Desafío que recibió a Abelardo de la Espriella también le plantea reto a su esposa

Nación
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Escrito por:  Redacción Nación
Actualizado: 2026-08-11 09:02:40

La primera dama, Ana Lucía Pineda, se perfila como la gerente de la reconstrucción de las áreas afectadas por el terremoto de este lunes 10 de agosto.

La tragedia provocada por el terremoto de este lunes 10 de agosto en Colombia se presenta como un monstruo de mil cabezas. Ocurre en una coyuntura política complicada: debe ser atendida por un gobierno que recién comienza, en medio de una cerrada polarización política que no permitió un empalme. A partir de ahí, son muchos los frentes por enfrentar, empezando por la necesidad de atender la amplia área afectada, de al menos doce departamentos, lo que hace necesarios abordajes diferenciales. En todos los lugares devastados, la principal prioridad es la recuperación inmediata de personas con vida. Pero después se abre un abanico de cosas que se deben hacer.

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Entre ellas, están la disposición de los cuerpos de los fallecidos, que para este martes ya se contaban por encima de los 220; la atención de los heridos, que superaban los 1.500, pero también, y este es un aspecto especialmente dramático, la recuperación de las personas desaparecidas, cuyo número no es claro. Solo en las redes sociales se cuentan por decenas los avisos de búsqueda de personas de las que sus familias no saben nada.

Así mismo, hay otra gama de actividades que va desde la elaboración de un censo de los daños materiales provocados por el sismo (que incluye construcciones, tanto privadas como públicas, completamente destruidas, afectadas y con daños leves, y las vías que también sufrieron afectaciones), hasta un plan para la disposición final de los escombros, que se van a contar por miles de toneladas, para que no causen un daño ambiental.

El Gobierno Nacional no puede atenderlo todo

Por encima de todo esto debe estar el acompañamiento social a las víctimas, cuyo estado requiere de la ayuda de especialistas como psicólogos, antropólogos, y sociólogos, que deben ser contratados para que presten sus servicios. Y también se debe administrar la solidaridad desbordada que ha despertado la tragedia. Los recursos y los elementos que provienen de las ayudas nacionales e internacionales requieren de una gerencia.

Por más que el presidente Abelardo de la Espriella y sus ministros estén empeñados a fondo atendiendo la tragedia, no es suficiente. El terremoto de 1999 dejó la gran lección de la creación del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec), gerenciado por el entonces presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas. Ese ente fue tan exitoso que se convirtió en objeto de estudio en el mundo por la rapidez que mostró para solucionar los problemas. Las familias afectadas no aguantan la demora de los trámites gubernamentales. Hoy, con una institucionalidad más fortalecida, sería una opción válida para atender las consecuencias del sismo de este lunes.

Como todo el mundo quiere ayudar, se necesita un organismo diferente al Gobierno Nacional que lidere y coordine las manifestaciones de solidaridad. Hay que organizarlo todo para que tenga el impacto necesario, que sea efectivo y oportuno. El Forec demostró cómo concentrar y ejecutar los recursos destinados a la rehabilitación y reconstrucción de la infraestructura física, social y económica de los municipios afectados en el Eje Cafetero. Este fondo se convirtió en uno de los esfuerzos institucionales más importantes del país para atender de manera integral una situación de desastre de gran magnitud.

Los recursos del Forec fueron administrados por la Fiduprevisora bajo principios de transparencia, eficiencia y control, garantizando que cada inversión cumpliera con los requisitos técnicos, legales y financieros definidos por el Gobierno Nacional. Lo que hicieron el Forec y la Fiduprevisora se consolidó como un ejemplo de administración fiduciaria con foco en el bienestar social y la recuperación de los territorios. Las dos entidades consiguieron que los recursos destinados a la reconstrucción del Eje Cafetero se invirtieran con transparencia, eficiencia y enfoque en las comunidades.

Primera dama se haría cargo de gerencia de reconstrucción

Algo así es lo que está necesitando el país hoy. Este martes trascendió que la primera dama, Ana Lucía Pineda, se estaría perfilando como la figura que va a gerenciar la reconstrucción de las áreas devastadas. Aunque no hay una confirmación oficial al respecto, el ministro del Interior, Rodrigo Lara, aseguró que la esposa del presidente ya estaba adelantando tareas como llevar a Pereira plantas de energía para el hospital de Santa Mónica, y garantizar el abastecimiento de combustible para proveer las plantas de energía de la red privada de hospitales.

Pineda estudió Administración de Empresas en la Universidad Javeriana, y después se especializó en gestión empresarial, desarrollo de emprendimientos e impulso de proyectos vinculados con las industrias gastronómica, cultural y del entretenimiento. Primero participó en la consolidación estructural de la firma De La Espriella Lawyers, donde lideró áreas operativas ligadas a la calidad, el cumplimiento y los procesos de selección de talento humano. Luego constituyó proyectos independientes, entre los cuales destaca la creación de Amore Gelatería y el desarrollo de marcas comerciales y actividades en los sectores gastronómico y cultural, operando en Colombia y Estados Unidos.

Durante la campaña de su esposo, Pineda tuvo más apariciones públicas al acompañar la agenda de eventos y entrevistas del entonces candidato. En ese contexto, ella creó y dirigió la plataforma ‘Tigresas de la Patria’, un movimiento de apoyo conformado por mujeres que respaldó la propuesta electoral de De la Espriella. Y en el periodo de transición gubernamental, participó junto al presidente electo en las mesas de trabajo para el empalme en diversas regiones del país.

Ha dicho que enfocará las iniciativas como primera dama en la atención a las mujeres, la niñez y los adultos mayores. Ahora, al parecer, se haría cargo de la gerencia de la recuperación de las zonas devastadas por el terremoto. Un desafío que se le planteó a su esposo, el presidente De la Espriella, pero en el que Pineda tendría ahora un rol determinante.

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