Conversaciones de EE. UU. y Cuba traen a la memoria lección de realismo de hace 2.400 años
Las negociaciones que adelantan el gobierno norteamericano y el régimen de la isla hacen evocar un viejo conflicto que tuvo lugar en la antigua Grecia.
El reconocimiento este viernes por parte de Miguel Díaz-Canel de que Cuba adelanta conversaciones con Estados Unidos confirmó, por un lado, un hecho que ya conocía el mundo actual y trajo a la memoria, por otro lado, un episodio de la historia que, desde el viejo mundo griego, entregó una perdurable lección de realismo en las relaciones internacionales que aún tiene vigencia. Ocurrió en el año 416 antes de nuestra era e involucró, como ocurre hoy, a una gran potencia hegemónica y a una pequeña isla.
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En su afán expansionista (animado por muchas razones como asegurar puntos de alto valor estratégico, hacerse con recursos y dar una muestra de poder), los atenienses lanzaron una operación naval hace 2.442 años para someter a la isla de Melos, situada en el archipiélago de las Cícladas, en el centro del mar Egeo, justo enfrente de Grecia. Lo que finalmente pasó también se dio después de unas conversaciones que sostuvieron atenienses y melianos, y que quedaron para la posteridad gracias a Ticídides y a su ‘Historia de la guerra del Peloponeso’.
Del mar Egeo al mar Caribe
No se trata de hacer un paralelismo ingenuo ni de anticipar lo que ocurrirá con la isla caribeña, asfixiada por las medidas del presidente estadounidense Donald Trump, y agotada además por una crisis sistémica que agobia a toda la población, golpeada por la escasez de alimentos, medicinas y combustible, apagones prolongados, aumento de la migración y deterioro de servicios esenciales. Pero hay ecos de la conversación que tuvieron atenienses y melianos en el Egeo antes de la batalla final, y que hoy retumban en el Caribe con estremecedora similitud.
Antes de ejecutar cualquier acción ofensiva —cuenta Tucídides en el capítulo V de su obra—, los atenienses enviaron embajadores para negociar con la isla que querían tomar. Los jefes melianos, que eran colonia de los lacedemones y creían que estos acudirían en su ayuda, primero se negaron a que el pueblo escuchara lo que tenían que decir los atenienses y les exigieron, más bien, que se pronunciaran ante magistrados y una minoría. Hoy las tratativas diplomáticas siguen siendo secretas y quienes pretenden atacar, como en el caso de Estados Unidos en el Caribe, también hacen ofertas previas, como ocurrió con Nicolás Maduro, y con la misma Cuba, a la que Trump le ofreció una “toma de control amistosa”.
No bien habían comenzado a charlar las dos partes, los atenienses advirtieron sobre los riesgos de apartarse del principio de realidad. “Los fuertes hacen todo lo que pueden y los débiles padecen lo que deben”, dijeron, siguiendo siempre a Tucídides. Más adelante, los melianos argumentaron: “Vosotros bien sabéis que para nosotros sería extremadamente arduo el combatir vuestro poderío y fortuna [suerte y destino para los antiguos], a menos que pudiésemos hacerlo en igualdad de circunstancias. No obstante, sentimos que en lo concerniente a la fortuna no seremos inferiores de ninguna manera, ya que tendremos a los dioses de nuestra parte por nuestra postura inocente ante hombres injustos”.
Los melianos no veían (o no querían ver) la determinación de los atenienses que tenían ya dispuestas 30 galeras propias, seis de la isla Khíos y dos de Lesbos, en las cuales llevaban 1.200 de sus hombres en armas, a 300 arqueros y a 20 arqueros de caballería, más otros 1.500 hombres armados de entre sus confederados y habitantes de las islas, según las cuentas de Tucídides. Difícil no considerar la analogía con el despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe antes de plantear sus condiciones para las demás naciones de la región, estipuladas en su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que revive la doctrina Monroe. Si esa estrategia de disuasión no es suficiente, el mundo está viendo la guerra que Estados Unidos desató en Irán.
“En cuanto al favor de los dioses, esperamos gozar de él tanto como vosotros; pues ni hacemos ni exigimos nada opuesto a lo decretado por la humanidad con respecto a venerarlos o a sus divinas presencias”, respondieron los atenienses, y agregaron otra dosis de realismo: “De los hombres, tenemos por seguro que, por necesidad de la naturaleza, deberán reinar en todas aquellas regiones donde cuenten con el poder para hacerlo […]”.
Un error de calculo con trágico final
Pero los melianos persistieron en la idea de que los lacedemones vendrían en su ayuda y de que los dioses los favorecerían, y con base en eso tomaron una decisión. “Hombres de Atenas, nuestra resolución es […] que no hemos de deponer, en momento tan breve, esa libertad que por espacio de siete centurias prevaleció en nuestra ciudad desde su fundación. Emprenderemos nuestros mayores esfuerzos por así preservarla, confiados en la fortuna que los dioses han tenido a bien concedernos hasta ahora, y en la ayuda de nuestro prójimo, es decir, de los lacedemones”, les dijeron a los atenienses, a quienes, como la mayor concesión, les ofrecieron solo su amistad.
Hoy Cuba —y otros regímenes como los de Venezuela y Nicaragua— cruza los dedos para que lleguen pronto las elecciones de medio término en Estados Unidos, en noviembre próximo, en las que se elegirá un nuevo senado y una nueva cámara de representantes. Los Castro y Díaz-Canel tienen la esperanza de que cambie la correlación de fuerzas entre demócratas y republicanos, y que los vientos empiecen a soplar de nuevo a su favor. Van a cumplir 70 años en el poder basados, entre otras maniobras, en su capacidad de dilatar, de ganar tiempo. A más largo plazo, en realidad esperan el fin del mandato de Trump, con lo que, piensan, se acabarían definitivamente los problemas en los que están.
“A nuestro parecer, por este debate, sois vosotros los únicos hombres que perciben mayor certeza en las cosas del futuro que en las palpables, y que, por un deseo de tornarlas ciertas, las miran vacilantes como si estuviesen a punto de suceder”, respondieron los atenienses a los melianos. “Vuestra decepción será inmensa, ya que atribuís inmensos poderes y confianza a los lacedemones a la fortuna y a la esperanza”. De inmediato, pronunciaron el grito de guerra y cercaron con una muralla la ciudad de los melianos.
Luego de unas escaramuzas, la ciudad de los melianos fue completamente sitiada y terminó capitulando a la voluntad de los atenienses, que masacraron a todos los varones en edad militar, e hicieron esclavos a mujeres y niños. Hoy una cosa así no es viable formalmente, aunque con el derecho internacional puesto en jaque miles de niños siguen muriendo por efecto de los bombardeos indiscriminados a que son sometidas las ciudades, escenarios de las guerras modernas.
Las tratativas en la isla de Melos que relató Tucídides siguen siendo objeto de análisis académicos, con el rótulo de ‘El debate meliano’, relativos al realismo en las relaciones internacionales. Ocurrieron hace dos milenios y medio, pero con un importante eco en la actualidad. Hoy Trump, en su propósito de imponer la hegemonía de Estados Unidos, y en particular de cambiar las condiciones de Cuba, hace que se repasen los conceptos generales que dejó esa vieja conversación en el mar Egeo.
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