Cuatro mujeres quedaron con graves secuelas luego de cirugías estéticas "indoloras y sin cortes"
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Visitar sitioTras el caso de Yulixa Toloza, nuevas pacientes relatan presuntas negligencias médicas, engaños publicitarios y graves afectaciones de salud.
La conmoción nacional provocada por el caso de Yulixa Toloza abrió la puerta para que nuevas voces decidieran romper el silencio. En esta ocasión, cuatro mujeres, tres de ellas pertenecientes a una misma familia, denunciaron públicamente las graves secuelas físicas y emocionales que aseguran haber sufrido tras someterse a procedimientos estéticos realizados por el médico Gabriel Cubillos en la denominada Clínica de Obesidad y Envejecimiento.
Natalia Casas, Jennifer Ospina, Maritza Tavera y Diana Rojas relataron que llegaron hasta el consultorio atraídas por una intensa campaña de publicidad en redes sociales. Según sus testimonios, los anuncios promocionaban procedimientos “indoloros, sin cortes y 100 % seguros”, ofreciendo resultados rápidos y sin mayores riesgos.
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Las denunciantes aseguran que, durante las consultas iniciales, recibieron promesas que terminaron alejadas de la realidad. Describen encuentros médicos que, según ellas, tenían más similitudes con una estrategia comercial que con una valoración profesional. Afirman que eran presionadas para tomar decisiones rápidas y realizar pagos millonarios con la expectativa de obtener transformaciones físicas significativas.
Sin embargo, lo que comenzó como una búsqueda de bienestar y mejor apariencia terminó convirtiéndose, según sus relatos, en una experiencia traumática. Las mujeres aseguran haber desarrollado complicaciones de salud que persisten hasta hoy, incluyendo dolores crónicos, deformidades físicas, inflamaciones recurrentes y afectaciones emocionales derivadas de los resultados obtenidos.
Tres de las denunciantes pertenecen a una misma familia, situación que, según ellas, evidencia un patrón común en las experiencias vividas dentro del centro médico. Las afectadas coinciden en que los riesgos asociados a los procedimientos no les habrían sido explicados con claridad antes de las intervenciones.
Además de las secuelas físicas, las mujeres relatan un profundo impacto psicológico. Algunas afirman haber enfrentado cuadros de ansiedad, depresión y pérdida de autoestima tras los resultados que consideran adversos. También señalan que debieron asumir nuevos gastos médicos para intentar corregir las complicaciones surgidas después de los procedimientos.
Las denuncias surgen en un momento de creciente escrutinio sobre la industria de la medicina estética en Colombia. Expertos han advertido en repetidas ocasiones sobre la necesidad de verificar credenciales profesionales, exigir información completa sobre los riesgos y desconfiar de promesas que garanticen resultados perfectos o procedimientos libres de complicaciones.
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Mientras las autoridades evalúan las denuncias y las posibles responsabilidades, las cuatro mujeres esperan que sus testimonios sirvan como advertencia para otras personas que contemplan someterse a tratamientos estéticos. Su objetivo, aseguran, es evitar que más pacientes atraviesen situaciones similares y promover mayores controles en un sector que mueve millones de pesos cada año.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la responsabilidad médica, la publicidad en redes sociales y la protección de los pacientes frente a posibles prácticas que podrían comprometer su salud y su calidad de vida.
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