Del “decidí aceptar” al “no reconocemos”: Cepeda lucha por asegurar un elusivo liderazgo
El excandidato llama a la desobediencia civil sin haber empezado el gobierno de De la Espriella, y sin agotar otras vías de acción política e institucional.
El excandidato presidencial Iván Cepeda ha optado por la radicalización de su discurso después de la derrota en las urnas frente al mandatario electo, Abelardo de la Espriella. La enorme sombra del presidente saliente Gustavo Petro y las duras críticas que ha recibido señalándolo de ser el responsable de la debacle electoral del Pacto Histórico han hecho que Cepeda intente asegurar el liderazgo de la izquierda radical que le viene siendo esquivo desde la campaña presidencial por las mismas acciones de Petro.
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Haber obtenido la histórica cifra de más de 12’700.000 votos, un dato que legítimamente saca a relucir con frecuencia Cepeda, parece no ser suficiente para hacer de él el líder natural de la izquierda que gobernó durante cuatro años. Quizá por eso recalca esa copiosa votación que sí le asegura el liderazgo de la oposición en el Congreso. ¿Pero, y el del Pacto Histórico? El presidente Petro eclipsa a Cepeda, y hasta ahora, para proyectar la imagen de armonía, parecen insuficientes hechos como la reunión que sostuvieron en la Casa de Nariño o el anuncio de Cepeda de hacerle un “gran homenaje nacional” al mandatario el 6 de agosto, un día antes de entregar el poder.
Radicalización de Cepeda ante la sombra de Petro
Pero hasta en eso se le antepone el jefe de Estado a Cepeda, pues ahora convocó su propia movilización para el 20 de julio. Por eso, Cepeda tiene que remar fuerte para mantener aglutinado ese caudal que reclama de 12’700.000 votos, y la mejor manera de hacerlo es endureciendo su postura en un ejercicio de emulación del tono siempre desafiante y pendenciero del presidente Petro que no ha dejado de darle réditos políticos entre sus seguidores.
Si Petro consiguió estimular a sus huestes con ideas grandilocuentes como las del “golpe blando”, “guerra cognitiva” y, quizá la más excitante, “poder constituyente”, entre otras, Cepeda empezó a agitar la de desobediencia civil, el caballito sobre el que busca empezar a cabalgar en busca de consolidarse como líder de la oposición, ya que la idea de una constituyente, por ahora, debe guardarse para más adelante.
El cambio del tono de Cepeda, por el cual el país se hace muchas preguntas, se evidencia entre lo que dijo el 24 de junio, tres días después de su derrota, y lo que afirmó este sábado en Cali. En el primer momento, afirmó: “Decidí aceptar el resultado que surge de dicho proceso [el escrutinio] y señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República”, y aderezó su afirmación con un tono demócrata: “Lo hago como un acto de responsabilidad democrática. […] Para contribuir a la convivencia, a la paz y al diálogo entre colombianos. […] Porque creemos profundamente en la democracia y estamos convencidos de que las diferencias políticas deben resolverse mediante la participación ciudadana, el respeto a las instituciones […]”.
Pero en la capital del Valle se vio a un Cepeda más radical. “No vamos a reconocer a De la Espriella como jefe de Estado. Definitivamente. Esto quiere decir que no obedeceremos decisiones y que emprenderemos acciones, siempre pacíficas, para resistir, protestar y oponernos frente a esas órdenes”, dijo el excandidato, que busca que De la Espriella renuncie a su nacionalidad estadounidense, aclare si es miembro de una agencia de seguridad de Estados Unidos y cese la “persecución” contra el presidente Petro. Además, dijo que la desobediencia civil cesará únicamente si el nuevo gobierno abandona las acciones que considera lesivas para el pueblo y acepta abrir espacios de diálogo.
Insistencia de Cepeda en desobediencia civil “pacífica”
¿Por qué Cepeda pasó de decir que aceptaba el resultado de las elecciones, y, en consecuencia, la elección de De la Espriella como presidente de la República, a afirmar ahora que no va a reconocer a De la Espriella como jefe de Estado? ¿Por qué insiste en la idea de desobediencia civil, subrayando siempre meticulosamente que será “pacífica”?
Su concepto de lo ‘pacífico’ ya quedó probado con la iniciativa de “paz total”, de la cual es autor, y que terminó desmantelando capacidades de la fuerza pública, cancelando operaciones militares y policiales contra los grupos armados y plateándoles jugar a los “congelados” para no hacerles daño, como evidencian las conversaciones entre el ex comisionado de paz Danilo Rueda y cabecillas del ‘Clan del Golfo’, reveladas por Noticias Caracol.
Humberto Sierra Porto, expresidente de la Corte Constitucional y de la Crote Interamericana de Derechos Humanos, explicó en Semana que las conductas de desobediencia civil son en esencia pacíficas. “Hablar de desobediencia civil pacífica es redundante”, dijo. A la luz de esa redundancia, la permanente referencia de Cepeda al hecho de la desobediencia civil a que convoca será “pacífica” es llamativa porque no deja de sugerir que es consciente de las graves consecuencias que puede acarrear. No hay que olvidar que las protestas del 2021, impulsadas por el entonces candidato Gustavo Petro, contribuyeron después a llevarlo a la presidencia.
Eso lo hizo notar el designado ministro del Interior, Rodrigo Lara, para quien “desde Cali, la ciudad que sufrió semanas de bloqueos, violencia y parálisis debido a las acciones de milicias disidentes en 2021, Iván Cepeda anuncia que planea repetir la historia”. Según Lara, el excandidato no reconoce la autoridad que emana de la voluntad de los colombianos expresada en las urnas. “Esto es profundamente antidemocrático: en una democracia constitucional, el reconocimiento del resultado electoral es uno de sus pilares”.
El próximo ministro del Interior asegura que la idea de desobediencia civil de Cepeda es un “eufemismo para trasladar la confrontación política de las instituciones a las calles: ya sabemos que eso significa ‘frentes’ y bloqueos por parte de los disidentes de la ‘paz total’”.
¿Causa justa defendida equivocadamente?
De hecho, una de las lecturas que le da Sierra Porto a la invitación de Cepeda a la desobediencia civil es que no tiene “alusiones a obstrucción de vías, eventuales afectaciones a infraestructuras”, ni “eventuales desmanes”. Pero advierte que “si bien las formas hablan de reclamos legítimos y pacíficos, en el fondo se trata de alusiones a la confrontación en clave de amenazas”. Desde una perspectiva más coyuntural, Sierra Porto observa que las declaraciones de Cepeda “parecen ser expresión de un proceso interno de consolidación del liderazgo en la izquierda; se pretende aglutinar a los votantes alrededor de un liderazgo, el de Cepeda, en contraste con el del presidente Petro”.
Eso puede explicar el apresuramiento de Cepeda de invocar el mecanismo excepcional de la desobediencia civil sin que ni siquiera haya comenzado el gobierno de De la Espriella, y sin agotar otras vías de acción política e institucional para resolver sus reclamos, que pueden ser tan legítimos como impertinente el mecanismo que quiere usar para plantearlos. Para justificar su idea de desobediencia civil, Cepeda ha invocado los casos de líderes como Martin Luther King Jr., Nelson Mandela y Mahatma Gandhi. Aunque Gandhi, en su primera protesta nacional masiva, encontró una poderosa razón para calificarla como un “error tan grande como el Himalaya”.
“Puede que Cepeda tenga razón en algunas de sus advertencias”, pero “entre tener razón y escoger el instrumento adecuado para defenderla existe una distancia considerable”, escribió Guillermo Pérez Flórez, experto en DD.HH. y miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, en El País, de España. “Es precisamente en esa distancia donde hoy parece encontrarse el jefe de la oposición. Una causa puede ser justa, y ser equivocadamente defendida. […] En suma: su propuesta es precipitada, riesgosa y azarosa. Una cosa es el qué, otra el cómo y una muy distinta el cuándo”.
Finalmente, advierte que, si Cepeda materializa su anuncio, le concedería a De la Espriella una ventaja porque el excandidato aparecerá “como quien niega la posibilidad de civilizar el debate y querer ‘hacer invivible la República’”, una idea que le atribuye a Laureano Gómez, pero que ha tenido más eco en los últimos días por las groseras amenazas proferidas por Viviana Marín Carmona, secretaria política de la Juventud Comunista de Colombia (JUCO), en el sentido de “hacer invivible este país a Abelardo de la Espriella”.
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