Transmilenio, Sitp y más servicios sí tendrán subida: esta es la nueva tarifa del 2026
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Aunque la cifra se venía manejando hace unos días, este 9 de enero el alcalde Carlos Fernando Galán confirmó que cada pasaje individual costará 3.550 pesos.
Para 2026, la tarifa unificada del SITP, Transmilenio y Transmicable en Bogotá será de 3.550 pesos, lo que representa un aumento de 350 pesos y una variación del 10,9 %.
Aunque inicialmente se había proyectado un incremento de 250 pesos, el alza del 23 % en el salario mínimo obligó a un ajuste adicional para garantizar la sostenibilidad del sistema de transporte.
Este aumento sigue siendo menor que el crecimiento de los principales costos operativos, como el salario mínimo, el IPC y el IPP, por lo que la Administración distrital asumirá parte del impacto financiero.
El Distrito mantendrá los apoyos para la población más vulnerable, incluidos los pasajes gratis para personas mayores, personas con discapacidad y ciudadanos en condición de pobreza.
También se conservarán los transbordos a cero pesos durante 125 minutos y el valor del TransMiPass seguirá en $ 160.000 mensuales, beneficiando a más de 14.000 usuarios frecuentes.
El alcalde Carlos Fernando Galán señaló que el ajuste tarifario es clave para asegurar la operación del sistema, que depende del trabajo diario de cerca de 35.000 personas.
Además, destacó que si la Nación incrementara su aporte financiero, no sería necesario el aumento del pasaje.
Finalmente, Transmilenio reiteró su compromiso con la modernización y la sostenibilidad, anunciando la incorporación de 705 nuevos buses eléctricos entre 2026 y 2027, como parte de la transición hacia un sistema más limpio, seguro y eficiente para la ciudad.
¿Por qué sube el precio del pasaje en Colombia?
El transporte público en Colombia sube casi todos los años porque sus costos de operación aumentan de manera constante. El principal factor es el salario mínimo, que suele crecer por encima de la inflación. Asimismo, el golpe sería en todas las ciudades grandes y no solo en Bogotá.
Como miles de trabajadores dependen del sistema (conductores, mecánicos, personal de aseo, seguridad y operación), cada ajuste salarial impacta directamente las finanzas del transporte.
A esto se suman otros costos que también suben: el precio del combustible o la energía eléctrica, el mantenimiento de buses, los repuestos importados que se encarecen con la devaluación del peso, y los seguros y servicios tecnológicos necesarios para operar los sistemas modernos.
Además, la inflación hace que todos los insumos básicos cuesten más cada año. Cuando las tarifas no suben al mismo ritmo que los costos, los sistemas de transporte entran en déficit y necesitan mayores subsidios del Gobierno nacional o de las alcaldías.
Como esos recursos públicos son limitados, una parte del ajuste termina trasladándose a los usuarios. Otro factor clave es la renovación de flotas.
La transición hacia buses eléctricos o de bajas emisiones, aunque mejora el ambiente y la calidad del servicio, implica inversiones altas que también influyen en la tarifa.
En resumen, el aumento anual del pasaje no es solo una decisión política, sino una respuesta a la combinación de salarios más altos, inflación, costos operativos crecientes y la necesidad de mantener un servicio sostenible para millones de personas.
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