“Me hicieron mucho daño”: mujer se fue a ayudar por el terremoto y terminó robada
Una mujer que resultó afectada por el sismo compartió un video en el que relató cómo descubrió que varias de sus pertenencias habían desaparecido.
La mujer contó, entre la rabia y la impotencia, cómo delincuentes aprovecharon la emergencia provocada por el terremoto para llevarse unas mesas que utilizaba para trabajar. Su relato refleja el temor de algunas víctimas a abandonar sus viviendas pese al riesgo de nuevos daños.
La emergencia que dejó el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia también ha expuesto otro temor entre algunas de las personas afectadas: la posibilidad de perder las pocas pertenencias que lograron conservar debido a robos y saqueos.
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Una mujer que resultó afectada por el sismo compartió un video en el que relató, visiblemente molesta, cómo descubrió que varias de sus pertenencias habían desaparecido mientras se encontraba fuera de su vivienda.
Según explicó, durante los recorridos que ha realizado por las zonas afectadas se había preguntado en varias ocasiones por qué algunas personas se negaban a abandonar sus casas, incluso cuando existía riesgo de que las estructuras terminaran colapsando. Su respuesta llegó después de convertirse en víctima de un robo.
La mujer aseguró que, antes de lo ocurrido, no lograba comprender por qué algunas familias permanecían en viviendas afectadas para protegerlas.
“En mi mente no cabe la idea de que existan personas que, en medio de esta desgracia, tengan cabeza para robar a una víctima”, manifestó.
Sin embargo, después de regresar a su casa encontró que varias de sus mesas habían sido robadas. La afectada explicó que esos elementos no eran simplemente objetos que pudiera reemplazar fácilmente, sino herramientas que utilizaba para desarrollar su trabajo informal.
“Mis mesas yo las he ido comprando una a una según yo he podido”, contó.
La mujer agregó que trabaja de manera informal y que muchas personas conocen los lugares donde desarrolla sus actividades, por lo que esos elementos representan una parte importante de su sustento. Uno de los aspectos que más indignación le genera es que, según su relato, las mesas estaban aseguradas.
“Yo dejo lo mío amarrado, no sé cómo hicieron, se me las llevaron”, expresó.
La situación la llevó a cuestionar los comentarios que, en medio de este tipo de emergencias, suelen responsabilizar a las propias víctimas por dejar sus pertenencias en determinados lugares.
“Escucho comentarios que para qué dio papaya, que esto, que el otro”, señaló.
Para ella, ese tipo de señalamientos desconoce la situación de quienes, además de enfrentar los daños provocados por un desastre natural, deben preocuparse por proteger las pocas pertenencias que les quedan.
Con evidente molestia, la mujer aseguró que la experiencia le permitió comprender el temor de quienes deciden permanecer cerca de sus viviendas después de una emergencia.
“Aunque hoy hay gente que esté pasando por una difícil situación, siempre hay otros esperando la oportunidad para hacer daño”, manifestó.
Su denuncia refleja una preocupación que puede aparecer después de una emergencia de gran magnitud: la seguridad de las viviendas y de los bienes que permanecen en zonas afectadas o que han tenido que ser evacuadas.
La mujer insistió en que el robo de sus mesas representa una afectación económica porque las utilizaba para trabajar y no necesariamente tienen el mismo valor para quien las tomó.
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“Lo que me hicieron a mí llevándose mis mesas es un daño, porque no son mesas nuevas, solo me sirven a mí”, explicó.
Al final de su relato, la mujer hizo un llamado directo a quien se llevó sus pertenencias. “Devuélvame mis mesas, que a usted no le va a servir”, pidió.
También cuestionó el beneficio que podría obtener una persona al apropiarse de elementos que, para ella, representan una herramienta de trabajo y el resultado de años de esfuerzo.
Su testimonio se suma a las historias que han surgido después del terremoto y que muestran que la emergencia no termina cuando cesa el movimiento de la tierra. Para muchas familias, comienza entonces otra etapa marcada por la pérdida de vivienda, la incertidumbre económica, la búsqueda de seres queridos y el temor de perder lo poco que lograron conservar.
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