"Era una carnicería": duro relato de militar colombiano que fue llevado con engaños a la guerra de Ucrania
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Visitar sitioYeison Sánchez volvió al país tras perder 27 compañeros y revelar falsas promesas de millonarios sueldos y misiones suicidas en combate urbano.
¿Vale la pena arriesgar la vida en una guerra ajena por un dinero que, según él, nunca llega? Esa es la pregunta que hoy repite Yeison Sánchez, exmilitar colombiano que decidió viajar como combatiente voluntario a la guerra entre Ucrania y Rusia. Regresó al país no como héroe ni como mercenario exitoso, sino como sobreviviente de lo que define como un “magnicidio”: una cadena de decisiones que, asegura, enviaron a decenas de colombianos a una muerte casi segura.
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En entrevista con Más Allá del Silencio, Sánchez relató que en un solo operativo murieron 27 de sus compañeros. “Nos prometieron 19 millones de pesos mensuales, estabilidad y apoyo logístico. Nada de eso era cierto”, afirmó. Según su testimonio, la oferta económica fue el principal gancho para reclutar a exmilitares y jóvenes entrenados en combate, muchos de ellos con dificultades económicas en Colombia.
El excombatiente describe un escenario muy distinto al que imaginaron cuando aceptaron viajar. Habla de asaltos urbanos improvisados, de órdenes contradictorias y de misiones que, en su criterio, carecían de planeación estratégica. “Nos mandaban al frente sin inteligencia suficiente. Era como lanzarnos al vacío”, contó.
Uno de los aspectos más aterradores, según su relato, fue el uso constante de drones kamikazes rusos. “Los escuchábamos antes de verlos. Sabíamos que venían directo a impactar. No había mucho que hacer”, explicó. Las explosiones, dice, eran frecuentes y devastadoras, sobre todo en zonas urbanas donde cada edificio podía convertirse en trampa mortal.
Sánchez también denunció la presencia de infiltrados en las filas extranjeras. Asegura que había personas encargadas de traducir comunicaciones en tiempo real para el enemigo, lo que convertía cada operación en una emboscada potencial. “Era como pelear con alguien que sabía cada paso que ibas a dar”, sostuvo.
El exmilitar insiste en que muchos de los colombianos que viajaron lo hicieron convencidos de que encontrarían una oportunidad económica que no hallaban en su país. Sin embargo, afirma que varios contratos no se cumplieron y que los pagos se retrasaban o nunca llegaban. “La necesidad nos llevó, pero allá lo que encontramos fue abandono (…) Eso era una carnicería humana”, lamentó.
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Hoy, de regreso en Colombia, Yeison busca advertir a quienes estén considerando dar ese paso. Dice que no habla desde el resentimiento, sino desde la experiencia. “Nadie debería morir por promesas falsas. Si van, que sepan la verdad”, concluye.
Su testimonio abre un debate incómodo sobre el reclutamiento de colombianos en conflictos internacionales y sobre el alto precio que puede tener una decisión tomada bajo presión económica.
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