Misiva de Santos a Uribe no fue una carta, sino una emboscada; y 4 opiniones más

Pulzo le recomienda algunos de los columnistas más destacados del día en los principales medios nacionales.

 
Juan Manuel Santos / Álvaro Uribe.
AFP

Misiva de Santos a Uribe no fue una carta, sino una emboscada

Además, el real destinatario no era el expresidente Uribe, sino los potenciales votantes del plebiscito con el que se refrendarán los acuerdos de La Habana, asegura Diego Martínez Lloreda en su columna de El País, de Cali. “Santos no le hablaba a Uribe […]; le estaba hablando a la galería. Y el mensaje que mandó es ‘miren cómo soy yo de magnánimo, que a pesar de todas críticas que Uribe me ha hecho y del palo que me ha dado, yo le reconozco su liderazgo y además lo invito a que nos ayude a construir la paz’”, agrega Martínez Lloreda. Y en este nuevo episodio de la tormentosa relación entre las dos personalidades políticas, el columnista cree que Santos salió ganador, “pues para muchos colombianos que aún no saben cómo votarán en el plebiscito, Santos quedó como el generoso que le tendió la mano al enemigo y Uribe como el resentido que pone por encima sus odios al propósito de la paz”. Así las cosas, “esta carta lejos de acercarlos terminará alejando más a estos dos personajes”.

Carta de Santos a Uribe es un artilugio propagandístico, más para el grueso público que para el pretendido destinatario

En esa misiva, santos trata de justificar todo lo que ha acordado y lo que está por acordar con la guerrilla, sostiene Lionel Moreno en su columna de El Nuevo Siglo. “El supuesto diálogo al que se invita Uribe sería para que Santos le explique por qué cree que lo ya acordado con la guerrilla es justificado y no para analizar diferentes temas a discutir con las Farc”, concluye este columnista. “No puede haber un ‘diálogo constructivo’ cuando mucho de lo fundamental está convenido y no es sujeto a nuevas deliberaciones; con la propuesta reunión con Uribe se busca, obviamente, decir ante la opinión que lo acordado con la guerrilla fue objeto de un diálogo con la oposición, con Uribe. Sería ingenuo caer en una trampa tan torpe como esta”.

La de los camioneros dejó de ser una protesta reivindicativa para ser abierta violación de derechos fundamentales

Y eso es así desde hace muchos días, enfatiza El Colombiano en su editorial. Agrega que todo eso está agravado por “las fundadas sospechas de que detrás se mueven intereses particulares de un dirigente camionero”. Si bien califica de “tardías” las medidas tomadas por el Gobierno, también las valora como “necesarias” y “proporcionales además a los daños causados”. Aclara que no son medidas encaminadas a “criminalizar la protesta social”, pues lo que se sanciona no es la protesta, “sino las actuaciones ilegales de algunos de los participantes en el paro o de otros actores interesados en agudizar el caos en las carreteras”. Llama la atención sobre el hecho de que las sanciones impuestas no pueden ser luego objeto de negociación, “objeto de transacciones para su anulación a cambio de que los promotores del paro permitan a los ciudadanos ejercer su derecho fundamental a la libre circulación y a la actividad económica libre de sabotajes y chantajes”.

La extrema derecha, y no el comunismo, es el fantasma que recorre al mundo

“Ya no es el comunismo, como lo proclamó el Manifiesto de Marx y Engels”, el fantasma que recorre el mundo”, asegura Arturo Guerrero en su columna de El Espectador. Para él, Theresa May, Boris Johnson, Donald Trump, Marinne Le Pen, Silvio Berlusconi, y varios homólogos en Austria, Holanday Escandinavia así lo prueban. En Colombia, pone el ejemplo de Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez. “Luego de que la izquierda en el poder hizo iguales o peores tropelías que la derecha histórica, se pregonó el fin de la división entre derecha e izquierda. Ahora resulta que de entre el vacío de la patria boba levanta su lengua felona, no la derecha, sino la extrema derecha”.

Están en riesgo las viejas y hasta ahora exitosas prácticas clientelistas de los tradicionales actores políticos

Y lo peor es que esas prácticas (compra de votos, cuotas burocráticas y la ‘mermelada’ como pago de su apoyo al Gobierno) pueden encontrar “un inesperado rival más efectivo: una izquierda militante enrumbada por las Farc hacia el poder”, advierte Plinio Apuleto Mendoza en su columna de El Tiempo. Agrega que este proceso de paz “es la estrategia perfecta para lograrlo”. Y hace un largo listado de factores a los que las Farc les van a sacar provecho en su propósito: la posible contribución electoral que puedan recibir de indígenas, afrodescendientes, campesinos, discapacitados, desplazados, refugiados, el colectivo LGTB y personas de la tercera edad, para quienes piden reparación y protección en el punto 7 del acuerdo; la disciplina de sus militantes, el control social, político y económico de las regiones donde hacen presencia y sus millonarios recursos financieros; y hasta la corrupción, el descrédito de la clase política, el costo de la vida, los impuestos, la mala prestación de los servicios de salud y la inseguridad.

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