Cuando el aburrimiento "secuestra" tu cerebro y te empuja a comer ultraprocesados sin control
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Visitar sitio¿Sabías que el aburrimiento puede llevar a tu cerebro a pedir más ultraprocesados de lo que imaginas?
Múltiples investigaciones recientes han puesto el foco en la estrecha relación entre el aburrimiento, el funcionamiento cerebral y el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Según la información reunida por Xataka, el aburrimiento no solo empuja a las personas a pasar más tiempo frente a pantallas o deambulando por la casa, sino que está vinculado directamente con un incremento en el consumo de productos alimentarios ricos en azúcar, grasas y sal. De acuerdo con expertos en neurociencia, estos productos han sido diseñados para activar de forma poderosa los sistemas de recompensa del cerebro, lo que puede llevar a una pérdida de control y a la persistencia en su consumo, a pesar de ser conscientes de sus potenciales riesgos para la salud.
El fenómeno se describe con claridad en un metaanálisis publicado en Nature Medicine, citado por especialistas entrevistados por Xataka, quienes señalan que los alimentos ultraprocesados pueden "secuestrar" los circuitos cerebrales que regulan la recompensa y el placer. Mark S. Gold, neurocientífico, y Ashley Gearhardt, psicóloga de la Universidad de Míchigan, lo resumen así: no nos volvemos adictos a alimentos naturales como las manzanas, sino a productos industrializados específicamente formulados para estimular el cerebro de una forma similar a la de sustancias adictivas.
La clave está en el funcionamiento de la llamada “red de modo por defecto” del cerebro, un estado de actividad cerebral que se activa en momentos de baja estimulación. Cuando una persona experimenta aburrimiento, esta red impulsa la búsqueda de estímulos rápidos y recompensas fáciles, como el consumo de snacks ultraprocesados, especialmente si se encuentran a la mano, según destacan medios como El País y divulgadores especializados en neurociencia.
Los hábitos cotidianos reflejan este proceso: muchos recurren de manera automática a la comida cuando hacen pausas en el teletrabajo, navegan en redes sociales o ven la televisión. Reportajes de El País sugieren, además, que el uso episódico del móvil puede incrementar la sensación de aburrimiento, generando una búsqueda constante de pequeños estímulos, entre los que se encuentra la ingesta de alimentos ultraprocesados.
La evidencia también indica que el consumo habitual de ultraprocesados está relacionado con cambios en la estructura cerebral asociados a la inflamación, el metabolismo y el aumento de la grasa corporal, como señala un análisis de cerca de 30.000 escáneres cerebrales mencionado por Xataka. Aunque no se trata de una demostración concluyente de causalidad, sí refuerza la hipótesis de que las dietas ricas en productos industriales alteran la manera en que el cerebro regula el apetito y la recompensa alimentaria.
La clasificación NOVA, explicada por National Geographic, categoriza los ultraprocesados como aquel grupo de productos elaborados industrialmente con ingredientes que no suelen encontrarse en cocinas domésticas, como emulsionantes, potenciadores del sabor, colorantes intensivos o edulcorantes. A diferencia de los alimentos frescos y de los procesados simples, estos productos maximizan el sabor y la duración, muchas veces a costa de la calidad nutricional y la capacidad de saciar el hambre.
Expertos como la psicóloga Elisa Rodríguez Ortega, citada en Xataka, advierten que, aunque comer es una necesidad biológica, los límites entre el simple placer, la adicción y los trastornos de la conducta alimentaria pueden ser difusos. El consumo repetitivo y compulsivo de ultraprocesados como vía de escape ante el aburrimiento o el malestar emocional puede transformarse en un hábito clínicamente significativo, especialmente entre jóvenes y personas mayores que sufren de soledad.
El Confidencial y otros medios especializados han subrayado que, en adultos mayores, estos patrones de consumo pueden igualar o superar incluso a los asociados al alcohol o tabaco, debido a la combinación de factores internos como el aburrimiento y externos como la facilidad de acceso a estos productos. Autores como Mark Schatzker describen el entorno actual como un auténtico “casino de calorías”, donde el cerebro es constantemente inducido a consumir por estímulos artificiales que rompen la conexión natural entre apetito, placer y saciedad.
El mensaje que se desprende de todos estos estudios es contundente: el aburrimiento, por sí solo, no necesariamente es negativo, pero en una sociedad rodeada de comida ultraprocesada, puede ser el detonante invisible de rutinas alimentarias poco saludables. Abordar con profundidad cómo el cerebro responde en estos escenarios y qué alternativas existen será decisivo para diseñar políticas de salud pública y promover cambios en los hábitos cotidianos de la población.
¿Cómo se diferencia un alimento ultraprocesado de uno simplemente procesado? La distinción resulta relevante para comprender los riesgos asociados al consumo excesivo de ciertos productos. La clasificación NOVA, recogida por National Geographic, ofrece una guía clara: mientras los alimentos procesados simples suelen incorporar pocos ingredientes y tienen como fin principal la conservación o el sabor (como una legumbre enlatada con sal), los ultraprocesados incluyen una larga lista de componentes industriales −emulsionantes, potenciadores del sabor, colorantes, grasas modificadas, entre otros− que no suelen formar parte de los ingredientes utilizados en la cocina doméstica.
Comprender esta diferencia ayuda a que los consumidores identifiquen opciones más saludables en su dieta diaria. La elección consciente resulta especialmente importante en contextos donde el aburrimiento y la disponibilidad de snacks ultraprocesados coinciden, ya que, según lo recogido en los reportajes y estudios mencionados, este tipo de productos puede tener efectos adversos tanto en la conducta como en la salud cerebral y metabólica a largo plazo.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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