocurrido en la frontera con Ecuador fue el abatimiento de alias ‘Raúl Reyes’, segundo al mando de las Farc, cuando se escondía en ese país.

El 20 de julio de 2025, cuando se celebraron los 215 años de la Independencia de Colombia, el jefe de Estado volvió a hablar del tema ante oficiales de las Fuerzas Armadas: “La unidad nacional tiene un símbolo. Es posible, a pesar de las diferencias, construir una nación grande, una nueva Gran Colombia libre, un país del tamaño de nuestros sueños”. Hasta el 3 de enero pasado, el único que le hacía eco era el dictador venezolano Nicolás Maduro, a quien también se le atribuye comenzar a mover la idea, en primera instancia para sacar a Venezuela del abismo al que la precipitó el chavismo; en segunda, para irradiar la región el socialismo del siglo XXI; y en tercera, para salvar su propio pellejo de la justicia estadounidense.

Con Maduro preso, Petro no tiene eco en Venezuela

El pasado 10 de diciembre, en uno de sus encendidos discursos, y sintiendo los pasos del animal grande que llegaría por él 24 días después, Maduro gritó en el palacio de Miraflores: “Le digo al pueblo de Colombia: más temprano que tarde tenemos que refundar la Gran Colombia”, y agregó que los tiempos venideros demandan una unión de los pueblos suramericanos, específicamente entre Venezuela y Colombia, para avanzar en lo que denominó la “verdadera revolución bolivariana”. Y con su grandilocuencia agregó, usando figuras retóricas parecidas a las de Petro: “Nuestro pueblo en perfecta unión popular, militar, policial, está listo para refundar desde nuestras tierras la gran unión bolivariana y grancolombiana de tiempos eternos, de siglos eternos”.

Hoy Maduro está preso en Estados Unidos y es improbable que su reemplazo, Delcy Rodríguez, para muchos un instrumento de Donald Trump, quiera (o pueda) seguir agitando la bandera de la Gran Colombia. Aunque en apariencia la presidenta interina pretende continuar al pie de la letra los propósitos de Maduro, ahora es Washington el que marca el compás en Venezuela. Por su parte, Panamá y Ecuador han dado un giro hacia la derecha y sus gobiernos no han manifestado su aquiescencia para revivir la Gran Colombia. Tampoco querrán incomodar a Estados Unidos siguiendo la línea de las administraciones de izquierda de Colombia y Venezuela que insisten en manipular el ideario de Bolívar.

Por la tendencia política que vive el continente y por la intervención de Estados Unidos en Venezuela, las condiciones en el hemisferio están dando un giro que dejan cada vez con menos posibilidades la idea que insiste en impulsar el presidente Petro. Eso hace más sorprendente su trino de este fin de semana invitando de nuevo a semejante proyecto regional al que quiere ponerle un ropaje moderno con ideas como invertir en “los pilares del desarrollo del siglo XXI: inteligencia artificial, digitalización de la economía, descarbonización económica, energías limpias y sociedades del conocimiento”.

En eso agotará el tramo final de su mandato, más bien alejado de la realidad nacional y sin reconocer, por ejemplo, que Colombia y Ecuador ya hacen parte de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que cuenta con un Parlamento Andino y tiene normas regionales para promover el desarrollo económico y social; y que Panamá forma parte del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica), creado para promover la integración de los países de Centroamérica, con objetivos de paz, libertad, democracia y desarrollo. Todos, a su vez, menos Venezuela por suspensión, miembros del Mercosur.

El juicioso Bushnell rescató una carta que le escribió Bolívar, un mes antes de morir el 17 de diciembre de 1830, al general Juan José Flores, en la que, según el historiador, el Libertador redactó su grito final de desesperanza después de haber vivido el tiempo suficiente para presenciar la total desintegración de la Gran Colombia. En la misiva, el Libertador le dice al destinatario que, después de haber mandado 20 años, de ese tiempo no sacó “más que pocos resultados ciertos”, de los cuales los dos primeros que enumera llaman la atención por su desilusión y porque son omitidos por quienes se sienten herederos de su ideario: “1°. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar”.

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