Dos caras de jefatura suprema de Petro sobre FF. MM.: de De la Espriella a mengua militar
El mandatario se ensoberbece recordando que es el máximo comandante de las tropas, pero eso se le devuelve como bumerán por lo que hizo con los uniformados.
El más reciente recordatorio que le ha dejado a Colombia del presidente Gustavo Petro en el sentido de que él es el comandante supremo de las Fuerzas Militares (en realidad, lo es de todas las Fuerzas Armadas, que incluyen a la Policía, de acuerdo con el Artículo 189 de la Constitución) fue este fin de semana al ordenar a través de un trino que “ninguna instalación militar se utilice para la toma de posesión de un presidente de la República de Colombia”.
Se refería a la intención de Abelardo de la Espriella de posesionarse en una guarnición militar. Pero esa legítima y reclamada jefatura de la fuerza pública del actual mandatario también lo interpela por lo que ha hecho o dejado de hacer como jefe absoluto de las tropas.
Trino dice mucho más que dar una orden militar
Una de las primeras cosas que llaman la atención de su trino está en la frase inicial. Aprovecha la situación para reiterar su tesis aún no probada de que hubo fraude en las elecciones en que salió derrotado su candidato Iván Cepeda ([…] en medio del brillo del nuevo gobierno no elegido por la mayoría del pueblo […]), y la solapa con otra frase que no admite discusión (“[…] la ley establece cuál es la sede del Congreso, y es en una sesión del Congreso donde el nuevo presidente debe jurar el cargo, tal como lo hice yo y todos los demás”).
Este tema lo remacha con uno de sus habituales autoelogios en el segundo breve párrafo de su trino (“[…] yo acato las leyes de la Constitución de 1991”). El conjunto retórico produce el efecto de que en todo tiene razón, incluso en lo del fraude no probado, y en lo de su acatamiento a las leyes de la Constitución, que ya ha sido puesto en duda por el hecho de no seguir los cauces constitucionales para intentar modificar la Carta Política.
Después viene otra afirmación en la que tiene toda la razón (“Los cuarteles militares y policiales están bajo mis órdenes hasta el momento en que el nuevo presidente preste juramento […])”, que usa para introducir un comentario que, más que arrogancia, exuda ese talante que siempre mostró durante su Gobierno como si las tropas fueran de su propiedad: “[…] Hasta ese momento soy el comandante supremo de las fuerzas militares; ningún oficial saluda a un civil a menos que ese civil sea su comandante supremo”.
Y así va tejiendo Petro su trino hasta que deriva en una de esas clásicas digresiones suyas, de las que le cuesta regresar, para apeñuscar a extranjeros “que usurparon el derecho del pueblo a elegir libremente”, Bolívar y su espada, Manuela Sáenz y su lepra, y los presidentes negro Carlos Nieto e indígena José María Melo (aunque no lo nombra, pero destaca que fue general supremo del ejército libertador en 1854) y sus liberaciones de esclavos.
A ese punto llega después de hacer afirmaciones en las que tiene razón, plantear obviedades (“La transferencia del mando al nuevo presidente se rige por las leyes de la República y la Constitución”, “las leyes no se hacen en cuarteles”) y dejar ver su irrefrenable propensión, innecesaria en algunos contextos, de recordar que él es el jefe supremo de los militares y policías. Puede ser entendible el delirio de jerarquía militar en cualquier persona que haya hecho parte de una estructura armada sin haber tenido un cargo de mando y control.
“En ejercicio de mis facultades constitucionales y legales, ordeno […]”, dice el presiente Petro en tono protocolar para informar que impedirá que De la Espriella se posesione en una guarnición militar. Pero eso legalmente no es posible sin un acuerdo entre los mandatarios saliente y entrante, algo que no va a pasar; más la aprobación del Congreso de la República en pleno de una solicitud en ese sentido, que también debe acordar con otros actores, algo para lo cual materialmente ya no hay tiempo. Eso lo sabe muy bien Petro, lo que convierte su orden-advertencia en un claro hecho político que se le devuelve como bumerán.
La mengua de las FF. MM. bajo el mando de Gustavo Petro
Porque, precisamente por el ejercicio de sus facultades constitucionales y legales, y por el mandato constitucional de dirigir la fuerza pública y disponer de ella como comandante supremo de las Fuerzas Armadas de la República, a Petro le cobran lo que ha hecho con ellas. Si bien en principio se le debe reconocer la nivelación de los ingresos de soldados y policías al salario mínimo y la devolución de la mesada pensional, también hay protuberantes lunares, algunos de ellos admitidos por el propio presidente.
En marzo pasado, por ejemplo, en uno de sus consejos de ministros, Petro hizo una afirmación muy grave sobre el estado de las Fuerzas Militares y las condiciones de seguridad del país. Afirmó que la capacidad de la fuerza pública está en apenas 55 % de lo que debería ser, aunque se lanzó un salvavidas porque aseguró que ese deterioro se ha dado en los últimos 15 años, lo que eximiría a su gobierno y su política de “paz total” de responsabilidad en un deterioro que, a su juicio, es de carácter estructural.
Efectivamente, su “paz total” marcó la reestructuración de la cúpula, que, de acuerdo con las revelaciones de Noticias Caracol, habría estado influenciada por solicitudes de cabecillas del ‘Clan del Golfo’ al entonces comisionado de paz, Danilo Reuda. También limitó operaciones ofensivas y provocó fricciones por la autonomía operativa. Todos esos factores han causado un evidente deterioro de la seguridad ante el crecimiento y expansión de los grupos armados ilegales, y la desmoralización institucional reflejada en la salida de más de 30.000 uniformados.
El profesor emérito de la Universidad Nacional Eduardo Pizarro, que además de académico ha sido funcionario y ha escrito varios libros sobre el tema, como estudioso que es de las políticas de seguridad y las Fuerzas Militares, advirtió en una entrevista con El Tiempo que “las Fuerzas Militares se han debilitado dramáticamente bajo este gobierno”. Y recordó que Colombia es un país de enorme complejidad geográfica: bioceánico, atravesado por tres cordilleras y con fronteras muy difíciles.
“Eso exige un volumen muy alto de hombres, armas y recursos. Lo que hemos vivido es una disminución del pie de fuerza, un debilitamiento de la capacidad aérea y un deterioro en el campo de los helicópteros, que son estratégicos para el conflicto armado interno”, agregó Pizarro en el mismo medio. “El balance es profundamente negativo y ese debilitamiento se ha producido fundamentalmente bajo este gobierno”.
Pizarro estima que Petro llegó a la Presidencia “con la convicción de que, por ser el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia, el Eln, las disidencias y las reincidencias de las Farc iban a acoger la paz para apoyar al gobierno. Incluso dijo, antes de posesionarse, que el Eln en pocas semanas iba a abandonar las armas. Para él era obvio que la paz era inminente, y que resultaba innecesario aumentar o mantener el gasto militar. Fue la creencia equivocada en que esos grupos estaban al borde de la paz la que llevó, entre otros factores, al debilitamiento de las Fuerzas Militares”.
Pero cuando no fue ese debilitamiento material y cuantificable de las Fuerzas Armadas, el presidente Petro se dedicó a socavar su moral y credibilidad, como cuando, por ejemplo, en abril pasado, hizo una grave acusación contra los oficiales de la fuerza pública que persiguen a alias ‘Iván Mordisco’. Para el mandatario, no se ha podido golpear al cabecilla de la disidencia de las Farc Estado Mayor Central (EMC) porque “compra los comandantes” de la Policía “que deben capturarlo”. “Así se escapa de los bombardeos”, “le avisan antes de cada bombardeo”.
El país todavía no conocía que el comisionado de paz Rueda le había ofrecido a otro grupo ilegal, el ‘Clan del Golfo’, jugar a los congelados para no hacerse daño, descabezar incómodos oficiales de inteligencia que hacían su trabajo y suspender los bombardeos. Así que el presidente Petro, en el discurso, luce bien como flamante jefe supremo de las Fuerzas Armadas, sobre todo para dar órdenes como que De la Espriella no se pueda posesionar en una guarnición militar y recordarle al país que él está en la cúspide de la pirámide militar y policial. Pero las Fuerzas Armadas sintieron y supieron bien lo que fue estar bajo su mando.
Temas Relacionados:
Recomendados en Nación
Te puede interesar
Sigue leyendo