"Escuchan voces en escombros": desgarrador relato en labores de búsqueda en Pereira por terremoto

Nación
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Escrito por:  Fabián Ramírez
Actualizado: 2026-08-11 07:08:06

Socorristas remueven escombros con las manos en Pereira tras el terremoto de 7.4. Hay esperanza de hallar a un hombre con vida.

A una carrera contrarreloj y con las manos desnudas, socorristas, voluntarios y organismos de socorro se aferran a cualquier rastro de vida entre las ruinas que dejó el potente terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia, un evento telúrico calificado ya como el más fuerte de la última década en el país. Con un balance preliminar que asciende a 132 personas fallecidas, 483 heridos y decenas de edificaciones colapsadas, las principales ciudades del occidente vivieron horas de profundo pánico desde primera hora de la mañana, cuando miles de ciudadanos salieron despavoridos a las calles en medio del derrumbe masivo de estructuras.

En medio de esta inmensa tragedia humanitaria, la esperanza de hallar sobrevivientes se mantiene encendida con fuerza en las calles de Pereira, la capital del departamento de Risaralda, donde las labores de rescate se han intensificado con urgencia desesperada en la calle 21, entre las carreras séptima y octava. En este punto neurálgico, los rescatistas comenzaron a percibir voces y débiles sonidos provenientes del fondo de una edificación que se vino al piso durante el día de ayer. Los esfuerzos de los paramédicos y rescatistas se concentran ahora en un ciudadano que responde al nombre de Humberto, con quien intentan mantener una comunicación constante para cerciorarse de su estado de salud.

La tensión en el lugar ha llegado a límites insospechados; brigadistas de la Cruz Roja lideran un angustioso llamado gritando su nombre y logrando percibir respuestas desde la profundidad de los escombros. Debido a la extrema delicadeza y al riesgo de inestabilidad estructural, las autoridades y los equipos de rescate hicieron una solicitud formal y estricta para que todos los civiles y medios de comunicación se retiren inmediatamente del perímetro, buscando asegurar el silencio absoluto que se requiere para escuchar las señales de la víctima y proceder con su extracción segura.

Paralelamente a la angustia por el rescate, la situación general en Pereira es sumamente compleja conforme pasan las horas. La capital risaraldense permanece completamente a oscuras debido a un prolongado apagón general de energía eléctrica que las empresas prestadoras aún no han podido restablecer. A esta crisis se le suma una aguda escasez de combustible, ya que la gran mayoría de las estaciones de servicio de la ciudad se encuentran cerradas y sin venta al público. Las únicas excepciones operativas se concentran de manera limitada en el sector de Cerritos y en algunos puntos específicos de la avenida 30 de agosto, donde las autoridades han impuesto estrictos topes máximos de venta regulada para racionar el combustible: hasta 50.000 pesos para vehículos particulares y un límite máximo de 20.000 pesos para motocicletas.

La magnitud de la devastación urbana es plenamente visible al recorrer la avenida 30 de agosto, un corredor vial estratégico donde el impacto del sismo dejó una estampa desoladora con el colapso de uno o dos edificios por cada cuadra recorrida. A nivel nacional, la crisis de conectividad persiste con fuerza, recordando que seis aeropuertos principales del país sufrieron daños severos en su infraestructura y permanecen totalmente inoperativos para vuelos comerciales.

Por su parte, en el departamento del Chocó, donde se localizó el epicentro del movimiento telúrico cerca del municipio de San José del Palmar —una región históricamente vulnerable y de bajos recursos—, las autoridades confirmaron preliminarmente trece personas fallecidas, mientras los comités de gestión del riesgo despliegan sus capacidades hacia las zonas más apartadas para atender a las comunidades damnificadas.

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